Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

Plovdiv (Bulgaria). la ciudad más antigua de Europa.


Solo a 25 Km de nuestra anterior parada en la fortaleza de Assen se encontraba una de las ciudades más bonitas y antiguas de Bulgaria, nos referimos a Plovdiv. Es además, la segunda ciudad en importancia del país, con una población que ronda los 400.000 habitantes y propuesta como Patrimonio mundial de la humanidad, figurando en la Lista indicativa de la UNESCO desde 2004. El caso es que nuestro conductor Bobby nos dejó junto al Ayuntamiento de la ciudad, ya que no se permite la circulación de vehículos en el centro histórico y nos dio cuatro horas y media para recorrer la ciudad. Eran las 13:00 horas. Y desde allí empezamos nuestra ruta.

Para quienes tengan interés por un tour guiado (en inglés) por la ciudad totalmente gratuito, todos los días sale desde el edificio del Ayuntamiento a las 11:00 h. y a las 18:00 (de mayo a Septiembre) y no es necesario reservar. Aquí os dejamos el enlace a la página web:

http://www.freeplovdivtour.com/

Os facilitamos un plano esquemático, con el/los recorrido/s más utilizado/s para visitar la ciudad, partiendo desde el edificio del Ayuntamiento.

Para descargar los mapas con más detalle podéis utilizar este enlace:

http://www.plovdiv.bg/wp-content/uploads/2012/10/OldPlovdiv-map.pdf

Era domingo y se reconocía el bullicio de la calle principal (Knyaz Alexander) en un día festivo. Una calle peatonal con edificios de fachadas "art nouveau" perfectamente restauradas y llena de tiendas y cafeterías. Recorriéndola nos dimos cuenta del cartel anunciador de que Plovdiv ha sido nombrada capital de la cultura para el 2019 y nos topamos con la primera de las estatuas urbanas que al igual que ocurre en Bratislava (Eslovaquia) se reparten por varios rincones de la ciudad.

Ésta en particular es la de Milyo, un entrañable personaje que cuando falleció, se organizó una suscripción pública para erigir su estatua y que así siempre siguiera en esa calle. Más tarde, los mitos populares de la gente local hicieron que se confiase en que, en el caso de que se frote su pierna y se susurre al oído cualquier deseo, este se cumplirá. Por si acaso, nosotros también cumplimos con la tradición.

Seguimos por la calle Knyaz Alexander hasta toparnos con uno de los enclaves urbanos más extraordinarios, donde se aprecia la multiculturalidad de una ciudad y el paso de los diferentes imperios a través del tiempo. En un mismo enclave, un estadio romano y una mezquita del siglo XIV. Estábamos en la plaza Dzhumaya, un centro histórico de más de 2000 años que aún hoy en día lo sigue siendo.

Y es que Plovdiv tiene una historia apasionante. Su antigüedad parece ser que se remonta entre 5000 y 7000 años, lo que la convierte en la ciudad (habitada) más antigua de Europa y una de las más antiguas del mundo junto a Damasco, Jericó o Jerusalén. Al principio, era una antigua aldea situada sobre una elevación natural entre tres colinas. Se convirtió en un asentamiento tracio, que después fue conquistado por Filipo de Macedonia, lo que supuso darle el nombre de Philippopolis (ciudad de Filipo en griego). Más adelante fue reconquistada nuevamente por los tracios hasta que en el siglo I pasó a formar parte del Imperio romano y se le dio el nombre de Trimontium (por sus tres colinas).

De aquel tiempo, quedan vestigios de lo que fue una ciudad próspera: calles empedradas, edificios, teatros, templos, acueductos y alcantarillado. Trimontium creció tanto que los muros fortificados de la época griega fueron insuficientes y eso impulsó la construcción de nuevos. Muchas de las partes de la ciudad se situaron no en la colina, sino a los pies de las mismas. Por supuesto, paramos el tiempo suficiente para observar los restos de este estadio romano construido en el siglo II cuando Marco Aurelio era emperador de Roma. Aunque a primera vista pueda parecer pequeño, debido a que solo se ha restaurado una parte, en su momento llegó a albergar 30.000 personas de aforo. La mayor parte del estadio se encuentra bajo la calle Knyaz Alexander por lo que sólo es posible verlo en uno de sus extremos. Tenía 180 metros de largo con gradas en ambos costados. De hecho hay una maqueta en la misma calle que indica como era en realidad.

Y seguimos con la convulsa historia de Plovdiv. Después del imperio romano, allá por el siglo VI fueron los eslavos quienes se hicieron con la ciudad y la llamaron Puldin. A continuación los búlgaros tomaron la ciudad en el siglo IX y más tarde en el siglo XIV fue invadida por el ejercito otomano y nuevamente cambió de nombre llamándose Filibé. Durante ese período, gran parte fue destruida y la arquitectura bizantina fue substituida por edificaciones de estilo oriental.

De aquella época se conserva la recién restaurada (financiada por el ayuntamiento de Estambul) Mezquita Dzhumaya en la plaza del mismo nombre. Es una de las más antiguas de la zona de los balcanes y de Europa, claro está, sin contar las construidas en España. Posee un minarete de 23 metros de altura y nueve cúpulas. Su fachada es de ladrillos alternados con capas de piedra, formando la llamada "construcción celular" una construcción típica en los balcanes incluso antes de la llegada del imperio otomano, lo que sugiere que el edificio fue realizado por presos cristianos. Se nos estaba haciendo tarde y no nos dio tiempo de pasar a su interior, queríamos llegar a lo alto de la colina Nebet Tepe, donde se forjó el origen de esta bella ciudad, para comer por allí y después de una manera reposada ir bajando sus retorcidas y empedradas calles. Comenzamos a subir la empinada calle Saborna, hacia la parte vieja y más histórica de la ciudad.

Pasamos pero no entramos por la Galería de Arte Búlgaro, que posee una colección de pintura moderna búlgara de los siglos XIX y XX en un palacete de estilo neoclásico utilizado antiguamente como escuela. Entrábamos de lleno en la llamada "Ciudad Vieja" y de nuevo seguimos con la historia de Plovdiv. Durante el Renacimiento, Plovdiv fue un importante centro económico. Se asentaron como residentes muchas personas adineradas y educadas que viajaban por toda Europa. De sus viajes traían no solo bienes materiales, sino también las nuevas tendencias artísticas y culturales. Los ricos comerciantes de Plovdiv mostraban su bienestar mediante la construcción de casas hermosas, ricamente ornamentadas, que se convirtieron en el emblema de la Ciudad Antigua y de una corriente cultural y patriótica denominada "Renacimiento búlgaro".

Por fin se consigue la expulsión de los otomanos con ayuda de los rusos en 1878, y otra vez la ciudad cambió de nombre, Plodiv, que se ha mantenido hasta la actualidad. A pesar de las prisas por comer, era imposible no pararse ante construcciones tan bellas como la casa Balabanov o la casa Kymyudzhievata.

Son edificios con fachadas decoradas de una forma muy vistosa en las que abunda mucho la madera, pintadas predominantemente en azul y ocres y dibujadas con motivos florales.

La mayoría de las casas, se encuentran en buen estado de conservación, algunas siguen habitadas, pero casi todas se han reconvertido en museos, tiendas, galerías de arte o incluso en hoteles.

Seguimos intentando llegar a un restaurante, pero de nuevo nuestra curiosidad nos lo impide, estábamos ante la Iglesia de San Constantino y Santa Elena, construida sobre una antigua iglesia románica. Está dedicada al emperador Constantino y a su madre, Santa Elena. Interesantes y magníficos frescos en el pórtico y un destacado iconoclasio (altar ortodoxo).

Ha sido declarado monumento arquitectónico nacional y es el templo ortodoxo más visitado por los turistas búlgaros y extranjeros en la ciudad.

Salimos de admirar la Iglesia y después de unos cien metros de subida por una calle empinadísima, dimos con un restaurante con una terraza estupenda donde decidimos comer al sol y disfrutar de tan agradable día.

Unas vistas magníficas y una más que buena comida y razonable precio. ¿Qué más se puede pedir? Allí descansamos lo suficiente como para continuar visitando las horas que nos quedaban, la muy peculiar ciudad de Plovdiv. Estábamos en la parte superior de la colina conocida como Nebet tepe, donde se asentaron los tracios hacia el año 3000 A.C. y la fortificaron. Hay que precisar que los vestigios que se conservan de restos de muralla son de la época romana.

La antigua aldea se expandió gradualmente hacia las otras colinas para convertirse en la ciudad más importante de Tracia en el territorio de Bulgaria. Hay hipótesis de que en este lugar existía un complejo real y centro religioso. Las últimas investigaciones arqueológicas, sin embargo, dan razones para suponer que Filipópolis se convirtió en una ciudad con arquitectura urbana alrededor del siglo IV antes de Cristo.

Durante el Imperio romano fue el momento en que la ciudad "se bajó" de las colinas hasta la llanura. Se construyó la acrópolis, en el punto más alto de las tres colinas, una nueva ciudad con forma ortogonal, y un cuadrado, que sería el foro ó centro administrativo y social con los más importantes edificios públicos situados a su alrededor. En la actualidad, al visitarlo hay que echarle mucha imaginación para que con las pocas ruinas conservadas podamos darnos una idea de lo que aconteció en ese lugar a lo largo de los siglos, pero hay que reconocer que las vistas de Plovdiv desde allí son extraordinarias. A primera vista, solo observamos un descampado mal cuidado pero un buen mirador sobre la ciudad y desde luego, el mejor lugar para ver la sucesión de colinas sobre las que se asentó en sus orígenes.

Llegaba el momento de bajar a la ciudad e ir recorriendo la "Ciudad Vieja" y sus recónditas calles con más detalle y admirar el estilo ecléctico de sus casas de colores. Las últimas casas situadas en la colina son las casas de Evdokia Bakalova y Kasandra Bayatova, ambas del siglo XVIII, cuando pasamos a verlas, una mujer mayor al oírnos hablar español, se dirigió a nosotros para enseñarnos unos cuadros que le había hecho un antiguo amor español con su rostro en una guitarra. No sabemos si esa era la verdad o nos pasó para intentar vendernos algo, ya que la casa es un centro de artesanía de cerámica de arte con sala de exposiciones.

Seguimos bajando a través de callejuelas empedradas y entramos en una zona que nos lleva atrás en el tiempo y en la historia, laberínticos caminos rodeados por murallas. Se trataba de restos de la muralla romana, que en origen tenía un perímetro de 2,7 kilómetros y que lamentablemente fue destruida en el siglo III por los godos. A pesar de ello, se pueden ver algunos fragmentos y una bien conservada puerta de acceso a la ciudad: la Hissar Kapiya (Puerta de la Fortaleza), que se encuentra al lado del Museo Etnográfico.

Junto a la puerta, fuimos a dar con otra maravilla, un conjunto arquitectónico e histórico único entre lo que destacan las bellas fachadas de las casas de Kuyumdjiev y Dimitar Georgiadi.

El camino se hace tortuoso y algo difícil, sobre todo si no se lleva calzado cómodo con una buena suela de goma. Aún con ello, es casi seguro dar algún que otro "traspies".

En uno de los rincones nos encontramos con uno de los centros del complejo arqueológico de Kapiya, donde se sigue trabajando para restaurar más hallazgos. Conducciones de agua y restos de la muralla romana se pueden observar aquí.

Seguimos nuestro recorrido sin mirar mapas ni guías, perdiéndonos en los laberínticos callejones que hay para llegar al que sería nuestro próximo destino, el Anfiteatro Romano.

Para describir las sensaciones que tuvimos al recorrer las callejuelas de la "Ciudad Antigua" de Plovdiv, nada mejor que mencionar las palabras del singular y experimentado viajero Florencio Moreno Anega en su blog fmanega por el mundo:

"Paseando por esas estrechas y retorcidas calles, admirando esos edificios de apariencia y colorido diferente pero todos ellos dotados de una luminosidad especial, como si el optimismo de sentirse una nación libre por fin hubiera inundado el alma de sus creadores, pude sentir la esencia de Plovdiv."

Era exactamente la descripción de nuestros pensamientos, a lo que añadiremos las ganas de sentarnos a tomar un café después de subir innumerables cuestas y relajarnos para intercambiar opiniones. Y mira tú por donde, después de subir la última cuesta, nos dimos de "bruces" con la terraza de un pintoresco café situado en lo alto del Anfiteatro Romano con maravillosas vistas al mismo.

Espectacular la caída del sol en un atardecer esplendido que no hizo más que prolongar nuestra parada en el café, mientras charlábamos sobre lo que habíamos visto. Nos quedaba escasa media hora antes del cierre del Anfiteatro Romano al público por lo que decidimos no entrar y admirarlo desde la cómoda silla donde saboreábamos un explosivo café cargadísimo pero a la vez excelente. Y de vez en cuando, nos levantábamos para hacer alguna que otra foto.

Impresionante el colosal monumento de mármol, hallado hace apenas 40 años, debido a un corrimiento de tierras producido por un terremoto que lo dejó al descubierto. Con capacidad para más de 3000 personas y construído en el siglo II es el legado más hermoso del Imperio romano en Plovdiv. Calculamos el tiempo que nos llevaría al punto de encuentro con nuestro conductor y emprendimos el camino de regreso. A nuestro paso, nos cruzamos con otros dos monumentos dignos de resaltar. Uno es la Iglesia de San Dimitri, una basílica con una nave central y 2 laterales. Fue construida con paredes de piedra y tejado a dos aguas. Está cerca del Anfiteatro y la Catedral. La estructura actual data de 1830 sobre el sitio de una antigua iglesia con el mismo nombre, levantada en el siglo XIII.

El siguiente monumento es la Catedral Theotokos (Sveta Bogoroditsa). Está dedicada a la Virgen María ya que en griego Theotokos significa Madre de Dios. Su campanario en tonos rosados es inconfundible y fue un regalo de los rusos tras la liberación del ejercito otomano. Fue erigida en 1845 y construida enteramente de piedra. Son característicos sus patios. El patio norte está rodeado por un muro de celosía metálica y del sur por un alto muro de piedra, construido en 1873, que alcanzó hasta 10 m. de altura. Termina en curva en forma de arco con una puerta de hoja de roble antiguo, llamada puerta de San Nikolsky, ya que conduce a la capilla de "San Nicolás". Después de esta visita, dimos por concluida nuestra visita a Plovdiv y desde luego que la recordaremos porque nos gusto mucho. Solo nos quedaba bajar el trecho que nos conduciría la calle Knyaz Alexander.

Y desde allí al punto de encuentro. Llegamos con unos minutos de antelación así que nos detuvimos en el Odeón de Philippopolis que aunque está cerrado al público mediante alambradas, se distingue desde fuera el edificio rectangular con elementos típicos para los teatros techados. La existencia de un edificio tan antiguo en Plovdiv es un signo más de la importancia histórica de esta ciudad. Descubierto en 1988, el antiguo monumento ha sido catalogado como un valor cultural de importancia nacional. Desde el 2002 está en periodo de restauración.

Llegó Bobby con su flamante van, nos recogió y partimos de nuevo hacia Sofía. Nos esperaban 130 Km por delante y un merecido descanso al llegar al hotel.


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