Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

Ulcinj, ciudad entre dos culturas en la costa adriática de Montenegro ¿Y... Cervantes en ella?


Decíamos en el artículo anterior, "Bar y Stari Bar (Unesco), costa adriática de Montenegro" que cuanto más se avanza hacia la frontera albanesa, se ven más mezquitas y edificios de estilo otomano y la causa no es otra que casi el 80% de la población de Ulcinj son de etnia albanesa. Muchos aseguran que no es necesario cruzar la frontera albanesa para conocer cómo es su gente y cómo viven. Ulcinj es la ciudad montenegrina más meridional de su territorio en el extremo de la Costa Adriática. Es reconocida esta ciudad por su mayor número de días soleados del Adriático junto a la isla croata de Hvar, siendo uno de los destinos turísticos más destacados del país.

Sin duda podemos afirmar que la costa que discurre entre Bar y Ulcinj es una de las más espectaculares que vimos en este viaje. La carretera discurre por la montaña y cae en vertical hacia un mar intensamente azul, no pudimos hacer ni una sola fotografía porque no hay absolutamente ni un solo mirador, aunque en nuestras retinas quedaron guardadas estas imágenes. Otra de las imágenes impresionantes en este tramo fueron la cantidad de olivos, muchos de ellos centenarios que vimos a nuestro paso, calculan en la región de Ulcinj hay más de 90.000.

La comarca de Ulcinj no es solo un ejemplo único de la belleza mediterránea con playas de arena interminables, las montañas y la vegetación exuberante sino que también cuenta con un patrimonio cultural y arquitectónico de gran valor. Llegamos bastante tarde a la ciudad, cuando la caída del sol estaba casi finalizando. Nos costó encontrar el hotel porque estaba toda la ciudad nueva en obras. Habíamos elegido el Hotel Senator, que resultó ser uno de los mejores de todo el viaje y fue una pena no poder quedarnos un par de noches. Tenía parking gratuito y estaba a menos de 200 metros del lugar que nos recogerían al día siguiente para hacer la excursión a Albania.

La habitación era enorme con dos plantas y con vistas al mar. Realmente bonita como se ve en las imágenes, teníamos incluido el desayuno.

Tras una ducha, después del largo día que llevábamos, y ya completamente de noche, decidimos cenar en el restaurante “El Galeone”, que estaba al lado del hotel. Una buenísima opción porque la comida estaba deliciosa y la camarera había vivido en España un tiempo y hablaba un español perfecto y así como el propietario con el que tuvimos una amena charla sobre su país. Tocaba dar un pequeño paseo por la ciudad amurallada y en la que no pudimos hacer fotografías porque llevábamos solamente un móvil y se quedó sin batería. Cosas del directo!!!

En cuanto a qué ver en Ulcinj, destacaremos el casco antiguo situado en una pequeña península amurallada junto a la ciudad moderna. Las partes de más antigüedad de la muralla son de la época iliria, lo que le otorga una antigüedad superior a los 2500 años siendo una de las más antiguas del Adriático. Ilirios en la Edad del Bronce, Romanos, Griegos, turcos, piratas durante siglos y un sinfín de pueblos pasaron por este lugar dejando su impronta, haciendo de Ulcinj un mosaico histórico-cultural que hace las delicias de sus visitantes.

El casco antiguo es una ciudad antigua con calles pintorescas, angostas, empinadísimas y curvas, con casas de piedra y una serie de valiosos edificios de la época otomana. Los remanentes más antiguos de las paredes datan de la época iliria. En el siglo VI la ciudad tuvo dos puertas, la inferior por la que se podía acceder desde el mar y la superior que se puede acceder desde tierra y por la que se entra a la ciudad vieja.

Por desgracia, tampoco pudimos tener tiempo para darnos un baño en el Adriático, pero os aseguramos que Ulcinj posee las mejores playas de arena de este país, para nuestro gusto, mejores incluso que en Budva. Lo tenemos por asignatura pendiente, pero pasar unos cuantos días de verano en esta ciudad debe ser una gozada.

Interesante lugar con la Torre de Balsic que domina todo el entorno, El palacio de la ciudad que fue la residencia del administrador veneciano de la ciudad y una pequeña iglesia-mezquita frente a la cual se encuentra una pequeña plaza con soportales llamada La Plaza de los esclavos. Y es que en Ulcinj desde el siglo XVII se convirtió en unos de los mercados más prósperos de esclavos que eran capturados por los piratas, fundamentalmente, en la Apulia y Sicilia.

Cuentan que no se les utilizó para trabajos sino que se les mantenían como convictos para solicitar su rescate. Parece ser que hoy existe una pequeña comunidad descendiente de estos esclavos que no fue rescatada y permanecen en la ciudad desde el siglo XVIII, dedicándose a la agricultura y la navegación.

Y en este punto llegamos a una de las historias de Ulcinj que más nos sorprendió y más nos gustó: cuenta la leyenda que el mismo Miguel de Cervantes fue uno de esos esclavos de Ulcinj y que no habría sido encarcelado en Argel. Según esta historia, el nombre de Dulcinea, la amada de Don Quijote, vendría de Città d’Ulcino, que es el nombre que tenía la ciudad en ese momento. Una historia que es estudiada en los colegios de Ulcinj y que unos días después de nuestro paso por aquí leímos en la prensa que el 28 de mayo se inauguraba una escultura del mismísimo Cervantes de tres metros y medio para conmemorar el paso del escritor más universal por Ulcinj. ¿Su ubicación? En el Palacio de Venecia del casco Histórico.

Ya una vez en casa, buscamos información de este hecho y nos sorprendió la literatura que hay escrita sobre el mismo. La periodista Ángela Rodicio presentó hace un par de años su libro "Dulcinium: el amor perdido de Cervantes", un trabajo en el que realiza una interesante investigación en la que viene a decir que la Dulcinea de Don Quijote “no es una mujer sino un lugar frente al mar Adriático» en el que el manco de Lepanto sufrió cautiverio… y enamoramiento”.

Las palabras textuales de la periodista de cómo conoció esta historia: “El libro, explicó su autora, comenzó a nacer en abril de 1999, cuando estuvo en Ulcinj trabajando como periodista «para cubrir la campaña militar de la OTAN contra los serbios. Estaba haciendo una crónica sobre los refugiados albaneses de Kosovo, y cuál no sería mi sorpresa cuando todo el mundo, al saber que yo era española, me contaba que en una fortaleza que hay allí estuvo Cervantes prisionero, y de hecho hay un lugar allí que todavía se llama la plaza de Cervantes. Me quedé con una idea que hizo nacer en mí esa historia de 400 años que se ha ido pasando oralmente de generación en generación, pensamiento que se convirtió una especie de pulso, porque le he estado todos estos años como incubando, y al final lo escribí”.

Hasta aquí nuestro corto pero intenso paso por Ulcinj. Mañana más historias sorprendente de Montenegro y Albania.

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