Maravillas de Asía (13). Junio-Julio 2015. Singapur, la perla de Asia.

 

DíA 4 DE JULIO DE 2015

 

Bajamos a la recepción del hotel, nos habían preparado dos bolsas de desayuno para llevar y habían llamado a un taxi que de forma puntual llega a la 05:30h para recogernos en la puerta, afortunadamente a esa hora había poco tráfico y llegamos con tiempo de sobra al aeropuerto de Yogyakarta. La carrera nos costó 50.000 rupias (4 €). El caos que vimos en la puerta de entrada... ¡Brutal! Acababan de abrir el aeropuerto. La gente cargada de bultos como en los autobuses de los años 60 en España, solo faltaban y quizás las había gallinas y pollos.

 

Dentro era imposible avanzar, el aeropuerto es enano, al fin vimos la indicación de los mostradores de Air Asia y nos pusimos a la cola con nuestras tarjetas de embarque. La gente se colaba y los vigilantes no hacían nada. Un desastre. Al fin llegamos y sin ningún problema nos facturaron las maletas. Desde ese momento, dudamos en si llegarían al destino. Entre la multitud buscamos el control de pasaportes, nos ponemos en la cola al lado de una fila de unas 50 ó 60 mujeres con burka que estaban apartadas de la cola y que nos impresionó. 

 

Nos toca el turno en el control de pasaportes y de pronto avisan a un guardia, no nos sellan el pasaporte y nos llevan a los dos a una habitación ínfima sin aire acondicionado y el tipo sin cambiar el gesto de la cara nos dice que no podemos salir del país por Yogyakarta... ¿Cómo? ¿Y eso por qué? respondimos. Sigue diciendo que a Singapur solo podemos volar desde Bali o Yakarta. Nos enseña una carta en la que dice que algunos aeropuertos no dejan salir sin visa de entrada. Le dijimos que en Bali, al ser menos de 30 días de estancia estábamos exentos de visa. Le daba igual, nos indicó que debíamos volver a Bali o ir a Yakarta para salir del país.

 

 

¡Sudábamos tinta! Casi las 7 de la mañana y el vuelo salía a las 7,35h. Preguntamos entonces si no había ninguna solución para esto. Contestó que sí, que si pagábamos 35 dólares cada uno se podría arreglar. En ese momento pensamos... ¡Mafia policial! Lo habíamos visto en Bali, como paraban a los coches en los que conducía un extranjero solo para chantajearlos y sacarles dinero. No aceptaba ni tarjetas de crédito ni euros, rupias no teníamos ya y cajeros automáticos cero. 

 

Menos mal que siempre viajamos a estos lugares con algún que otro dólar. Pagamos con 100 dólares y la vuelta de 30$ nos la dio en rupias. Puso un sello en el pasaporte y pasamos a la única, pequeña, incomoda y triste sala de espera internacional. 

 

¿Y este es el aeropuerto que tenía saturación de tráfico aéreo? Lo que no deben de tener son suficientes controladores. El caso es que ya estábamos esperando nuestro avión a Singapur. Nos veíamos contratando un taxista para llevarnos a Yakarta y comprando billetes para Singapur ¡Por favor, no viajéis a Asia sin dólares americanos! ¡Si no llegamos a tenerlos nos quedamos en tierra!

 

Lo único que tenía bueno la sala era wifi gratuito y de esa manera viendo la página web de la embajada de Indonesia en España, vimos la misma carta que nos enseñó el policía. Era verdad, no era mafia policial, desde algunos aeropuertos piden la visa para salir o entrar del país. Esto cambió dos días antes de irnos y por lo tanto no lo sabíamos y tampoco nos dijeron nada en nuestra entrada por Bali, donde en principio sí pensábamos pagarla porque no teníamos noticia de la exención del pago de la visa. Os aconsejamos si vais a viajar a Indonesia, consultar antes en la página de la embajada, evitando un disgusto como el que tuvimos nosotros. Aquí os dejamos el enlace de los visados en Indonesia (http://embajadaindonesia.es/los-45-paises-cuyos-ciudadanos-no-se-requieren-visado-al-entrar-en-el-territorio-indonesio/), eso sí, para españoles.

 

Por fin, el vuelo despegó en hora, volvimos a ver el espectáculo de los volcanes emergiendo de las nubes, tomamos el desayuno que nos dieron en el hotel porque en el aeropuerto fue imposible y el vuelo transcurrió tranquilo hasta Singapur.

 

Cuando entramos en el aeropuerto de Changi de Singapur considerado el mejor del mundo, nos dimos cuenta de la diferencia cultural y económica que había con los países que habíamos visitado. Singapur no tiene que envidiar nada de cualquier país desarrollado, es más, ellos tendrían que envidiar a Singapur. Hay un estudio de bancos americanos que asegura que dentro de 20 años Singapur tendrá la mayor renta per cápita del mundo, por encima de Qatar o Emiratos Árabes. Nuestras maletas llegaron al fin bien y cambiamos unos cuantos euros y las rupias del policía por dólares singapurenses.

Cogimos un taxi, que nos hizo un recorrido espectacular pasando por las zonas más importantes, vaya pasada lo que estábamos viendo, edificios, parques, monumentos, avenidas. Una media hora duró el recorrido hasta el Hotel Holiday Inn Express Singapore Clarke Quay y el costo fue de 20 SGD (13€).

Llegamos al hotel sobre las 12:00h. Y  el mostrador con 4 recepcionistas facilitó que con rapidez nos dieran la habitación.

 

Dejamos las maletas y no resistimos la tentación de conocer la piscina con paredes de cristal que había en la azotea. Bañador, camiseta y toalla y a remojarnos un rato.

La piscina es una gozada con unas vistas preciosas divisando prácticamente toda la ciudad. Disfrutamos bastante de ella y la verdad es que nos reanimó del del sustazo mañanero en Yogyakarta.

Sobre las 14:00h. Emprendimos nuestro "turisteo" por la ciudad, aprovechando que estaba nublado y con una temperatura agradable.  Llegamos andando  Chinatown, a unos 800 metros de nuestro hotel, y nos dispusimos a realizar una ruta por el barrio. 

El primer objetivo era el Templo Hindú más grande y más antiguo  de Singapur (Que se encuentra en el barrio chino y no en el hindú) Sri Mariamman Temple  que se encontraba cerrado por trabajos de mantenimiento, pero sí pudimos disfrutar de la belleza del exterior y pudimos conseguir alguna instantánea del interior.

El templo está dedicado a la diosa Mariamman, conocida por el poder que tiene para curar enfermedades. Su gopuram (torre) es imponente y  si es tu primer templo hindú , como era nuestro caso, te puedes pasar un buen rato contemplando la sucesión interminable de estatuas y escenas. La siguiente parada fue la mezquita Jamae o Jamae Mosque fue construida en 1826 por inmigrantes tamiles musulmanes.

Llama la atención por el estilo ecléctico que le caracteriza, con una mezcla de estilos arquitectónicos chino, angloindio y malayo, comenzando por su fachada con el estilo característico del sur de la India y las salas de oración en estilo neoclásico.

 

Nuestro siguiente objetivo, por fin, era un templo chino, el grandioso Buddha Tooth Relic Temple  que se encuentra en el corazón de Chinatown y fue construido específicamente para albergar lo que sus fieles creen ser una reliquia de Buda en forma de diente.

 

El templo es reciente, habiendo sido inaugurado en 2007.

 

Entramos (para visitar el templo debes vestir ropa considerada adecuada: No se permiten camisetas sin mangas y pantalones muy cortos) y fue imponente lo que allí presenciamos. Monjes, rezos, música, asombrosa decoración, olores... ¡Una maravilla! Lo recorrimos fijándonos en cada detalle, acompañados de los rezos budistas.

 

Es un templo muy bonito, ricamente decorado y con varias estatuas de Buda en su interior. Cuando íbamos a subir a la planta superior donde se encuentra la reliquia "el diente de Buda" nos encontramos con Olivier, un amigo de Vero que también conocimos en Bali ¡Vaya casualidad! La reliquia está guardada en una estupa (construcción budista para guardar reliquias) hecha con 320 kilos de oro donados por devotos, el templo contiene exhibiciones relacionadas con la cultura y la religión de Singapur.

No se pueden hacer fotografías. Paseamos con Olivier y nos tomamos un refresco mientras nos dio las indicaciones para conocer bien la ciudad ya que él había trabajado allí. Nos alegró mucho el encuentro y así se lo hicimos saber.

Estudiamos la red de metro de Singapur y fuimos a la estación de metro de Chinatown, muy bonita e impecable en todos los aspectos para sacar la tarjeta de transporte.

Ahora os explicaremos como funciona (es importante):

 

1.- Dirigirse a la ventanilla de atención al público. No a la taquilla.

2.- Comprar una tarjeta de transporte que vale 12 SGD (8€), 8 SGD para viajes y 4 SGD por la tarjeta.

3.- Si queréis aportar más, porque vais a utilizarla más, recargarla en las máquinas automáticas, de 10 en 10 SGD.

4.- Si os sobra cuando os vayáis, ir a la oficina de atención. Os devolverán el 50% importe de la tarjeta.

 

También se pueden sacar billetes individuales y en el dorso del billete pone que te devuelven una parte si lo recuperan. Pero no es así, te dicen que te la lleves de recuerdo.

 

Nosotros pensamos que para tres días y estando alojados en el centro, es más barato sacar billetes individuales. El metro, sin duda es de los mejores del mundo y todas las estaciones tienen escaleras mecánicas y ascensores hasta pie de calle.

Fuimos hasta la estación de Dowtown para cenar en el Lau Pasat dentro del distrito financiero o Bussines District, toda una institución con cientos de puestos de comida. Se come bien pero ya no es tan barato como habíamos leído. 

Calmada el hambre, vamos andando hacia la bahía, a una zona casi enfrente del Marina Bay Sands, emblemático edificio que consta de tres torres inmensas unidas por una pasarela en su parte superior, que además contiene la piscina infinita más famosa del mundo. Un trabajo superior de arquitectura e ingeniería.

A las 20:00 h. comienza un espectáculo de fuegos artificiales, unos minutos antes vimos gran número de personas que preparaban sus trípodes para hacer fotos. Impresionante el colorido que se ve, ya que combinan los fuegos con la iluminación de los edificios más representativos y eso todos los días del año.

Lo pasamos genial. A las 20:30 h. más... Toca el turno al juego de luces, música y agua del Marina Bay, impresionante también, pues consigue arrancarnos otra sonrisa. Acabado el espectáculo, decidimos seguir andando junto a la orilla hasta llegar al Merlion, estatua representativa e icono de la ciudad que es una mezcla de pez y león.

Ya contaremos el origen de ello. Precioso el paseo de noche con las terrazas iluminadas y los barcos que pasean por la bahía llenos de luces de colores como si fuera Navidad. Unas fotos con la estatua y seguimos andando hasta la estación de metro de Esplanade, no sin antes escuchar algo del concierto que todos los días y de manera gratuita se hace en el pabellón construido al efecto junto al mar.

Cogimos el metro hasta la estación del Clark Quay, donde se encontraba nuestro hotel y dormimos profundamente en cuanto nos tumbamos en la cama. 

 

 

 

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