Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

Alemania y sus mercados navideños (4). Mainz y Heildelberg.

​​A primera hora de la mañana, después de desayunar en el hotel nos dispusimos a conocer Mainz (Maguncia) la ciudad natal de Gutenberg, inventor de la imprenta allá por el año 1440 y que daría no solo un cambio en la historia del libro, si no también en la sociedad en general.

El tiempo seguía siendo bueno para disfrutar de la ciudad y andando como hicimos el día anterior nos dirigimos hacia a la Catedral. Habíamos leído algo de la historia de Mainz. Fue una población celta que se asentó en la orilla izquierda del Rhin. Más tarde ocupada por los romanos en el año 38 a. C.,la llamaron Moguntiacum y debido a su estratégica posición fue capital de la Germania superior.

Con el resurgimiento del cristianismo, Mainz llegó a ser arzobispado y en el siglo XII se empezó la construcción de la Catedral o Kaiserdom denominada así porque se realizó durante la época Imperial, conservando el estilo románico casi intacto hasta la actualidad. Aunque más tarde, durante los siglos XII y XIV se añadieron varias capillas góticas, así como el claustro que es del mismo estilo, la Catedral conserva imponente el ambiente que reflejaba los valores de la nueva sociedad feudal, que a la vez era guerrera y cristiana.

La Catedral está dedicada a San Martín y San Esteban y tiene por tanto dos coros, uno dedicado a cada Santo. La verdadera atracción de la Catedral es el altar de la Virgen María en la capilla Ketteler con la imagen de la llamada “hermosa maguntina”.

A 10 mn andando desde la Catedral, se encuentra el Museo Gutenberg. Frente al museo, destaca junto a una zona ajardinada una estatua moderna de Gutenberg del escultor finlandés Waino Aaltonen.

En la puerta grupos de escolares esperando a entrar con sus profesores ya que como vimos después el museo es extremadamente didáctico. Pagamos la entrada (5€) y accedimos al interior. Explicado todo en varios idiomas, tenían colecciones de papeles y papiros, maquinas de cientos de años de antiguedad y cuadros con retratos de personajes ilustres de la época de Gutenberg.

Estábamos hablando entre los dos cuando se acerca una chica hablándonos en español presentándose como una de las responsables de guiar escolares en el Museo. Era española, creemos recordar que de Zaragoza y que muy amablemente nos indicó que debíamos ver con interés. Nos explicó que la pieza más valiosa del museo era una de las primeras Biblias que imprimió Gutenberg y que supuso el comienzo de la edad de la imprenta. También hizo referencia a lo bien que se encontraba trabajando allí, aunque echaba de menos su tierra natal, sobre todo cuando hacía mal tiempo. Una semana antes de ir nosotros, nos dijo que tenían la nieve encima de las rodillas en toda la ciudad.

Bueno, pues visita interesante que acabó con un cafetito en la cafetería del museo. Seguimos nuestra ruta hacia la ribera del rio Rhin y nos topamos con varios monumentos interesantes, asi como con palacetes y residencias de estilo neoclasico y barroco.

Uno de ellos fue la torre "Woodtower" que en realidad es una reconstrucción de la original bombardeada y destruida en la segunda guerra mundial. La torre original fue una de las puertas de la ciudad amurallada de Mainz en tiempos medievales. La torre estaba construida en piedra y su nombre deriva del hecho de que solía ser un punto de recogida de troncos de árboles cerca.

Era muy agradable contemplar las calles paseando por ellas, lo que quizás sea lo más destacable de Mainz... Su arquitectura. Y así llegamos hasta la misma ribera del río Rhin donde la calma, la paz y el sosiego se dejan entrever a través de un parque lineal que sirve de testigo natural a corredores, ciclistas y paseantes.

Desde allí al centro tipico de Mainz, el llamado Alstadt (casco antiguo), un barrio de calles estrechas y con casas con vigas entramadas preciosas y perfectamente conservadas y con antiguedad algunas de ellas de más de 4 siglos. Sus dos calles principales son el Agustinastrasse y Kirchgarten (Calle del campo de cerezos).

La primera calle, Agustinastrasse es la calle comercial, llena de tiendas con escaparates dispuestos de forma exquisita y con multitud de cafés, no pudimos resistir la tentación de entrar en uno de ellos y fijaros como nos lo sirvieron. Es lo normal o... ¿Nos verían enamorados?

​Pasamos a la segunda calle, Kirchgarten. En esta calle proliferan las tabernas y las biergarten o cervecerias. Todas las casas con encanto especial y por supuesto adornados con flores en las ventanas. Es sin duda la parte romantica de la ciudad. ¡Y a nosotros nos afectó!

A unos minutos andando nos encontramos con la Augustinerkirche (Capilla de San Agustín) ejemplo del barroco tardío o rococó en su interior. La fachada es una combinación de barroco y neoclasico. De mención, el magnifico órgano del siglo XVIII, construido por la en su momento famosa familia Stumm, siendo uno de los pocos órganos barrocos que quedan en Europa central.

Ya tocaba volver al hotel a recoger las maletas y de allí a la estación de trenes para llegar a nuestro nuevo destino. En el camino, nuevamente esplendidos edificios de color rojizo que nos hacian parar para sacar fotos recuerdo con ellos.

.Acababa nuestra estancia en Mainz, Maguncia, y no nos defraudó, nos pareció una ciudad preciosa y sus gentes muy amables. Cogimos el tren en hora, aunque sin tiempo para almorzar. Ese día tocó comer un par de sandwiches que compramos en la estación.En apenas 40 mn. nos presentamos en la estación de Heildelberg y a pocos metros de ella teníamos reservado el hotel Ibis en el que por 70€ habíamos conseguido una habitación con desayuno incluido

Heildelberg es uno de las ciudades más visitadas de Alemania, con casi 12 millones de visitas anuales. Su castillo se ha convertido en la 4ª atracción turística más famosa, por delante de la puerta de Brandenburgo de Berlín. http://www.germany.travel/en/towns-cities-culture/top-100/germany-travel-attractions.html

El castillo de Heildelberg se encuentra parcialmente derruido, pero aún presenta un aspecto imponente. Una paradoja el ver un monumento tan esplendido en casi un estado de ruina, pero le da un aire de misteriosa majestuosidad.

Construido en torno a 1300 durante cuatrocientos años fue un símbolo del poder feudal. A pesar de haber sufrido varias guerras, los peores daños del castillo y que condujeron al abandono del mismo fueron culpa de unos rayos que lo alcanzaron en el siglo XVII provocando un incendio descomunal que lo dejó casi en ruinas.

Durante los siglos XVIII y XIX el Romanticismo de la época intentó dar un empuje a la posible restauración del imponente castillo. Victor Hugo, Mark Twain o William Turner fueron algunos de los personajes que ensalzaron su encanto y apoyaron su resurgimiento.

Por supuesto la entrada estaba rodeada de tenderetes con puestos de articulos de navidad. Pasamos al interior del recinto con la misma entrada que adquirimos el funicular y que da derecho a pasar a diferentes estancias del castillo.

Nos fijamos en las preciosas fachadas renacentistas de los edificios que rodean el patio y optamos primero por salir a ver el balcón terraza desde donde se divisa la ciudad y las montañas que la rodean, antes de que la luz solar se apagara.

Una vez hechas las fotos de rigor y de contemplar las maravillosas vistas que desde allí se observan, nos dirigimos al interior de uno de los edificios del complejo.

Y aquí más records. La botica-farmacia más antigua de Alemania y que ha sido escenario en alguna película de la serie Harry Potter.

Más adelante y en las bodegas otro record; la Großes Fass, una enorme barrica de vino de madera de roble con capacidad para 220.000 litros de vino. La más grande de Alemania también y quizás, aunque no comprobado de Europa.

La noche ocupó su lugar y nos indicó que era hora ya de bajar a la ciudad y descansar un poco de tan ajetreado día. Nos distrajimos viendo los puestos del Mercado de Navidad, pero esta vez no íbamos a beber un vino caliente de pie. En cuanto vimos un sitio con encanto entramos. Pedimos una cerveza local con el mismo nombre que la ciudad y un chocolate a la taza. Disfrutamos de un merecido descanso antes de continuar descubriendo Heildelberg.

Fuimos observando las curiosidades de la ciudad, como las farolas de las calles y los distintos escaparates. Hasta vimos un museo de bastones, que aparte de original debe ser de los pocos que existan en el mundo dedicados a este objeto. Para cenar, elegimos un local de lo más típico de esos en las que tienen las camareras con vestidos regionales y como había hambre, saboreamos un magnífico codillo.

Antes de ir al hotel debíamos cumplir con la tradición de todo visitante de Heildelberg. Ir al Puente Viejo y tocar la estatua del mono para que nos diera buena salud y podamos algún día volver a allí.


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