Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

Salvador de Bahía, el Brasil más africano. Pelourinho (UNESCO).


Salvador de Bahía es una ciudad costera de Brasil, denominada antiguamente como Salvador de la Bahía de Todos los Santos, y que además fue su primera capital colonial, siendo una de las ciudades más antiguas de América. Salvador de Bahía, es conocida actualmente como "la capital de la felicidad de Brasil" y centro de la cultura afro-brasileña.

Tiene un centro histórico vibrante con un rico pasado que iremos detallando durante nuestro recorrido. Al centro histórico de Salvador de Bahía se le conoce como el " Pelourinho " y en 1985, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: "Primera capital del Brasil (1549-1763), San Salvador de Bahía ha sido un punto de confluencia de culturas europeas, africanas y amerindias. En 1588 se creó en ella el primer mercado de esclavos del Nuevo Mundo, destinados a trabajar en las plantaciones de caña de azúcar. La ciudad ha podido conservar numerosos edificios renacentistas de calidad excepcional. Las casas de colores vivos, magníficamente estucadas a menudo, son características de la ciudad vieja".

No podemos dejar de relatar un poco de la rica historia de Salvador pero relacionada con España. Veréis, en 1624 justo cuando acabó la "Tregua de los doce años" con España, una flota holandesa asaltó Salvador de Bahía, entonces capital de Brasil, y acabó con la guarnición de la ciudad gobernada por los portugueses. Los asaltantes holandeses saquearon indiscriminadamente y conquistaron las posiciones defensivas, no quedando más remedio a la población civil que abandonar la ciudad.

Las noticias de la toma de la capital brasileña llegaron a la Península Ibérica y desde Cádiz y Lisboa se organizó una gran expedición para expulsar a los holandeses, formando la flota más grande que hasta entonces había cruzado el Atlántico. Al mando, el español Fadrique de Toledo, que había vencido varias veces en combates navales a holandeses e ingleses. El 29 de marzo de 1625 desembarcaron en Salvador con una tropa de 3500 hombres y logró recuperar la ciudad más importante de entre las colonias portuguesas, entonces integradas en el Imperio español. La expulsión de los holandeses de Salvador de Bahía, la conquista de la ciudad de Breda, la victoria en Génova y el fallido intento inglés por conquistar Cádiz convirtieron a 1625 en el llamado "annus mirabilis". Dios era español, se decía. Un cuadro del pintor Juan Bautista Maíno expuesto en el Museo del Prado de Madrid, describe este acontecimiento. Y con este apunte histórico, retomamos a continuación nuestro relato...

Nosotros llegamos casi de noche en un vuelo procedente de Madrid. El aeropuerto de Salvador dista casi 30 Km del centro de la ciudad y sabiendo de antemano que el bus que enlaza con la ciudad tarda más de una hora en llegar y que íbamos a llegar cansados tras 9 horas de vuelo, preferimos contratar con el hotel un transfer por el precio de 30€.

El hotel donde íbamos a dormir dos noches en el mismo Pelourinho se llama Bahía Café, situado en la Praça da Sé, 22 en el mismo corazón del centro histórico. El precio fue de un total de 93,75 € por dos noches en régimen de alojamiento y desayuno. Un hotel boutique con decoración étnica muy bien situado que cumplió nuestras expectativas.

Cuando llegamos, solo tuvimos tiempo de dar un breve paseo sobre las 22:30h y observar que se estaba preparando una de las fiestas más importantes que se celebran en esta ciudad, las fiestas de San Juan, que como se anunciaba en los carteles institucionales, quizás sean las más bonitas de Brasil. La ciudad se engalanaba de cintas de colores y motivos festivos por doquier, pero nosotros esa noche necesitábamos descansar para recorrer la ciudad al día siguiente.

Dormimos cómodamente y desayunamos muy bien, nos gustó especialmente porque había una gran variedad de productos autóctonos y un más que buen café. De hecho, felicitamos a la cocinera que nos lo agradeció con una gran sonrisa.

Cogimos nuestros mapas y nos dispusimos a visitar el centro histórico de Salvador. Aquí os dejamos el mapa del centro para que sea más claro el recorrido que hicimos.

Recorrimos la Praça da Sé, observando el colorido de sus casas, los puestos callejeros y los reclamos para turistas como las mujeres bahianas con sus trajes regionales.

En el centro, la estatua erigida en homenaje a Zumbi dos Palmares, líder guerrero de los esclavos negros, una especie de Espartaco brasileño que se convirtió en leyenda, considerado como un héroe y mártir de la nación.

Las calles colindantes nos daban cierta idea de lo que íbamos a ver en esta peculiar ciudad. El empedrado de sus calzadas y el vivo color de sus fachadas nos trasladaría en el tiempo para contemplar una verdadera ciudad colonial del siglo XVIII.

Avanzando hacia nuestra izquierda, nos topamos con un monumental edificio, la Santa Casa de Bahía cuya historia se entrelaza con la de la ciudad, acogiendo enfermos, niños sin hogar, apoyo a las familias necesitadas y dejando espacio además para celebraciones sociales. Una institución de beneficencia que ha actuado en la ciudad durante más de tres siglos. Fue construido en el siglo XVII y consistía en un hospital y una Iglesia, considerado un hito del arte portugués y uno de los más bellos monumentos religiosos de Salvador. Hoy en día se ha reconvertido en el Museo de la Misericordia, pudiéndose visitar de miércoles a domingo con precios que varían entre los 3 y 6 Reales brasileños. Intentamos visitarlo pero faltaban diez minutos para el cierre y no pudimos entrar.

Prácticamente al lado, se encuentra la Praça Tomé de Souza un gran lugar para tomar fotos, ya que se puede observar la bahía, con la parte baja de la ciudad, unos preciosos edificios antiguos y el cartel turístico de Salvador. Eso sí, el asedio de los vendedores de cintas es constante. Lo mejor, comprar un par de ellas, ponérselas y decirles al resto que ya tienes.

De entre los edificios de la plaza destaca sin duda el Palacio Rio Branco que era la antigua sede de gobierno del Estado de Bahía y uno de los palacios más antiguos de Brasil. Fue bombardeado en 1912 y reconstruido en 1919. No olvidemos que con más de mil casas, iglesias y monumentos construidos desde el siglo XVI, Salvador posee la mayor colección de patrimonio arquitectónico barroco de América Latina.

Junto al palacio, otro de los iconos de la ciudad, el Elevador Lacerda, inaugurado en Salvador, en el año 1873, fue el primer elevador público del mundo. Es el principal acceso entre las ciudades Alta y Baja y llega a transportar 900 mil pasajeros por mes, en un trayecto de 30 segundos de duración. El precio de utilización es prácticamente simbólico de 0,15 Reales (4 centimos de Euro).

Nos quedamos varios minutos contemplando la belleza de la bahía de Salvador, haciendo fotos por doquier tanto del horizonte como de la plaza misma, antes de retomar nuestro paseo.

Nos advirtieron de no ir más allá de la plaza por prudencia, hicimos caso y volvimos sobre nuestros pasos, en esta ocasión por la parte posterior de la Praça da Sé, junto a la ladera la montaña para llegar al otro medio de transporte que enlaza la parte Alta con la parte Baja de Salvador.

Se trata del Plano Inclinado Gonçalves, su construcción en origen fue una rampa abierta en pendiente realizado por los Jesuitas en el siglo XVII para transportar materiales, entonces fue conocido como la "Grúa de los Sacerdotes". Más adelante, en 1888 se contrató una empresa inglesa para construir un funicular, pero sin experiencia en el ramo, lo hicieron mal y se produjeron varios accidentes. Se pasó a llamar Plano Inclinado Isabel, entonces emperatriz de Brasil y un año más tarde los alemanes construyeron otro tipo de funicular de los llamados de cremallera y por fin en 1909 fue electrificado y la cremallera sustituida por raíles. Se retiró el nombre de la emperatriz, tomando el del comendador Manuel Francisco Gonçalves, director de la compañía constructora. En la década de los 30 se actualizó por ingenieros daneses y norteamericanos cambiando incluso el grado de la pendiente. Hoy en día transporta 10.000 personas al día, también por el módico precio de 0,15 Reales por trayecto.

Y desde allí, pasamos al Largo Terreiro de Jesús, plaza donde pudimos tener una vista privilegiada del centro histórico y sus principales monumentos. Aquí empieza de verdad Pelourinho. Esta plaza es un lugar de encuentro cultural de la ciudad, concentrándose numerosas actividades artísticas, musicales, de folklore, capoeiras, samba y una presencia permanente de vendedores ambulantes y puestos de comida callejera. Entre los edificios que la circundan destaca la Basílica Catedral de San Salvador, el mayor templo construido por los jesuitas en Brasil y que actualmente se encuentra en proceso de restauración. La iglesia original de Bahía fue construida en el siglo XVI.

Aquí, en esta plaza y en las diferentes calles de Pelourinho, es donde se aprecia la esencia de Salvador, tiene todavía una de las mayores concentraciones de poblaciones negras y mulatas en Brasil. Esta ciudad fue un importante centro para el comercio africano de esclavos en la época colonial, estos organizaron desde aquí una rebelión generalizada en 1835. Los esclavos africanos han aportado muchas de las costumbres populares, trajes y alimentos distintivos que la ciudad sigue haciéndolos suyos. Pelourinho proviene del nombre que se le daba a las columnas de madera o picotas, donde se ataban o encadenaban a los esclavos para venderlos o castigarlos.

En una de las esquinas de la plaza otra Iglesia (en Salvador se dice que hay una Iglesia para cada día), nos referimos a la Iglesia de San Pedro de los Clérigos, llamada popularmente como Iglesia de los Dominicos fue construida entre los siglos XVIII y XIX como sustitución de una antigua ermita, demolida en 1708. La decoración interior es una transición entre el rococó y el neoclásico.

Llegamos a Largo do Cruzeiro de Sao Francisco, travesía donde nos encontramos los elementos típicos de la acción urbanística de los franciscanos. Una cruz ornamentada en piedra frente a la Iglesia de San Francisco, que junto al empedrado y las casas coloniales forman un importante conjunto arquitectónico e histórico de Salvador.

Junto a la imponente Iglesia, seguramente uno de los mejores ejemplos del barroco en toda América, otro trabajo franciscano, se trata de la capilla de la Orden Seglar de San Francisco. Lo que tiene de especial es que es muy extraño el ver tanta opulencia en una iglesia de la orden franciscana.

Aunque teníamos programada la visita a la Iglesia de San Francisco al final de la jornada, no pudimos resistirnos a entrar en ella en horario de misa y descubrir por qué la llaman "La Iglesia de Oro". ¡Espectacular! Después de unos minutos contemplándola, seguimos nuestra andadura para volver a verla cuando acabáramos el paseo por Pelourinho.

Iniciamos nuestro descenso por calles llenas de colorido hacia el epicentro de la ciudad colonial, el Largo de Pelourinho.

Todo el conjunto lo convierte en uno de los centros históricos más bonitos del continente. Desborda color y vida. Los personajes ambulantes, las tiendas, los olores, todo se disfruta intensamente.

Nada más llegar nos sentamos en las escalinatas del edificio azul de la Fundación Jorge Amado solo para observar ya que estaba cerrado, como tampoco pudimos visitar la casa en Río Vermelho en la que el escritor y poeta vivió durante cuarenta años y que lamentablemente no pudimos entrar a ver porque solo abre de Martes a Sábado, era también testigo mudo del devenir de gente y de la actividad de los negocios. Su preciosa página web (enlace aquí) sirve para saber lo que se puede encontrar dentro. El precio de la entrada, 5 Reales.

Estábamos viendo como los vecinos entraban en misa en la Iglesia de Nuestra Señora de los Negros e instantes después se oían cánticos espirituales pero con mucho ritmo, esto hizo que nos levantáramos y asistir a la liturgia cantada. Fue todo un acierto. Una sincronización del catolicismo con el sincretismo bahiano con reminiscencias africanas que fue una sorpresa para nosotros ¡Magnífico!

La Iglesia fue fundada en 1685 por una de las primeras hermandades de hombres negros en Brasil, construida en Pelourinho por los esclavos que vivían en Salvador trabajando en su tiempo libre. Las torres de estilo rococó están cubiertas de azulejos con escenas de devoción al Rosario de Lisboa, que data de 1790.

Solo nos faltaba una cosa para disfrutar al máximo de esta zona de la ciudad, un café en una terraza, pero parece ser que no existen bares y lo único que pudimos hacer fue tomarnos un refresco en una tienda de ultramarinos situada en una calle adyacente, en unas sillas que tenían en el exterior.

Una vez hechas las fotos de rigor, nos tocaba subir todo el trecho que habíamos bajado, así que de forma lenta y parsimoniosa recorrimos las calles que llevaban hacia el Largo Terreiro, mirando los escaparates de las distintas tiendas de artesanía que aquí proliferan y las obras de los pintores callejeros.

El origen de Pelourinho fue el levantamiento de palacetes y bellos edificios en estilo barroco y colonial de la época por parte de nobles, ricos hacendados, terratenientes, altos funcionarios coloniales y familias adineradas. Pero con el traslado de la capital a Río de Janeiro debido al descubrimiento de minas de diamantes y el hundimiento del comercio del azúcar, las clases sociales altas fueron abandonando la ciudad y el Pelourinho empezó a degradarse hasta convertirse en la zona más marginal de la ciudad. Gracias a ese abandono sus palacios fueron ocupados por los más desfavorecidos y nadie quiso irse a vivir a un barrio como aquel, por lo que quizás fuese ese el motivo por el cual el Pelourinho se salvó de la especulación urbanística, conservando sus edificios históricos.

Desde que la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1985 el gobierno brasileño acometió un ambicioso programa de reformas sobre el millar de edificios históricos catalogados en el barrio. Fue una tarea ardua pero que ha dado sus frutos. Las viejas fachadas enmohecidas y llenas de grietas se revocaron y pintaron con los colores vivos y alegres característicos de Bahía. Las iglesias y los conventos se rehabilitaron y restauraron, abriéndose de nuevo al público, las calles se adoquinaron y se peatonalizaron. Tres siglos después, la joya colonial de Brasil vuelve a brillar. Hoy en día en Pelourinho se siente la música, se baila capoeira y se ensaya carnaval. También hace suyas las tradiciones yorubas y las ceremonias candomblé de origen africano, convirtiéndose en sus señas de identidad.

Casi llegando al final de la calle nos encontramos con otro precioso edificio, el que albergaba la antigua facultad de medicina, que hoy es sede del Museo Afro-Brasileiro. En su momento, fue la más antigua de todo Brasil. Fue fundada a principios del siglo XIX, en el año 1808 y cambió de sede en 1946.

Iba siendo hora de comer y haciendo caso de nuestro amigo virtual Isaac Molina viajero argentino, recalamos en la cantina da Lua, legendario establecimiento, cuyo dueño, que además es escritor, ha sido miembro activista defensor del Pelourinho durante décadas, siendo reconocida su labor por numerosos estamentos oficiales.

La comida la rematamos saboreando la que dicen es la mejor caipirinha de Salvador de Bahía.

Y desde allí, solo nos faltaba volver a la majestuosa Iglesia de San Francisco y visitar su convento. Estos edificios se erigieron durante los siglos XVII y XVIII, el complejo es considerado como una de las "Siete Maravillas de origen portugués" en el mundo y fue declarado patrimonio por el Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional de Brasil. Pagamos los 5 Reales y accedimos al recinto.

Tanto en la capilla como en el claustro se pueden observar pinturas en más de 50.000 azulejos, que representan la vida de San Francisco, los más antiguos son los que se encuentran en el comedor del convento.

Impresionante es su biblioteca y el claustro donde se encuentran enterrados los frailes. Pasamos de nuevo al templo para observarlo con tranquilidad.

Incongruente es que después de observar la vida de San Francisco y su renuncia a los bienes materiales en los diferentes murales de azulejos, nos encontremos con esto: Casi mil kilos de oro para decorar el interior de esta iglesia.

Dentro, maravilloso trabajo en el coro y en las capillas laterales con madera de jacarandá, piso de piedra labrada de alcatifa traída desde Portugal, recubrimiento de pan de oro por doquier ¡Impresionante! La obra es admirable en todos los aspectos.

Solo para finalizar contamos una curiosidad. La única figura de San Francisco que está en el templo, situada en el altar, no es de la época colonial, si no de 1930 y es una copia exacta de un cuadro del pintor español Murillo llamado : "San Francisco abrazando al crucificado".

Antes de volver al hotel tuvimos ocasión de ver ensayos de capoeira en la calle, una especie de arte marcial brasileño en el que se mezcla la danza, la música y las acrobacias. Su mayor atractivo, la expresión corporal. El Círculo de Capoeira fue inscrito en la lista del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2014.

Y para acabar, nuestro pequeño recuerdo de nuestro paso por Pelourinho, una foto que nos hizo una simpática bahiana, que nos dejó posar con prendas típicas de Salvador por un par de reales.

Queríamos descansar un poco en el Hotel para luego salir a cenar pero fue imposible porque sobre las seis de la tarde, hora en la que anochece, empezó una tormenta tremenda acompañada de mucha lluvia que duró hasta el día siguiente.

¡Guinda final! Vídeo de Mickel Jackson rodado entre Río de Janeiro y Salvador de Bahía acompañado de Olodum, grupo percusionista del barrio de Pelourinho.

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