Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

El bello pueblo francés de Mirepoix

Nuestra siguiente etapa en el viaje se encontraba a casi 35 kilómetros del Castillo de Montsegur, se trataba del encantador pueblo de Mirepoix, cuyo centro histórico conserva todo el encanto medieval francés que tanto nos gusta.

Conseguimos aparcar cerca del centro y nos instalamos en el hotel que estaba muy cerca de la Plaza Central, llamada Place des Couvertes (de los soportales). Nos sorprendió tanto el pueblo que intentamos salir lo antes posible después de haber dejado las maletas.


La plaza central o Place des Couvertes de Mirepoix es preciosa, está bordeada de casas con entramados de madera y concebida para la hospitalidad, con sus cafés y tiendas de artesanía alojados bajo los soportales levantados mediante pilares de roble que tienen más de 800 años. Qué mejor sitio para cenar en una de sus terrazas y contemplar el ambiente que discurre en ella.

Mirepoix (Francia)

No recordamos y si lo apuntamos lo hemos perdido donde estuvimos cenando, pero comimos una de las mejores pizzas que hemos probado, porque es el único sitio que conocemos que no las hacen con masa tradicional sino con... ¡Hojaldre! Estaban realmente exquisitas. El ambiente por la noche era muy agradable por lo que dimos un pequeño paseo por sus calles hasta llegar a su famosa Catedral de la que hablaremos más adelante.

Mirepoix (Francia)
Catedral San Mauricio. Mirepoix (Francia)

Y con buen sabor de boca por la cena que habíamos tomado y con lo que habíamos visto en nuestro paseo, nos fuimos al hotel a descansar. A la mañana siguiente desayunamos pronto, mientras repasábamos los folletos que nos habían facilitado sobre los lugares y la historia de esta bella localidad. A continuación, nos dispusimos a conocer con mas calma la ciudad.

Place des Couvertes. Mirepoix (Francia)

Un primer Mirepoix se asentó en la orilla izquierda del río Hers, así lo muestran las ánforas encontradas de finales del siglo II a. C. y que al parecer indican un pequeño lugar de comercio cerca del río. En el siglo XI se levanta un castillo feudal en el margen derecho del río y la ciudad se reagrupará naturalmente al pie del mismo. Occitania es entonces una fragmentación de países pequeños, y el establecimiento del sistema feudal implicaba muchos señoríos.

Place des Couvertes. Mirepoix (Francia)

La práctica sureña de compartir la tierra entre todos los hijos de los señores conducirá al empobrecimiento de los pequeños nobles y los hará menos tolerantes frente a la riqueza de la Iglesia de Roma. La fe cátara experimentará una gran vitalidad en estos siglos, como lo atestigua Mirepoix. La ciudad, los vecinos y los señores serán partidarios activos de la herejía y servirá en varias ocasiones como un lugar de consejo para los predicadores cátaros, en particular en 1206, donde se unieron unos 600 de ellos. Muchas "casas comunes" estaban abiertas para ellos y un diácono, Raymond Mercier, que vivía permanentemente en Mirepoix.

Place des Couvertes. Mirepoix (Francia)

Comenzó la cruzada albigense, los cátaros se refugiaron en Montsegur y el ejército tomó Mirepoix, entregando el señorío a Guy de Lévis, originario de Ile de France que impuso uno de los regímenes feudales más terribles ​​de la región de Ariége. Pero todavía lo peor estaba por llegar. En 1289, la ciudad es destruida en gran medida por una inundación y los habitantes le pedirán a Guy III de Lévis que la reconstruya en un lugar más seguro, el noble decide acometer un plan regular de las bastidas, un desarrollo concertado urbano, construido con una finalidad defensiva y de explotación económica. Mirepoix se convierte en asentamiento de importantes intercambios comerciales, ya que tenía una situación estratégica, porque estaba a mitad de camino entre Foix y Carcassonne y se construyen pintorescas casas de entramado de madera levantadas del suelo.

La Casa de Cónsules es la que mejor transcribe la atmósfera de la Edad Media y que fue la antigua casa de los magistrados municipales, Su fachada está decorada con esculturas de madera (mujeres con tocados, cabezas barbudas, hombres coronados, tortugas, jabalíes, osos, etc.)

Casa de los Consules. Mirepoix (Francia)

En la Plaza de los soportales normalmente se celebran eventos como el mercado semanal de los lunes por la mañana con productos locales y ecológicos o el pequeño mercado de artesanía de los jueves por la mañana.

Place des Couvertes. Mirepoix (Francia)

En esta plaza, hay que detenerse, observar y disfrutar de la alegría que le aportan el sinfín de colores que hay en las fachadas, cada casa, cada detalle, merece una fotografía. Solo una mirada entre los dos bastaba para saber lo que pensábamos los dos: Es de admirar como cuidan los franceses su patrimonio.

Place des Couvertes. Mirepoix (Francia)

Con los años la ciudad prosperó, se le otorgó un obispado y la pequeña iglesia de San Mauricio, construida en 1298, se convirtió, con el tiempo, en una catedral. Aunque fue suprimida en 1790, durante la Revolución para ser integrada en la archidiocesis de Toulouse. Nos faltaba ver su interior y hacia allá que nos dirigimos.

Catedral San Mauricio. Mirepoix (Francia)

Se tardó nada menos que seis siglos en acabarla, pues hubo incidentes de renombre que paralizaron las obras como la Guerra de los Cien Años y la Peste. Hasta el siglo XVI, no se emprenden obras significativas, cuando se demolieron las casas recostadas contra la catedral, despejando así el edificio, agrandándolo. También se construyó el campanario, cuya flecha bien afilada, de ocho lados, eleva la cruz terminal hasta los 60 metros.

Catedral San Mauricio. Mirepoix (Francia)

La particularidad de este monumento es que cuenta con una sola nave de 48 metros de largo, 24 de altura y 22 de ancho, siendo la segunda catedral más ancha de Europa tras la de Santa María de Gerona. Una vez visitada paseamos hasta llegar al aparcamiento donde teníamos el coche y disfrutando del gusto de los vecinos por decorar sus casas con flores.

Mirepoix (Francia)

Pasamos por última vez por la Place des Couvertes y cada vez nos parecía más bonita. Una parada imprescindible en este bello pueblo si queréis conocer "el país cátaro". Pero aún hay más, nos esperaba una sorpresa en el camino a nuestra siguiente etapa del viaje.

Mirepoix (Francia)

Fue increíble el paso por la carretera que une Mirepoix con Toulouse, kilómetros y kilómetros de girasoles que formaban un gigantesco manto amarillo, que a veces daba la sensación de ser irreal. Una pena que la carretera no admitía la parada del coche al no tener arcenes, pero si viajáis a finales de julio, principios de Agosto no dejéis de verlo porque es sencillamente alucinante.

Campo girasoles. Carretera Mirepoix-Toulouse

Podéis leer toda la ruta de nuestro viaje en "Ruta en coche de 12 días por el País Cátaro: España, Andorra y Francia"


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