Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

Jericó, la ciudad de las palmeras (Lista Indicativa Unesco). Palestina


La moderna Jericó se alza sobre la ciudad creada por los cruzados en el siglo XI, junto a la colina de Tall Al-Sultan donde los arqueólogos han hallado restos de asentamientos de más de 10.000 años que le confieren el título de ciudad habitada más antigua del mundo, junto a Damasco y a Biblos, ciudad dónde nació el alfabeto. Una ciudad que fue ocupada por Israel en 1967 y también la primera ciudad que pasó al control del pueblo Palestino bajo los acuerdos de Oslo de 1994. Fue ocupada años después por Israel y desde 2005 permanece nuevamente en Palestina.

Llegamos a través de la carretera palestina construida por los americanos y entramos a la ciudad por su lado sur, también en rehabilitación con ayuda americana, que por supuesto, queda plasmada en distintos carteles propagandísticos.

Situada en la Cisjordania, Jericó se encuentra a 240 metros por debajo del nivel del mar Muerto en la depresión del río Jordán, siendo considerado el sitio más bajo habitado del mundo. Existe un microclima tropical, donde crecen las balsameras, los granados, los sicomoros e incluso las famosas rosas de Jericó que son consideradas extraordinariamente bellas. Ha sido descrita en la Biblia como "ciudad de las palmeras" debido a la profusión de estos árboles y a la fama que ya entonces tenían sus exquisitos dátiles. Sus primeros pobladores conocidos fueron los natufienses, una cultura anterior al 9.000 a.C. El nombre de la ciudad, Jericó, parece ser que tiene su origen en la palabra Luna que en hebreo se dice "Yerijó".

No tuvimos más ocasión que ver la ciudad moderna a través de los cristales del autobús que nos llevaba, nos dimos cuenta de su desarrollo, ya que se encontraba ordenada, limpia y con proliferación de nuevas construcciones; en algún momento tuvieron la idea de convertir a la ciudad en unas Vegas de Oriente con la creación de algún gran hotel con casino pero no llegó a ponerse en práctica.

Hicimos una breve parada en el centro de la ciudad para ver un histórico árbol. El árbol en cuestión es un sicomoro de más de 2.000 años de antigüedad y situado en la plaza Al- Jummmezeh. Según se dice, en ese árbol se subió el personaje bíblico Zaqueo para ver a Jesucristo.

Salimos de la nueva ciudad y aproximadamente a un par de kilómetros llegamos donde se encuentra uno de los más antiguos lugares de ocupación del Oriente Próximo y fundamental para el conocimiento del Neolítico, la colina de Tell al-Sultan, o la antigua Jericó, en la que se edificó una gruesa muralla de dos metros de anchura y una torre, hace nada menos que 9.000 años, considerada la más antigua fortificación de la Historia y que se encuentra en la Lista Indicativa de Patrimonio de la Humanidad por Palestina desde al año 2012. En los milenios sucesivos, la ciudad alternó períodos de prosperidad y crisis según el ocupante de turno; israelitas, persas, griegos, romanos, musulmanes y cruzados, pero que, sin excepción, dejaron sus imborrables huellas en la historia de la ciudad.

Las excavaciones arqueológicas realizadas a mediados del siglo XX evidenciaron hasta 23 capas de civilizaciones antiguas en el sitio. Además numerosos eventos religiosos y creencias están asociados con la antigua Jericó. Por ejemplo, el manantial de Ain es-Sultan al que se denomina en la Biblia como manantial del profeta Eliseo, quien hizo brotar el agua en Jericó, el mencionado anteriormente de Zaqueo que estaba tratando de ver a Jesús, pero como era un hombre bajo, no podía verlo entre la multitud, así que tuvo que subirse a un sicomoro para verlo. Y por último, el Monte de la Cuarentena o Tentación donde Jesús ayunó durante 40 días y venció a las tentaciones del demonio. Era allí donde nos dirigiríamos a continuación.

Se puede ser escéptico, creyente o ateo pero es obvio que la observación de las montañas al atardecer emanan misticismo o algún tipo de energía que te envuelve al contemplarlas. En todo caso, no dejan indiferente a nadie.

Llegamos al aparcamiento donde se encuentra una especie de bazar turístico, donde los lugareños intentan endosar a los visitantes sus productos y servicios, pero nada de eso nos interesaba, salvo los puestos de fruta donde vimos unas hermosas granadas y nosotros no pudimos resistir la tentación de tomarnos un zumo natural de ese fruto.

Con el refrigerio aún en la mano, observamos que en la montaña más alta de la pequeña cordillera se distinguía una construcción peculiar y nada corriente, se trataba de un monasterio que recibe su nombre de la montaña en la que está situado, el Monte de la Cuarentena o la Tentación.

En una ladera de esta elevada montaña casi vertical, el Monasterio de la Tentación que se construyó donde, según los Evangelios, Jesús pasó cuarenta días de ayuno y meditación enfrentándose a las tentaciones del Diablo, a este lugar se atribuyen las palabras de Jesús: "No solo de pan vive el hombre". La edificación actual es del siglo XIX y pertenece al credo ortodoxo griego, se construyó cerca de las cuevas habitadas por eremitas desde le siglo V.

El lugar fue identificado nuevamente por Helena, madre de Constantino, como uno de los "sitos sagrados" en la peregrinación que hizo a los lugares santos en el año 326 d.C. Impresionante lugar, éste, donde hay unas 30 o 40 cuevas que estuvieron mucho tiempo habitadas por monjes y eremitas en los primeros siglos del cristianismo. Posteriormente los Cruzados construyeron dos iglesias en el lugar, una de ellas estaba en una cueva que había a mitad de camino hasta el acantilado, y la segunda fue construida en la cumbre del monte.

Estas cuevas han sido descritas en la Biblia como en las que, supuestamente, Jesús pasó cuarenta días de ayuno y meditando sobre la tentación de Satán. Situado entre Jericó y el Valle del Jordán, el monasterio está construido a una altura de 350 metros desde el suelo.​ El templo es una atracción turística y está bajo la administración de la Autoridad Nacional Palestina, si bien, el monasterio está gestionado por la Iglesia Ortodoxa de Jerusalén.

En la actualidad, existe un teleférico para acceder al recinto, colgado a casi cuatrocientos metros de altura sobre el promontorio rocoso, desde donde se disfrutan de esplendidas vistas de la ciudad de Jericó, del yacimiento arqueológico de Tell al-Sultan y de sus alrededores. El precio para la ida y vuelta es de 55 shequels (14€).

Esta construcción ha facilitado el acceso al monasterio tanto a turistas como a los pocos mojes que viven allí, que antes estaban aislados casi por completo. También existe una vereda para subir a pie, pero el empinado recorrido puede ser de varias horas. La mayoría de la gente sube al monasterio para intentar tocar la piedra en donde, según la tradición, Jesús fue tentado por el diablo, pero se necesita el acompañamiento de un monje que no siempre está disponible.

Estaba cayendo la tarde y ya nos avisaban para volver al autobús. Desde la terraza donde contemplamos el Monte de la Tentación hicimos las últimas fotos y emprendimos el viaje, no quedamos contentos con la visita, que bajo nuestro punto de vista fue escasa y sobre todo porque no nos dejaron tomar el teleférico para visitar el monasterio por falta de tiempo. Además, para completar la visita a Jericó nos faltó visitar el Palacio de Hisham, edificado sobre unas antiguas termas romanas y ordenado construir por uno de los califas de la Dinastía Omeya como residencia de invierno.

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