Samarkanda (UNESCO), la mítica ciudad de la Ruta de la Seda de Uzbekistán(I)

 

Samarcanda, ciudad nombrada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 2001 era nuestro destino del 4 de octubre de 2016 en nuestro viaje a Uzbekistán. Nos levantamos temprano y tras el desayuno emprendimos ruta desde Bujará a Samarcanda, casi cinco horas de autobús teníamos por delante, pero no importaba pues íbamos a conocer la mítica ciudad de la "Ruta de la Seda", la ciudad que durante siglos fue el corazón del mundo, la ciudad que fue creada, embellecida y destruida a lo largo de sus casi 3000 años de historia, la ciudad que fue encrucijadas de culturas, la ciudad que había sobrevivido para contemplar sus maravillas. Samarcanda, la mítica ciudad de la ruta de la seda nos esperaba.

 

El trayecto en autobús no fue demasiado aburrido a pesar de la monotonía y aridez de su paisaje. Hicimos dos paradas, la primera muy cerca de Bujará para contemplar uno de los caravansarais que todavía siguen en pie (de cuyo nombre no nos acordamos, igual que Cervantes con ese lugar de la Mancha) y otra para contemplar los campos de algodón que se extienden por todo el país.

Accedimos a la ciudad de Samarcanda atravesando el barrio de Madrid, nombre que le dio el gran Tamerlan a un poblado (hoy barrio de Samarcanda) en honor del gran embajador del rey de Castilla Ruy González de Clavijo y que ya os contamos en el post titulado: ”El Marco Polo madrileño: "Ruy González de Clavijo. Una historia que nos emocionó. Fuimos a comer y rápidamente empezaban nuestras visitas a la legendaria y mítica ciudad de la "Ruta de la Seda", Samarcanda.

 

Samarcanda es una de las ciudades más antiguas del mundo, a la altura de Babilonia, Atenas y Roma, Alejandría o Bizancio. Samarcanda tenía la clara intención de llegar a nuestros días. La ciudad histórica había sido creada en el siglo VII a.C con el nombre de Afrosiab;  los persas le dieron el nombre Maracanda; fue conquistada por Alejandro Magno en el 329 a.C momento en el que parece ser se conocía ya como Samarcanda y de la que el propio Alejandro dijo: “Todo lo que había oído sobre Samarkanda es verdad, excepto que es más hermosa de lo que había imaginado”; por los árabes en el siglo VIII d.C y por los mongoles en en el año 1221. El gran Tamerlan la convirtió en la capital de su imperio y construyó los edificios más bellos conocidos en el mundo y que han llegado hasta nuestros días.

Después de la muerte de Timur en 1405, cuando se disponía a la conquista de China, todo su imperio fue gobernado por hijos y nietos. Samarcanda fue gobernada por Ulugbek (gran científico, astrónomo y matemático) nieto de Timur, vivió más de cuarenta años de paz  y alcanzó su cénit,  la ciudad estaba fortificada, las calles pavimentadas de piedra, las cúpulas azules de magníficos conjuntos brillaban en toda la ciudad. Y una parte de todo este legado es lo que visitaríamos.

Pero como toda ciudad que se precie, Samarcanda tiene una leyenda sobre su nombre basada en una bella historia de amor…. La chica rica llamada “Kant” y el chico pobre llamado “Sama” se enamoran y el padre de Kant no acepta que su hija se case con Sama por lo que decide matarle. Cuando ella descubre la muerte de su amado Sama decide saltar por la torre de su castillo… El pueblo apenado y abrumado por la triste historia decide dar a la ciudad el nombre de los enamorados.

 

Y con esta historia sobre el nombre de la ciudad llegamos a una obra maestra de la arquitectura islámica medieval de Uzbekistán, el Mausoleo de Gur Emir donde está enterrado Amir Timur. Este gran y majestuoso complejo fue construido en Samarcanda a principios del siglo XV. Tenía una pequeña madraza en la que enseñaban a los niños de la nobleza de la ciudad, pero cuando en 1403 murió el nieto de Amir Timur ordenó la construcción de un mausoleo para enterrar a su nieto favorito.

El patio del complejo fue decorado con cuatro minaretes situados en sus esquinas y un imponente  portal de entrada. El mausoleo es uno de los mejores ejemplos de arquitectura medieval de los timúridas. Tiene unas 60 arcadas completamente cubiertas con mosaicos de color azul  y dorado, la cúpula imita el cielo estrellado.

Amir Timur no vivió para ver el mausoleo terminado. La construcción fue terminada por otro nieto, Ulugbek.  Amir Timur construyó su mausoleo en su ciudad natal , Shakhrisabz y no se sabe porqué no fue enterrado en él,  sino en Samarcanda. Junto a él descansan sus dos hijos, sus nietos  Muhammad Sultan y Ulugbek, así como el guía espiritual de Timur , Mir Said Baraka.

 

La tumba de Amir Timur está hecha de una sola y esplendida pieza de jade y está situada en el centro, una inscripción dice "Si yo me levantase de mi tumba el mundo entero temblaría". Las tumbas de los timúridas sólo se han abierto una vez y fue en 1941. Este hecho generó una famosa leyenda, al más puro estilo de los faraones egipcios, conocida como La leyenda de la maldición de Tamerlán.

Arqueólogos rusos querían comprobar que allí se encontraban los restos de Amir Timur y pidieron permiso a Stalin para abrir las tumbas del mausoleo. La noticia corrió de boca en boca en bazares y en las calles de Samarcanda:¡ se va a abrir la tumba del Gran Tamerlán y esto traerá la maldición sobre nuestras cabezas!".

 

Las excavaciones comenzaron el 16 de junio de 1941 y se abrieron las tumbas de los hijos de Ulugbek, a continuación, la tumba de los hijos de Timur. El 18 de junio se descubrieron los restos de Ulugbek y el 20 de junio la lápida de jade de la tumba de Tamerlán.

Dos días después de la apertura de la tumba de Timur, el 22 de junio la Alemania nazi invadió Rusia. Los restos fueron enviados a Moscú para su estudio. Un año y medio después los restos fueron devueltos a sus tumbas. Todos coinciden que fue este hecho lo que propició la victoria del ejército ruso a los alemanes en la batalla de Stalingrado.

 

Aquí queda contada esta sorprendente casualidad…, pero un personaje único en la historia como El Gran Tamerlán no podía pasar a la posteridad sin su leyenda….

 

Salimos del mausoleo a buscar la calle que tenía el nombre del Marco Polo español, Ruy González de Clavijo que se encuentra justo a la salida del mausoleo.

Se acercaba el gran momento del día, estábamos a puntito de pisar la Plaza del Registán de Samarcanda, y a puntito de cumplir uno de nuestros sueños viajeros, estábamos a poca distancia de conocer el lugar más mítico dentro de la Ruta de la Seda.

 

Aparcó nuestro bus y comenzamos a caminar, mirando hacia todo lo que nos rodeaba a ver si ya distinguíamos la Plaza del Registán y lo primero que vimos fue un pequeño edificio hexagonal, construido en el siglo XV, que fue utilizado como un centro comercial en la época de apogeo en la Ruta de la Seda, su nombre "Chorsu". En la actualidad es la Academia de Artes de Uzbekistán.

Y por fin, un poco más adelante, ahí estaba... La Plaza del Registán

"Registan" significa arena. En la antigüedad esta plaza central estaba cubierta por la arena, no estaba rodeada inicialmente por las madrazas que conocemos ahora. Los gobernantes de la ciudad reunían a la gente en la plaza para anunciar las órdenes del Khan, celebraciones y ejecuciones públicas, y se recibía al ejército cuando regresaba de la  guerra. La Plaza del Registán ha sido siempre el centro de la vida social de la ciudad de Samarcanda.

La primera construcción de esta maravillosa plaza la mandó realizar Ulugbek en 1417; las construcciones se sucedieron durante dos siglos, siendo en estos años la Plaza del Registán y Samarcanda el centro del mundo.  Al final del siglo XVII, Samarcanda comienza una época de declive a favor de Bujará, donde se trasladó la capital y las caravanas de la Ruta de la Seda se alejaron de la ciudad. Fue a finales del siglo XIX cuando se comienza a recuperar el pasado de la ciudad. Con la llegada del gobierno soviético y su prohibición de cualquier actividad religiosa, terremotos y condiciones climáticas adversas hicieron que se perdiera la mayor parte del revestimiento de los edificios y la decoración de pintura. Sin embargo, fue durante el dominio soviético cuando se dio la orden de restaurar todo el Registán y darle el estatus de monumento histórico significativo sobre la Gran Ruta de la Seda.

 

Los trabajos de restauración comenzaron en el siglo XX y se terminaron justo antes de la caída de la Unión Soviética. Los arqueólogos tuvieron que recoger todo el interior y el exterior de los edificios, numeraron los restos y comenzó la restauración, o mejor reconstrucción, de todos los edificios. El resultado, lo que estábamos empezando a contemplar; unos monumentales edificios heredados del pasado y que contienen todo el encanto de la arquitectura oriental.

 

La Plaza del Registán tiene tres grandes edificios: Madraza Ulugbek, Madraza Sherdor y la Madraza Tilla-Kori. Entre jardines han construido una plataforma elevada para que la contemplación del lugar sea sublime.

Bajamos la plataforma y comenzamos la visita de las tres madrazas. La más antigua es la situada a la izquierda, la Madraza Ulugbek.

El nieto de Timur la mandó construir en 1417 y se terminó en 1420. En este momento aquí se reunió la mayor comunidad científica y educativa de Samarcanda, se estudiaba filosofía, astronomía, matemáticas y teología. En el exterior del edificio llaman la atención los dos altos minaretes de las esquinas y los adornos de la puerta con estrellas de diez puntas que simbolizan el cielo y las estrellas.

 

En el interior hay un patio cuadrado con entradas a las habitaciones de los estudiantes, que llegaron a ser más de 100 y a las salas de aprendizaje; la decoración con ladrillos vidriados sencillamente exquisita.

 

Enfrentada a ésta tenemos la Madraza Sher-Dor que se empezó a construir en 1612 por orden del emir Bahadur y se terminó en 1636. Se levantó donde existía un antiguo edificio construido por Ulugbek y se reutilizaron los materiales; los arquitectos querían que esta madraza fuera un reflejo de la que ya existía pero tuvieron problemas por el desnivel de la plaza, que era de más de dos metros y aunque se encuentra más elevada es difícil apreciar esa diferencia.

El nombre proviene de las imágenes que hay en la principal: dos grandes tigres de oro que llevan un sol en la espalda, “Sher” que significa tigre y el nombre se traduce como "adornado de tigres". Las estructuras arquitectónicas y decorativas se repiten con la madraza de Ulugbek. En el centro del arco de la entrada se encuentra la imagen de la esvástica, que desde la antigüedad era el símbolo de la abundancia y la fertilidad.

 

Bahadur no se sentía contento con su obra anterior y decidió construir una nueva madraza en la plaza para cerrar el espacio. Lo hizo en el lugar donde se encontraba el caravansarai de la ciudad. Este edificio es la Madraza Tilla-Kori. La construcción empezó en 1646 y se terminó en 1660.

El nombre de la madraza deriva de la rica decoración de oro en la fachada. "Tilla-Kori" se traduce como "decorado con oro". Aquí el arquitecto modificó el proyecto, añadiéndole dos cuerpos a los lados de la puerta principal con arcadas flanqueadas por dos torres y la magnífica cúpula de la mezquita que se encuentra en el interior, consiguiendo así una composición armónica y equilibrada de toda la plaza.

 

La luz empezaba a caer y la plaza y sus majestuosos edificios se iluminaron. Si el espectáculo a plena luz del sol es imponente, la noche y sus luces de colores iluminando las tres madrazas es sencillamente mágica.

Y con tantas emociones... Y con tanta belleza... Y con tantos colores... Y con tanta arquitectura oriental... Y con un sueño cumplido... Terminaba nuestro primer día en la gran Samarcanda, la ciudad que llegó a ser el centro del mundo. Fuimos a nuestro hotel, en este caso el Hotel Registán Plaza Samarkand que combinaba a la perfección el estilo arquitectónico clásico con instalaciones modernas. Cenamos en el hotel un más que aceptable bufé y a descansar que el día había sido largo y fructífero. Y sobre todo mágico. Mañana más…

 

 

 

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