Atienza y su Caballada. Guadalajara (Castilla-La Mancha)

Llegábamos a Atienza en la provincia de Guadalajara, a primera hora de la tarde después de haber visitado Cogolludo y el embalse de Alcorio en nuestra particular "Ruta por la Alcarria". La estampa que ofrece esta antigua villa medieval desde la carretera es muy llamativa, áridas llanuras y colinas bajas, donde destaca en lo alto de una de ellas, las ruinas del castillo, que fue nombrado en El Cantar de Mío Cid, refiriéndose a él como “peña muy fuerte”. Una pequeña ciudad con una gran atmósfera histórica.

 

Villa descrita por Camilo José Cela en su "Viaje a la Alcarria" y de sumo interés para quien la visita, pues es Conjunto Histórico Artístico  y sorprende no sólo por su fortaleza y recinto amurallado sino por un gran panorama de eventos culturales, como su "Caballada" y una gran gastronomía para disfrutar. Empezamos instalándonos en nuestro alojamiento para esa noche, el Hotel Convento Santa Ana, un convento del siglo XVIII transformado en un hotel del siglo XXI por un precio de 65€ con desayuno. Hotel correcto, limpio y que cumplió con nuestras expectativas.

Sabíamos que esa tarde tendría lugar la "Caballada de Atienza" y nos informamos en el hotel y con los vecinos que se cruzaban a nuestro paso de los lugares donde se celebraría. Mientras, pudimos dar un pequeño paseo por la villa. Atienza tuvo su apogeo en la época medieval y a menudo fue refugio seguro para los reyes de Castilla. Durante la Edad Media se construyeron iglesias, así como muros fortificados y hermosas mansiones, que pudimos admirar en nuestra breve andadura por algunas de las calles del pueblo.

Por fin, empezaba la fiesta más importante de este pueblo y nos dispusimos a presenciarla desde donde los vecinos nos indicaron que fuésemos. La "Caballada" es un fiesta popular típica por sus trajes que rememoran la historia del pueblo. Conmemora la galopada de los arrieros de Atienza en 1162 para salvar al rey Alfonso VIII de caer en poder de su tío Fernando II de León, que quería arrebatarle el trono. Se desarrolla todos los años el Domingo de Pentecostés y fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional en el año 1980. En 2019 fue un nueve de junio y si os interesa en 2020 será el 31 de mayo.

El hecho que originó la Caballada de Atienza fue que unos arrieros lograron sacar al Rey Alfonso VIII de la Villa cuando su tío la tenía sitiada el día de Pentecostés del año 1162. Dicen que los soldados del rey leonés creyeron que se estaba celebrando una romería en honor de la Virgen de la Estrella y que por eso los arrieros consiguieron salir sin ser vistos. Como agradecimiento, el Rey les concedió un Fuero que rige las órdenes de la Hermandad de la Santísima Trinidad desde hace más de 8 siglos. Esta hermandad es la encargada de mantener y recordar los hechos.

La fiesta comienza en la mañana del domingo cuando los hermanos de la cofradía, montados a caballo, se dirigen a la romería hasta la ermita de la Virgen de la Estrella, acompañados con el sonido del tamboril y la dulzaina. Allí tiene lugar la procesión con la imagen de la Virgen y una comida de hermandad; el cortejo regresa por la tarde para cruzar el pueblo y nosotros estábamos allí para acompañarlo.

 

Siguiendo a la Caballada por el pueblo pasamos al lado de una hermosa iglesia de origen románico (solo se conserva el ábside y una pila bautismal en ese estilo), en honor a San Gil, que alberga un museo de arte religioso.

Este museo se complementa con pequeñas secciones sobre arqueología y paleontología de restos encontrados en las inmediaciones, pero quizás la principal exposición cultural e histórica es la iglesia en sí, con un magnífico artesonado mudéjar en el techo y su puerta plateresca. 

Llegamos junto a la cofradía al la Plaza Mayor del pueblo. De forma triangular, y en cuesta, tiene dos de sus costados ocupados por soportales, y casas señoriales de variadas épocas que ostentan los escudos de las familias propietarias en las fachadas..Destaca el palacio del siglo XVI que es ahora la Caja de Ahorros Provincial, el Ayuntamiento con su patio y su torrecilla del reloj, y la fuente del siglo XVIII. Atienza se encuentra dentro del Camino de Santiago, en la Ruta de la Lana.

Un tradicional espacio de encuentro de vecinos y visitantes, que los resguarda de las inclemencias del tiempo en sus singulares soportales y que cuando brilla el sol, se pone "guapa" con sus ornamentos florales. Aún con solo 500 habitantes, Atienza es visitado por numerosos viajeros ya que se encuentra en la ruta del exilio de El Cid y también en la ruta de Don Quijote que une los lugares mencionados en el famoso libro de Miguel de Cervantes.

Seguimos el camino hasta la parte alta de la villa y lo hacemos a través de la gran portalada a la que en Atienza llaman Arco de Arrebatacapas, situada en el punto medio de la cuesta que va de la Plaza Mayor a la Plaza del Trigo. Está arropada entre edificios y murallas, con aspecto solemne y donde se percibe un estruendoso eco de los cascos de los caballos de la Caballada. Puerta medieval espectacular que permite acceder a la villa amurallada,de la misma manera que hace siete siglos. Su curioso nombre viene del hecho de que durante Pentecostés, el viento que circula siempre por esta, hacía volar las capas de los cofrades.

Y llegamos a la hermosa Plaza del Trigo, antigua plaza principal de Atienza con sus casas de entramado de madera, encantadores edificios decorados con escudos de armas, que pertenecieron a los residentes ricos de Atienza en la época medieval. La plaza es originaria del siglo XVI y era donde se instalaba el antiguo mercado.

En uno de los laterales está la Iglesia de San Juan del Mercado, su construcción comenzó en el siglo XII y finalizó en el siglo XVI en estilo renacentista y dedicada a San Juan Bautista. Su fachada de líneas clásicas está reforzada por contrafuertes de sillería y la puerta principal que está abierta a la Plaza del Trigo tiene un arco de medio punto. 

En su interior la planta es de tres naves separadas por columnas cilíndricas con bases octogonales. Tiene un lujoso retablo dorado de estilo barroco y enfrente del Altar Mayor está el coro con el impresionante órgano.

Los jinetes de la Caballada se reúnen en esta plaza, donde se invita a vasos de vino de misa, dulce y con potente graduación que hay que beber con cuidado.

Estuvimos lo suficiente como para tomar algunas fotos y degustar un vaso (solo un vaso) del vino misal que nos ofrecieron. Y mientras. la multitud disfrutaba de su fiesta popular y hacia tiempo antes de las galopadas en el campo próximo, tiempo que aprovechamos para subir al castillo.

El Castillo de Atienza está encaramado de manera irreal sobre una roca, pareciendo una extensión natural del risco sobre el que se asienta. Tiene antecedentes romanos, visigóticos y árabes. Finalmente fue reconquistado a los moros por el rey cristiano Alfonso VI en 1085 y ahora solo es una ruina ventosa testigo de la historia que goza de fabulosas vistas sobre la meseta castellana.

El castillo se empezó a construir en el siglo XII y, aunque ahora está en ruinas, la torre alta, antigua de homenaje de planta rectangular y tres pisos, domina el horizonte de los alrededores. Es necesaria una parada para admirar el casco urbano del pueblo desde allí. Desde allí pudimos distinguir a la Iglesia de la Santa María del Rey.

La iglesia, románica, fue la primera en construirse tras la reconquista de Atienza en el siglo XII, sobre el emplazamiento de una antigua mezquita. Sufrió modificaciones en los siglos XIII, XVI y XVII, quizá debidas al deterioro de la iglesia.

 

Antes de la visita a la villa nos dirigimos a uno de los últimos actos de las "caballadas", el galopar de los hermanos de la cofradía. Los cofrades compiten en carreras furiosas por los arrabales de Puerta Caballo, un campo abierto situado a un kilómetro del centro urbano. Por último, proceden a elegir un nuevo hermano mayor ante la Iglesia de la Trinidad.

El presidente de la Cofradía recibe el nombre de prioste y los que han ostentado este cargo algún año, llevan capa y sombrero, mientras que los demás visten curiosas chaquetillas bellamente bordadas. Desde aquí vuelven a la Plaza alta donde se despiden hasta el próximo año.

 

Nosotros volvimos al pueblo a cenar, donde degustamos unos sabrosos embutidos en uno de los bares de la Plaza Mayor y regresamos a nuestro hotel para descansar, porque al día siguiente habría más cosas que ver. 

 

 

 

 

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