Estambul, qué ver en tres días-3 (Unesco). Turquía

Bizancio, Constantinopla y Estambul, tres grandes y sonoros nombres para una vieja ciudad que ahonda sus raíces durante siglos entre dos continentes, entre mares, entre culturas, que ha tenido una indiscutible trascendencia en la historia de la humanidad. Una ciudad a la que deseábamos volver tras más de 25 años desde nuestra primera visita; una ciudad única y hermosa que no deja indiferente a nadie y que nosotros consideramos, junto a Roma, como la más bella de Europa. Estuvimos tres días en la ciudad antes de emprender ruta hacia el Cáucaso, unos días de reencuentro con las sensaciones y recuerdos de la ciudad que desde luego nos volvió a enamorar.                                                                                  

 

Llegábamos a Estambul, una ciudad en la que su centro histórico es Patrimonio Mundial de la Humanidad desde el año 1985 y que la Unesco describe así: "Estambul con su ubicación estratégica en la península del Bósforo, entre los Balcanes y Anatolia, el Mar Negro y el Mediterráneo, Estambul lleva más de 2.000 años asociada a importantes eventos políticos, religiosos y artísticos. Sus obras maestras incluyen el antiguo Hipódromo de Constantino, la iglesia de Santa Sofía del siglo VI y la mezquita Süleymaniye del siglo XVI, todas ahora amenazadas por la presión de la población, la contaminación industrial y la urbanización descontrolada".

 

Antes de empezar a leer nuestra visita en nuestro tercer día en Estambul os recomendamos que leáis nuestra ruta del primer día en Qué ver en Estambul en tres días-1 (UNESCO)Qué ver en Estambul en tres días-2 (UNESCO) y el relato general del viaje, Viaje al Caucaso: Azerbaiyán, Georgia y Armenia con escalas en Estambul y Viena, en el que podréis encontrar todos los datos sobre el hotel, moneda, visados, transfer al aeropuerto y más. 

 

Domingo, 30 de junio  de 2019: San Salvador de Chora, Murallas de Teodosio, Café Pierre Loti, Mezquita y tumba de Eyüp, Tumba de los Sultanes, Hipódromo, Bazar Arasta y aeropuerto.

 

Empezó nuestra mañana un poquito más tarde, con un buen desayuno en la terraza del hotel y tras cerrar maletas y pagar el hotel nos poníamos en marcha sobre las 10 de la mañana. En esta ocasión le pedimos al recepcionista que nos llamara a un taxi, son baratos, pues nuestro destino estaba bastante lejos del  hotel y no hay ni metro ni tranvía que llegue allí, nuestro destino era la Iglesia Bizantina de San Salvador de Chora. En nuestro último día en Estambul nos alejamos del centro para intentar conocer la ciudad más auténtica. En este mapa podéis ver la ruta del día.

San Salvador de Chora o Museo Kariye 

 

El taxi tardó unos 15 minutos en llevarnos a nuestro destino y nos cobró 23 liras, unos 4 euros al cambio en el momento de nuestro paso por la ciudad. El primer momento fue de sorpresa y pensamos que el taxista se había equivocado de lugar, pero no, la iglesia de San Salvador de Chora estaba absolutamente cubierta por andamios y telas porque estaban restaurando el exterior. Respiramos cuando vimos que sí se podía acceder al interior, eso sí, tras pagar una entrada de 45 liras por persona que nos pareció carísima. La foto es de antes de la restauración y la hicimos de un panel informativo.

La iglesia de San Salvador de Chora, o de la Santa Sabiduría, es otra de las joyas bizantinas de la ciudad de Estambul. Su origen se remonta al siglo V cuando fue mandada construir por Justiniano, destrucciones y reconstrucciones han ocurrido en su larga vida, aunque gran parte del edificio que vemos hoy se debe a una reforma del siglo XI. Fue nuevamente remodelado en el siglo XIV por orden de Teodoro Metoquites y de esta época son los frescos y mosaicos que han hecho famosa a esta iglesia.

San Salvador de Chora siguió durante unos 50 años consagrada al culto cristiano tras la conquista otomana pero posteriormente, por orden del sultán Beyazit II se convirtió en mezquita y cubrió gran parte de la iglesia con yesos, esto ha hecho que se conserven en excelentes condiciones, aunque no corrieron la misma suerte los frescos. Un instituto americano especializado en obras pictóricas bizantinas comenzó la restauración de éstos. En los años 50 del siglo pasado se restauró nuevamente y se abrió como museo en 1958 al igual  que ocurriera con Santa Sofía. 

La iconografía de esta iglesia es absolutamente hermosa, recoge episodios de la vida de la Virgen, desde su nacimiento hasta la Anunciación;  la genealogía de Cristo desde su infancia y algunos milagros; el Juicio Final o la Resurrección. Casi una hora dedicamos a la contemplación de esta joya bizantina. Aquí una muestra.

Salimos al exterior y dimos un pequeño paseo rodeando la iglesia a ver si encontrábamos alguna zona donde ver algo de su fachada exterior pero no fue posible. Volvimos a la zona donde nos había dejado el taxi y como no había ninguno entramos a un pequeño hotel y le pedimos si nos podía llamar uno. En menos de 5 minutos lo teníamos y nuestro siguiente destino era el Café de Pierre Loti desde el que decían que se tenían las mejores vistas del Cuerno de Oro, pero antes de hablar de este lugar os contaremos brevemente qué eran las Murallas de Constantinopla que vimos durante el trayecto del taxi y que son mencionadas por la Unesco como un lugar importante de la ciudad. 

 

Murallas de Constantinopla


El origen de las murallas de Estambul, antigua Constantinopla, se deben a Constantino cuando creó el Imperio de Oriente como sistema defensivo de los ataques exteriores. Pero la ciudad creció y en el siglo V, Teodosio II crea una doble muralla que un terremoto destruyó en el año 447. Épocas convulsas en la zona obligaron a la ciudad a volverlas a levantar para protegerse. Así Constantino movilizó a todos los habitantes de la ciudad para volverlas a reconstruir. Esto salvó a Constantinopla de Atila, rey de los Hunos ¿lo recordáis?, o de los asedios árabes, cruzados, búlgaros, etc.


Café Pierre Loti


Pagamos al taxista las 24 liras del trayecto, que fue bastante largo y con muchísimas cuestas, atravesamos una callecita de tiendas y allí estábamos en el Café Pierre Loti con la ciudad de Estambul y su Cuerno de Oro.

Tras una buena sesión de fotografías decidimos sentarnos en una mesa que había quedado libre para tomar unos cafés turcos, 20 liras, y contemplar el ambiente. El café tan solo son mesas entre pinos con unas manteles de cuadros blancos y verdes distribuidos en una terraza natural y con la ciudad a sus pies; un lugar para visitar sin duda, porque si de día es espectacular a la caída de la tarde debe ser  alucinante.

Pero, ¿ quién era Pierre Loti?. Pues Pierre Loti no existió, fue el sobrenombre con el que se conocía al marino y escritor francés Julien Viaud (1850-1923) que recaló en la ciudad de Constantinopla en 1876, en los momentos en que el Imperio Otomano se estaba resquebrajando y las grandes potencias estaban allí presentes para intentar recoger "tajada" de estas tierras.

 

Julien Viaud, había recorrido el mundo de norte a sur y de este a oeste, buscando en cada puerto un amor que consolase sus largas épocas de soledad que luego contaba en novelas que no dejaban de ser cartas o relatos menores de sus aventuras. El sobre nombre de Loti lo adquirió en su estancia en Tahití y significa rosa. Un personaje curioso que se pasaba horas sentado en este lugar escribiendo y viendo transcurrir la vida de la ciudad y contemplando cómo las aguas pasaban de un azul intenso al dorado, de ahí el nombre de Cuerno de Oro.

En este café escribió una de sus novelas más conocidas y dedicada en parte a esta ciudad titulada Aziyadé una historia de amor y pasiones entre la protagonista que da nombre a la novela y Pierre Loti. Y con estas historias decidimos dar por terminada nuestra visita y volver a ponernos en marcha.

Desde aquí para llegar a la Mezquita de Eyüp, que sería nuestra siguiente visita, hay dos formas. La primera es bajar caminando por el cementerio musulmán que te deja en las inmediaciones de la mezquita; la segunda, que es por la que optamos nosotros, es tomar un teleférico desde el café y que te deja al lado de la mezquita, tarda dos o tres minutos y se paga con la Istambul card. Cuando llegamos abajo había una cola tremenda para subir al café y es que tan solo hay dos cabinas, una de subida y otra de bajada. 

 

Mezquita y Tumba de Eyüp


La Mezquita y la tumba de Eyüp, son dos de los lugares más sagrados  para el Islam. Eyüp fue coetáneo de Mahoma y cuentan que era el  portador del estandarte del profeta en la primera expedición árabe contra la capital bizantina en el siglo VII y fue abatido en la primera expedición árabe contra la capital bizantina en el siglo VII. 

La Mezquita fue construida por Mehmet el Conquistador en el año 1458 en el lugar donde su maestro halló la sepultura de Eyüp, ocho siglos después de su muerte, siendo la primera en construirse tras la toma de Constantinopla por los otomanos. Desde ese momento se ha convertido en un centro de peregrinación dentro del islam. 

Cuando llegamos toda la zona estaba muy animada y nos adentramos en la mezquita. Aquello estaba absolutamente lleno de gente rezando, mojándose en las fuentes y nosotros contemplando la belleza de los mosaicos, la religiosidad de la gente nos impactó, en lo que fue lo más auténtico que habíamos visitado desde nuestra llegada a la ciudad. 

Entramos en la Mezquita y la recorrimos por los extremos pues había mucha gente en la zona central orando. Nos imaginábamos como debía ser aquello en el siglo XV o XVI cuando realizaban la ceremonia de investidura de los sultanes en el patio de  la mezquita.

A la tumba del Eyüp se accede por uno de los laterales del patio y no nos pusieron ninguna pega para entrar. El interior está absolutamente cubierto de azulejos verdes y azules con decoraciones florales y al fondo hay una cripta con la tumba que se ve a través de una reja que la protege. La verdad es que es muy interesante verla por la cantidad de gente pasando y otra mucha apoyada sobre las paredes con un libro entre las manos rezando.

Una visita más que recomendable para conocer la vida de la ciudad de Estambul fuera de su centro histórico. Como eran casi las dos de la tarde se imponía hacer una parada para comer; en la plaza de la Mezquita hay multitud de restaurantes y de puestos de comida callejera, pero teníamos que buscar uno que admitiera tarjeta de crédito porque las liras estaban ya casi agotadas y no queríamos cambiar otra vez. Lo hicimos en Torás Café una comida buena pero el lugar con una higiene más que dudosa. El precio barato ya que fueron 95 liras.

 

Tras la comida en una parada de buses muy cercana, a unos 100 metros, cogimos el bus 99A que según google nos llevaría desde Eyüp hasta Eminonu. Lo tomamos y en unos 35 minutos estábamos otra vez en el centro de la ciudad. Desde aquí nuestro más fiel aliado que era el tranvía T1 llegamos a Sultanahmet. Nuevamente con la Mezquita Azul y Santa Sofía en nuestras retinas, nos sentamos a la sombra de un árbol para escribirle un email al transfer que nos llevaría al aeropuerto y recordarle que habíamos quedado en nuestro hotel a las 20,30h.

 

Seguimos nuestro paseo  y entramos a la  Tumba de los Sultanes que estaba abierta. Un edificio hermoso en su exterior y también en el interior con grandes ventanales y azulejos decorándolo.

 

El Hipódromo

 

El Hipódromo fue construido en la época de Séptimio Severo en el siglo III y modificado y ampliado por Constantino. Los hipódromos fueron el lugar donde se reunía el pueblo romano para ver carreras de caballos y en algunas ocasiones lucha de gladiadores o suntuosas fiestas de la clase gobernante. Hay que tener en cuenta que esta ciudad en el siglo V llegó a ser la más grande del mundo. El Hipódromo cayó en declive y en el siglo XI dejó de usarse y muchos de sus materiales fueron utilizados para construir otros edificios. Con los otomanos desapareció y fue una cantera de mármol para la construcción de la Mezquita Azul.

 

Hoy es la conocida Plaza de Sultanahmet, un espacio alargado y lleno de jardines con algunos restos arqueológicos. En la parte más cercana a Santa Sofía llama la atención una gran fuente, conocida como la de los alemanes, que fue regalada por el emperador Guillermo II al sultán Abdül Hamit II en su visita a Estambul en 1895.

 

Empezamos nuestro paseo y lo primero que vimos fue el Obelisco egipcio que data del año 1500 a.C. y que procede de la histórica ciudad de Luxor. Tiene más de 20 metros de altura y está asentado sobre un pedestal de 6 metros del siglo IV.

Un poco más adelante se levanta la Columna Serpentina que data del siglo V a.C. y que procede del Templo de Apolo en Delfos; fue traída a la ciudad por el emperador Constantino pero no gustó nunca al pueblo porque la consideraban demoníaca. Eran tres serpientes entrelazadas cuyas cabezas sostenían el trípode de oro de la Grecia homérica. Hoy tan solo queda una pequeña parte de esta columna.

La tercera estructura importante es la Columna de Constantino VII, recubierta de bronce también y levantada en el siglo X. conocida como la Columna de Bronce por el material que la recubre. Según narra una inscripción de la base, fue Constantino VII Porfirogénito (912-959) quien ordenó su colocación.

De frente nos topamos con un hermoso edificio de la Universidad de Mármara y desde aquí por unas callecitas estrechas con mucho encanto y algún que otro resto arqueológico atravesamos el nuevo bazar de Arasta para llegar a nuestro hotel que estaba muy cerca de esta zona. Eran las siete de la tarde y se suponía que el transfer vendría a recogernos a las ocho y media de la tarde para ir al aeropuerto. Subimos a la terraza a descansar un rato y despedirnos de las hermosas vistas del Ferman Hotel y fueron tan sumamente amables que nos subieron un té sin ningún coste.

Resumimos lo que pasó después: el transfer no se presentó, desde la recepción llamaron dos o tres veces y le decían que en cinco minutos llegaban. Casi a las nueve y media cogimos un taxi que nos cobraría 30 Euros, tan solo cinco más que el otro, y salimos pitando hacia el aeropuerto que está a más de una hora de la ciudad. Vemos que el taxi  se desvía hacia el puerto y nosotros diciendo que íbamos al aeropuerto. Ya dentro del ferry nos dice que así es mucho más rápido y que llegaríamos antes. ¡¡¡¡Qué agobio pensando que el barco se podría estropear!!!!. Finalmente llegamos al aeropuerto, pudimos facturar, pasar controles de pasaporte y después de tanto estrés el avión salió con casi una hora de retraso.

 

 

 

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