Alemania y sus mercados navideños (5). Frankfurt.

Miércoles 7 y Jueves 8 de Diciembre de 2011

 

Amaneció en Heidelberg y sonaron nuestros avisos de despertador demasiado temprano, llevábamos encima el cansancio de varios días de ruta con poco descanso, pero nos quedaba la última ciudad de nuestro recorrido, Frankfurt  y queríamos seguir disfrutando de nuestro viaje a Alemania. Teníamos reservado el tren para las 08:30 h. Hicimos las maletas y bajamos al salón buffet del hotel a desayunar. Más tarde procedimos a abonar nuestra factura y nos presentamos en la estación con tiempo suficiente para sacar nuestra guia de Alemania y los folletos de información que disponíamos de la ciudad que íbamos a conocer y que repasaríamos durante el trayecto.

Llegamos a la hora señalada y como en todo este viaje reservamos hotel junto a la Estación, otro hotel de la cadena Intercity que además en esta ocasión, nos facilitó con la habitación un billete turístico de transporte público por un día. Al igual que nos pasó en Colonia, un poco caro (100€) pero mereció la pena. La recepcionista hablaba español perfectamente y el hotel estaba perfectamente cuidado y limpio. Una vez instalados empezamos nuestro "periplo" en Frankfurt, inaugurando nuestro billete turístico en el metro hasta el centro de la ciudad. Y allí nada más salir, imponente y pareciendo que nos vigilaba estaba la torre de la Catedral.

 

En los años 50, la Catedral (dedicada a San Bartolomé) era el edificio más alto de la ciudad de Frankfurt, con casi 100 metros de altura, hoy en día hay más construcciones modernas que sobrepasan esa altura.

A pesar de ser llamada "Catedral" esta iglesia no es la sede del obispado de Frankfurt, recibió ese nombre ya que fue el lugar donde se coronó a reyes y emperadores entre los siglos XIV y XVIII.  Por eso mismo se la conoce como "Kaiserdom" que significa "Catedral del Emperador" o "Catedral Imperial" y es una de las pocas iglesias de Alemania que ostenta esta categoría.

En el siglo IX, fue la época en que se decidio crear esta iglesia como una más de la ciudad. Para el año 1239 se consagró al santo Bartolomé y ya en el siglo XVIII se proclamó como "Kaiserdom". Finalizada la II Guerra Mundial, la Catedral fue reconstruida de sus daños, conservando varias tallas originales. Junto a la Catedral se puede visitar el Dommuseum, con varios hallazgos arqueológicos antiguos. Nosotros no lo hicimos porque el verdadero interés de nuestro viaje se centraba en los Mercados de Navidad y no queríamos perder mucho tiempo.

Si que nos fijamos en la parte norte del crucero, en un cuadro de Anthonis van Dyck, un desconocido cuando lo pintó y que se denomina "el Duelo", regalo de la familia Brentano (siglo XIX) a la catedral. La Catedral San Bartolomé está a un par de cientos de metros de la Plaza Romerberg. Esta plaza es el ícono de la ciudad de Frankfurt desde hace cientos de años, además de ser posiblemente una de las plazas más bonitas y célebres de Alemania.

Recibe su nombre por el Römer, que es así como se llama al edificio del actual Ayuntamiento. Ubicada en Alstadt (Ciudad Vieja), está rodeada de edificios históricos. Casas con el tejado escalonado donde ondean las banderas de la Unión Europea, de Alemania y de la ciudad de Frankfurt.

 

El ambiente de la plaza como en toda Alemania en estas fechas... ¡Fabuloso!

 

Alegría desbordante, música callejeras, olores, sabores, objetos artesanos de suma exquisitez. En fin, precioso todo por donde andábamos. Era hora de almorzar y que mejor que unas suculentas salchichas de Frankfurt con pepinillos dulces y pan de centeno con mostaza. Pues eso es lo que le metimos al cuerpo. El mercado de Navidad de Römerberg es el más antiguo de Alemania ya que se remonta al siglo XIV y considerado como uno de los más bellos por el bonito enclave histórico donde se asienta. Atrae a millones de visitantes procedentes de todo el mundo. Hay multitud de actos programados y conciertos para armonizar y entretener al público que asiste. Sin saber todavía como, entramos en uno de ellos de villancicos organizado por la Iglesia Luterana.

Una vez repuestas las fuerzas y habiendo disfrutado del ambiente festivo, nos dirigimos a conocer la calle Große Eschenheimer Strasse, donde se reúnen las mejores galerías comerciales y cines de la ciudad y que como veréis tienen un gran atractivo, no solo para hacer "shopping". En esta calle, en la que los mimos, músicos callejeros, estatuas humanas y un sin fín de espectáculos callejeros proliferan por doquier se encuentra Myzeil el centro comercial más moderno de Frankfurt.

Lo primero que llama la atención es su fachada , una especie de lanza de cristal parece atravesar el muro del edificio en un agujero transparente y lleno de luz.

En su interior todo un espectáculo de objetos diseminados imposibles de catalogar y redes de acero y cristal que persiguen no solo el asombro del visitante, si no llenar de luz y color la estancia donde están ubicados. Todo un espectáculo que nadie que visite Frankfurt debe perderse, ya que además de lo visto en las plantas comerciales, tiene una esplendida terraza con vistas del skyline de Frankfurt inigualables.

Ya cayendo la noche (sobre las 16:00 h.) pudimos sacar unas cuantas fotos desde la terraza, aunque no muy buenas, debido a la falta de luz, pero suficientes para llevarnos un grato recuerdo. ​

Aprovechamos las bonitas vistas de la ciudad para cenar (aunque fuera relativamente pronto) en el restaurante que tiene el centro comercial en la última planta, que no es excesivamente caro y que sació nuestro ya muy engañado estomago. No quedaban fuerzas para seguir "turisteando" la ciudad. Solo lo que íbamos viendo a nuestro alrdedor mientras emprendimos el camino de regreso al hotel. Puestos y más puestos del Mercado de navidad y decoraciones de edificios como el de la Opera que estaba casi enfrente de nuestro alojamiento.

La vuelta al hotel a un ritmo infinitamente menor al que habíamos tenido por la mañana, pero muy contento de haber conocido al menos parte de esta bella ciudad. Descansados después de unas cuantas horas de sueño, quisimos aprovechar las ultimas horas antes de nuestro traslado al aeropuerto donde cogeríamos el avión de vuelta a Madrid. Lo primero fue desayunar, esta vez no lo habíamos contratado en el hotel por económia y como además queríamos confirmar el horario de trenes al aeropuerto decidimos hacerlo en un bar de la estación de trenes. Café y un exquisito pastel fueron suficientes para a continuación emprender nuestras últimas visitas a la ciudad. 

No teníamos ya el pase de transporte y como el barrio financiero se divisaba enfrente de nosotros decidimos ir a conocerlo.

Llegamos hasta el Banco Central Europeo y al edificio de la Bolsa más importante de Europa. Anécdotas con los empleados y algunas fotos fueron los últimos recuerdos que pudimos obtener de Frankfurt. Llegaba la hora de irse y emprendimos el viaje de vuelta, que  discurrió sin incidentes y en hora llegamos a Madrid. 

 

 

 

 

 

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