El hotel de la "pulserita". Canadá-México, verano 2016 (5)

Ante todo decir que este artículo no es una publicidad encubierta del hotel en el que estuvimos alojados, ya que nadie nos ha invitado a escribir sobre el mismo y las opiniones son totalmente subjetivas fruto de nuestras experiencias allí. No hemos tenido más descuento que los proporcionados por nuestras tarjetas de fidelización y las promociones obtenidas para el público en general y conseguidas con la antelación suficiente. Dicho esto, pasamos a relatar nuestro paso por un hotel de “pulserita”. 

Una de las primeras preguntas que nos hicimos cuando escogimos el viaje de este verano, era que tipo de hotel íbamos a contratar en las playas del mar Caribe de Cancún.

En cuanto vimos la diferencia de precio entre la zona hotelera y el centro de Cancún y antes de ponernos a investigar sobre la zona, nos dimos cuenta que era obvio que si queríamos disfrutar de unos días de descanso y relax tendríamos que alojarnos en la zona hotelera y con la opción del  “todo incluido” para aprovechar la estancia en las playas de la zona.

En principio, la formula de la “pulserita” ocasionaba tumultos de veraneantes, inmensos buffets con comida poco sugerente, los animadores motivando y otras veces, incluso obligando a participar sin preguntar. Por eso, nosotros no habíamos tenido en cuenta nunca la posibilidad de alojarnos en hoteles de ese tipo y más después de una nefasta experiencia en Tenerife, que, aunque estábamos en régimen de media pensión en un hotel Sol Meliá, vimos y vivimos el ambiente y desde luego no nos quedaron ganas de repetir la experiencia.

Pero la cadena Sol Meliá se dio cuenta de que el modelo tal y como estaba planteado no cuajaba y reinventaron el mismo con las marcas “Me” y  “Paradisus” como un “up -grade” de sus “resorts all inclusive”. O te dedicas al lujo y al cuidado del cliente o te dedicas a los buffets en masa, pero imposible estar en los dos segmentos de público a la vez en el mismo hotel.

La clásica opción del hotel “todo incluido” en hotelazos junto al mar, se ha consolidado a lo largo de las últimas décadas como una de las preferidas para aquellos turistas que sueñan con llegar al punto de destino y relajarse sin límites para comer, beber y descansar. En realidad fue un invento para americanos y europeos de clase media y media-alta (dependiendo de zonas y cadenas hoteleras), que sigue siendo el “Huevo de oro de la gallina” de las cadenas hoteleras.

Tuvimos en cuenta nuestras posibilidades económicas, leímos la publicidad de distintos hoteles y nos llamó la atención que los hoteles “Me” de la cadena Meliá estaban dirigidos al público adulto y por lo tanto, los llantos, gritos, carreras, tropezones, etc de los niños te lo evitas, así que esa fue nuestra opción… El hotel Meliá Me Cancún.

 

Y además, ¿Por qué no? Podíamos por primera vez experimentar la formula de ir a un hotel de alto nivel con “pulserita” para no preocuparnos de nada. Esa fórmula que tan exitosa ha sido en el turismo de playa. Una opción indiscutiblemente cómoda, confortable y sin posteriores sorpresas para la cartera. También este año íbamos un poco cansados y necesitábamos un relax antes de realizar las excursiones y visitas a la península del Yucatán.

Llegamos al hotel en taxi desde el aeropuerto (30€) y desgraciadamente sin maletas ya que Air Canadá las dejó en Toronto. Y primer punto positivo para el hotel. El jefe de botones (Ramón) un profesional indudable, se encargó desde el primer momento de hablar con el aeropuerto, (las maletas vinieron al día siguiente) de avisarnos con cualquier incidencia, de adelantar nuestro alojamiento a pesar de haber llegado antes de la hora del check in, de facilitarnos cargadores de móvil que no teníamos, de enseñarnos el hotel y de responder a cualquier pregunta que le hacíamos. Un gustazo tratar con él, es la amabilidad personificada. 

Con más de 400 habitaciones y concebido como una recreación de arte original (preciosas las esculturas y murales) cuenta con zonas bien diferenciadas, con la misma armonía y apariencia, que hacen que puedas disfrutar desde la llegada de una sensación de cuidado detalle, mimo y calidad. Lujo en el entorno y en el trato. Las respuestas del personal acabadas con “Un gusto” o “Un placer” llevándose la mano al corazón arrancan una sonrisa del cliente. Las opciones para los adultos están bien definidas y consiguen su único objetivo, que quieras volver.

 

Su moderno y espacioso hall de entrada da una bienvenida personal y dedicada como si de un pequeño hotel boutique se tratara. Nunca crees que estás en un hotel de 400 habitaciones y no tienes la sensación de ser una oveja más de un rebaño a la espera de que te den una habitación después de horas de vuelo.

 

Una bienvenida que no se corresponde con lo que hasta ahora se conoce por “todo incluido”, nos referimos a las colas, autobuses y voces que desde el minuto cero se identifican con todo menos con el lujo. A disposición todo el personal necesario para no hacer esperar a nadie. Al igual que el equipo de mantenimiento que de forma rápida acude a la habitación si existiera algún contratiempo. 

Todo está preparado para disfrutar de unas lujosas vacaciones, en el caso de que se entienda por lujo: un desayuno con un buffet donde la selección de zumos y panes es realmente espectacular, así como la variedad de cocina, internacional, asiática o mexicana, es fantástica. Una relajación posterior en buenas hamacas, en la playa, con servicio constante de adecuación de sombrillas y servicio de camareros a pie de playa. Cuatro restaurantes interiores diseñados al detalle, dos restaurantes exteriores junto al mar, todos ellos a la carta y llevados por chefs y equipos seleccionados de diferentes lugares del mundo; toda clase de bebidas y refrescos en los bares servidos con rapidez y con trato exquisito. 

Y la habitación, pues si no la definimos como perfecta, cerca nos quedamos, inmensos ventanales, equipo audio musical con conexión inalámbrica, pantalla de TV de gran tamaño, baño equipado para dos personas, con dos lavabos, cuarto de ducha integrado y bañera hidromasaje. La cama de 2x2 inmensa y comodísima. Mini bar en la habitación gratuito repuesto a diario. Una gozada vamos.

Pero también hay pegas, sobre todo una. A partir de las 18:00 y hasta las 02:00-03:00 todos los días la música de los DJs de turno con su música electrónica que acaba por cansar, pero claro, la mayoría de los clientes del hotel era gente joven, en algunos casos muy jóvenes. Total, que no solo por el calor, si no por la música, la ventana para dormir cerrada. 

 Otra pega, la permisividad. Obligan a ir en pantalón largo a las cenas, pero sin embargo nadie dice nada cuando un turista entra en bañador en el ascensor o se pasea en bikini por el hall del hotel. Pero peor, es que existe un trabajador metido constantemente en la piscina exclusivamente para limpiar los vasos, restos de comida o colillas de cigarros que dejan los clientes en el recinto y nadie les llama la atención. 

 

Otro tema, es cuando la alegría de los jóvenes (americanos) se desborda y empiezan a bailar encima de la barra del bar de la piscina haciendo caso omiso de la advertencias del vigilante de piscina.

 

La seguridad indiscutible, todo un equipo velando por ella en el hotel, la playa y apuntando cada salida o entrada por excursiones o paseos. El transporte al hotel sin problemas, con los autobuses que van por la zona hotelera y que te dejan en la puerta. Te llevan a Cancún o a diferentes lugares y centros comerciales de la zona hotelera por 11,50 pesos, unos 60 céntimos de euro.

 

¿Recomendable? ¿Cómo íbamos a decir que no? Nuestra estancia fue agradabilísima y desde luego volveríamos. ¿Caro? Pues según se mire. Un hotel en Cancún ciudad cuesta 4 veces menos, pero hace falta transporte a una playa pública (alejada bastante del centro) comer y cenar, pero sobre todo la cantidad de líquidos (agua, refrescos y zumos) que hay que ingerir durante el día y que en un hotel de la zona hotelera están a tu disposición en cualquier momento. Añadimos las cervezas, copas o las salidas nocturnas que se hicieran y la diferencia se reduce considerablemente.

No obstante, la estancia en un hotel como el nuestro, es mero capricho o como se dice vulgarmente “un homenaje” que nos merecemos y no hay que darle más vueltas que disfrutar de lo que se tiene. ¿Repetiremos experiencia? Segurísimo que sí.

                                         

 

 

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