Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil (UNESCO). Galicia (España)


Después de haber pasado un rato agradable contemplando el Cañón del Sil desde el Mirador de Cabezoá, una parada casi obligatoria cuando se visita la Ribeira Sacra, fuimos a visitar el Monasterio de Santa Cristina, monumento destacado del románico de la provincia de Ourense, situado a unos dos kilómetros del mirador por la misma carretera. Hacia 1982, se inició la declaración de este monasterio como monumento histórico-artístico, aunque hubo que esperar al año 2007 para que la Xunta iniciase el expediente para declararlo bien de interés cultural (BIC). Este bellísimo monasterio está en la Lista indicativa del Patrimonio de la Humanidad desde 1996 dentro de "La riqueza monumental de la Ribeira Sacra".

El acceso es un poco complicado, sobre todo si hay afluencia de público ya que es muy difícil dar la vuelta en una carretera estrecha. No queda más remedio que aparcar en los arcenes. La señalizaciones que indican al visitante que ha llegado al monumento y sus características están dañados y emborronados, siendo el cartel de precios el único que está en buenas condiciones.

Su localización es aislada y es que, el monasterio se encuentra escondido entre la espesa vegetación, pareciendo quedar oculto de casi todo. En la oficina de la entrada te dan un folleto explicativo y te cobran la entrada (1€) y poco más, a no ser que entables una conversación amable con el vigilante y de buen grado éste acepte a indicarte lo que debes de hacer para acceder tanto al monasterio como a otros lugares de importancia de la zona, lo que nos sucedió a nosotros que tuvimos la suerte de contar con su colaboración. Sería más razonable que cobren 2€ y arreglaran al menos el acceso.

El caso es que la zona del monasterio esta bastante descuidada y "salvaje", la frondosa vegetación acabará por reclamar su espacio dañando la estructura del monumento, nos recordaba de alguna manera la acción amenazante de la selva con los Templos de Angkor en Camboya. El camino de acceso es bastante dificultoso porque tanto la rampa como las escaleras están muy deterioradas y peligrosas para el público . Por fin, entre la maleza distinguimos el edificio monacal.

El monasterio se encuentra en un lugar privilegiado y diríamos que mágico e incluso místico, invitando a disfrutar de un sosiego y una tranquilad absoluta, no hay duda que la elección de los eremitas de la época tenía sus razones pues la sugestiva belleza natural de la Ribeira Sacra se presenta como el marco idóneo de la vida eremíta. Posiblemente en este lugar existiría un pequeño eremitorio, cuya comunidad acabo adoptando la regla benedictina.

Se prueba la existencia del Monasterio de Santa Cristina por documentos del siglo IX, aunque la iglesia que se puede contemplar en la actualidad se cree que fue levantada en la segunda mitad del siglo XII o a principios de XIII. En los siglos posteriores, el monasterio consigue llevar una vida más o menos próspera gracias a los privilegios reales y las donaciones, hasta que en el siglo XVI pasa a depender como priorato del Monasterio de Santo Estevo de Rivas de Sil. Llegó la desamortización de Mendizábal y con ella la progresiva decadencia de este Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil que pasó a manos particulares.

Nos decidimos a bajar por la rampa, asegurándonos con una barandilla que tienen instalada en la parte derecha del camino, donde se puede ver el llamado árbol de San Benito, testigo de la historia del monasterio y donde aún hoy, los devotos siguen depositando ofrendas.

La puerta de acceso a las dependencias del monasterio se hace a través de un arco decorado con motivos florales y hojas de palma, con dos figuras, una a cada lado portando los evangelios. Traspasada la puerta, a nuestra derecha distinguimos el interior del claustro.

Su lado sur es el que está adosado a la nave de la iglesia y por tanto, se considera posterior a ésta. Su construcción data de la primera mitad del siglo XIII. El resto de las dependencias, como las alas del claustro y la escalera son obras de los siglos XVII y XVIII. por lo que pueden observarse algunos elementos de estilo gótico.

Las dependencias monacales medievales, distribuidas alrededor del claustro, sufrieron importantes modificaciones y reestructuraciones que, por varias causas han ido alterando la configuración original del edificio. Sólo se conservan dos de sus alas en estado original. En el siglo XV el monasterio estaba prácticamente deshabitado y se encontraba en un avanzado estado de ruina.

Sin embargo se vuelven a acometer obras y se reforma el claustro medieval hacia un estilo renacentista muy sencillo que refleja la decadencia que estaba sufriendo el monasterio.

La iglesia muestra al exterior una suntuosa y poderosa construcción que al primer golpe de vista puede reconocerse como un singular monumento representativo del estilo románico con una ornamentación que no deja lugar a dudas.

Iglesia de una sola nave, dividida en cinco tramos, contrafuertes por el exterior que soportan los cinco arcos fajones, ligeramente apuntados, y éstos, a su vez, sujetan la cubierta de madera. Amplia portada y en la zona superior un gran rosetón de labrado y traza inconfundiblemente románicas. En las ventanas saeteras, capiteles, decorados con cabezas humanas y con motivos vegetales.

La Iglesia es considerada como la obra más antigua y más ajustada a las fórmulas románicas de todo el conjunto monacal, la cabecera y el crucero, son representativas de la segunda mitad del siglo XII, y la conclusión de la nave seguramente puede haberse realizado en los primeros años del siglo XIII.

El interior se mantiene intacto, no ha tenido reformas posteriores que lo alteren. Los cinco tramos de la única nave aparecen separados por arcos de medio punto roto, es decir, ligeramente apuntados, que soportan la cubierta de madera y se apoyan en ménsulas. Sin embargo si hubo una actuación posterior en la decoración y pintura interiores. En la siguiente foto se aprecia una recreación de cómo estarían originalmente pintadas las ménsulas de esta nave longitudinal.

Las excelentes pinturas murales del ábside central datan del siglo XVI. Recorrimos el interior de la Iglesia haciendo nuestras fotos y admirando el antiguo monumento.

Después salimos al exterior para recorrer su perímetro. La cabecera del templo se halla rodeada y semioculta por la frondosa vegetación, no habiendo posibilidad de tener una perspectiva de conjunto. A pesar de ello, el escaso corredor que hay entre el muro y el edificio nos permitió tomar imágenes como las que se ven a continuación.

Las figuras labradas en los pequeños capiteles de las ventanas asaetadas recuerdan mucho a los capiteles de la portada del claustro de San Estevo de Ribas de Sil, dada la proximidad entre los templos no sería extraño que fuesen del mismo autor.

Acabamos nuestra visita al recinto del monasterio y subimos (no sin esfuerzo y de forma precavida) hasta la carretera de acceso donde dejamos el coche aparcado en el arcén. Teníamos el tiempo justo para ir a nuestra siguiente visita, el Monasterio de San Pedro de la Roca.

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