Isla de Santiago. Lugares de interés (II). Cabo Verde.

La isla de Santiago esconde sorpresas, una de ellas es Tarrafal, el pueblo más al norte de la isla, al que fuimos después de visitar Assomada. Este pueblo encierra una triste historia que nos dejó con los pelos de punta. En las afueras del pueblo se encuentra lo que fue un antiguo campo de concentración. conocido como el campo de la muerte lenta, una colonia penal fundada por el dictador portugués Salazar que por su significación histórica, ha sido incluido en la Lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad, por lo que si queréis saber de él, ¡Sí. eso! Tenéis que leer el artículo que hemos escrito en exclusiva sobre: El campo de concentración de Tarrafal (UNESCO). Cabo Verde. 

De modo que a continuación, os vamos a relatar la cara amable de Tarrafal. El presente de este pueblo y que vemos con nuestros ojos es el de un lugar de ocio y relajación para turistas y de vida sencilla para locales. Las barcas de vivos colores acababan de llegar a la playa y la gente separaba y limpiaba el pescado recién capturado.

Muy curioso lo que observaban nuestros ojos y quisimos ver más de cerca el deambular de cubos de pescado en las cabezas de las mujeres, las discusiones (que las había) entre quienes debían de hacer de porteadoras y quienes de limpiadoras. El trajín de los hombres con las redes y en general la vida tan particular de este bello rincón de la isla.

Tarrafal es un gran lugar para relajarse, nadar, bucear y disfrutar de comidas deliciosas. La hermosa playa está rodeada de árboles y ofrece mucha sombra con palmeras cocoteras que nacen sobre la arena blanca. Otro de sus atractivos es la forma de media luna que ha modelado el acantilado que la protege. 

Una auténtica playa pública donde comparten los baños tanto los lugareños como los visitantes, un espacio de ocio y encuentro entre razas.

Ya era hora de comer así que buscamos una terracita frente al mar para degustar pescado fresco y marisco, como no podía ser de otra manera.

Antes de partir hacia nuestro próximo destino nos detuvimos en la Iglesia de San Amaro, recién restaurada y donde la madera de la techumbre lucía perfecta.

Reemprendimos la excursión alrededor de la isla de Santiago después de una espléndida comida y la continuamos por una incómoda carretera de adoquines que recorre la costa este. Pueblos muy humildes se salpican de vez en cuando en la costa de lava, pero también existen calas de arena casi desconocidas, excepto para los pescadores de la zona que varan allí sus barcas.

Paramos por fin en Calheta de Sao Miguel, un pueblo de unos 3.000 habitantes, que decora sus muros y escaleras con vivos colores y que tiene una cuidada y aseada plaza de frente al mar. No dudamos en pasar un largo rato  observando la bahía y la maravilla de pinturas que se repartían por las viviendas.

Y desde allí a Pedra Badejo donde vimos mucha miseria y gente que cargaba bidones enormes de agua, imaginamos por no tener agua corriente. Sin embargo, los niños no pierden la sonrisa y les vimos contentos y disfrutando de su negra e inusual playa negra.

Finalmente, nuestro conductor se alejó de la carretera costera para regresar a Praia. Vimos valles y barrancos verdes repletos de palmeras cocoteras y de plataneras que nos recordaba mucho al paisaje de Gran Canaria, rematado al fondo por las montañas serradas en las que habíamos estado por la mañana. Son los valles cultivados de la Isla de Santiago de Cabo Verde.

Una isla que merece ser visitada en toda su extensión, una isla que nos regaló la esencia de este país africano, una isla en la que pasar varios días empapándose de la cultura caboverdiana, de la comida, de la música y de sus gentes. 

 

 

 

 

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