Zorita de los Canes y el Parque Arqueológico de Recópolis. Guadalajara (Castilla-La Mancha).

La Villa de Zorita de los Canes fue la segunda visita que hicimos en la provincia de Guadalajara en nuestra Ruta en coche de 3 días por Guadalajara y Madrid o nuestro  "Viaje por la Alcarria". Bañada por el río Tajo, fue fundada como ciudad andalusí para posteriormente, pasar al Califato Cordobés y ser recuperada por los cristianos en el siglo XI. Turísticamente posee dos atractivos culturales de suma importancia. Por un lado, podemos encontrar su castillo de origen musulmán situado sobre una loma que permite ver la comarca a kilómetros a la redonda. Por otro lado, podemos observar los restos de la única ciudad visigoda en Europa que se construye sin asentamiento previo, Recópolis, que ocupa unas 33 hectáreas y está rodeada de una muralla con torres y varias puertas de acceso. Como era pronto y no vimos un bar donde tomar un café, nos dirigimos primero a los yacimientos de la antigua ciudad visigoda.

El yacimiento cuenta con un centro de interpretación moderno y bien dotado, con réplicas de los objetos más destacados hallados en Recópolis, desde el tesoro de monedas de oro hasta copias de los capiteles, ambos custodiados en el Museo Arqueológico Nacional. Un vídeo de presentación explica en pocos minutos qué significó la desaparecida ciudad palatina.

 

Los orígenes de esta ciudad se remontan al siglo VI, cuando el monarca visigodo Leovigildo se encontraba en la cima de su reinado. Para reflejar su poderío indiscutible en la mayor parte de la Península y sureste de Francia, ordenó levantar esta ciudad palatina junto al río Tajo, La urbe, con palacios, basílicas y casas nobiliarias, fue destruida por un incendio a finales del siglo VIII. Más de un siglo de investigaciones arqueológicas en las que colaboran las universidades de Harvard y Frankfurt han permitido recrear su antiguo esplendor.

El mítico complejo palaciego de 33 hectáreas (22 de ellas amuralladas), llegó a ser una especie de Versalles visigodo, que dio origen, a su vez, a otra ciudad más, a escasamente un par de kilómetros, la espectacular Zorita de los Canes (Guadalajara). Actualmente convertido en un parque arqueológico visitable que permite adentrarse en una de las épocas más oscuras de la historia española. Para obtener información sobre el parque arqueológico lo mejor es visitar su página web: RECÓPOLIS

La ciudad palatina de Recópolis se alzaba como hemos mencionado anteriormente a orillas del río Tajo, en la actual provincia de Guadalajara, lo que permitía su conexión fluvial con la capital visigoda, Toledo. El reino de Leovigildo se extendía por casi toda la Península, incluido el sureste de Francia. Como muestra de su inmenso dominio, decidió levantar ex novo una ciudad, la única construida en el Medievo de nueva planta por iniciativa propia y donde ocuparía el centro de su reino. La llamaría Recópolis, en honor a su hijo heredero, Recaredo. El yacimiento se encuentra a unos 500 metros del Centro de Interpretación, así que iniciamos la ascensión, contemplando el paisaje que teníamos ante nuestros ojos y que era realmente espectacular.

Había visitas guiadas, pero no a la hora que fuimos nosotros, así que recorrimos el yacimiento de forma libre. Lo primero que nos llamó la atención fue la Arquería de la iglesia medieval, que se levantó sobre los restos de la basílica visigoda de Recópolis. Como curiosidad decir que la basílica de Recópolis nunca tuvo obispo porque el monarca visigodo Leovigildo no deseaba que nadie hiciese sombra a su poder, como decíamos, un rey sol de la época.

Para construir los edificios más importantes de la ciudad visigoda se utilizaron grandes sillares cuya gran mayoría fueron transportados por los musulmanes a la cercana alcazaba de Zorita de los Canes cuando Recópolis fue abandonada.

Recópolis contaba con palacios, uno de ellos de 139 metros de longitud y dos alturas, talleres, viviendas para nobles, tiendas de artesanos con mostradores de cara al público, comerciantes, un acueducto único conocido de la época y dos kilómetros de murallas. Por supuesto que hay mucha más información en los paneles que están frente a cada edificio, pero creemos que es mejor no extendernos en un tema que se puede consultar "in situ" y de una forma más atractiva a lo que podamos describir nosotros.

El paseo por el parque arqueológico resulta un espectáculo en sí mismo. La imaginación es libre de recrear la altura original de los muros, los ajuares y decoraciones de las viviendas palaciegas que hace siglos desaparecieron y otear desde las incompletas murallas el horizonte donde se levantaron en su tiempo los arrabales del complejo ahora cubiertos por toneladas de tierra.

En el siglo VIII, los musulmanes irrumpen en la Península Ibérica y Recópolis se rinde. Aunque la ciudad no fue arrasada,se transforma ajustándola a las necesidades de sus nuevos ocupantes y las anteriores mansiones aristocráticas se dividen para viviendas del pueblo y además se construye una mezquita.

 

Entre el final del siglo VIII y el principio del IX, el complejo sufre un pavoroso incendio, al parecer intencionado según los expertos y se inicia la construcción de Zorita y una impresionante Alcazaba para la que se expolian las piedras de Recópolis. Por fin, en el siglo XI la Reconquista toma Zorita y y comienza su transformación medieval y la Alcazaba se convierte en Castillo cristiano. Cuando fuimos nosotros no se podía visitar, ahora parece que si se organizan visitas según la web. Admirando su entorno, se puede hacer una idea de lo que aquella gigantesca mole pétrea llegó a ser.

Acabada la visita al yacimiento, nos dirigimos al pueblo de Zorita de los Canes, con los restos de su castillo aguardando que le miráramos con asombro y atención desde la carretera. Pero también nos picaba la curiosidad por ratificar las palabras de Cela en su Viaje a la Alcarria.

"Los habitantes de Zorita son de raza rubia, como los alemanes o los ingleses…”.

 

Curiosidad que no pudimos atestiguar, al igual que no vimos recuerdo alguno de lo que Cela relata en su libro, recordando que León Felipe estuvo de boticario en este pueblo.

 Sin embargo, en la entrada si quedan reflejadas las palabras del insigne literato refiriéndose al pueblo:

 

"El castillo debió ser una verdadera fortaleza. Ahora los arcos y las bóvedas aparecen desaplomados y amenazan con venirse abajo de un día para otro"

 

Y si las anteriores palabras fueron del todo ciertas, el autor de "Viaje a la Alcarria" se equivocaba con las siguientes:

 

"Zorita de los Canes está situada en una curva del Tajo, al lado de los inútiles pilares de un puente que  nunca se construyó, rodeada de campos de cáñamo y echada a la sombra de las ruinas del castillo de la Orden de Calatrava. Del castillo quedan en pie algún muro, dos o tres arcos y un par de bóvedas. Está estratégicamente situado en un cerrillo rocoso, difícil de subir"

Por que de los inútiles pilares de un puente que nunca se construyó de los que habla Cela, si hay que decir que el puente se construyó en época de Felipe II para unir las dos orillas del Tajo. Aunque una tremenda riada lo arrasó y nunca (eso sí) fue reconstruido. Uno de los gigantescos basamentos circulares que lo formaron ha sido reconvertido en un bello restaurante de piedra, cristal y madera, con mesas que dan directamente al margen del río y donde tuvimos la oportunidad de sentarnos a tomar un refrigerio, admirando el bonito parque fluvial que se ha instalado.

Calmada nuestra sed, cruzamos la carretera para encontramos una puerta de entrada al pueblo de la antigua muralla del siglo XIII. Y aquí llega resolver la curiosidad que todos os preguntaréis ¿Porqué se llama ... de los Canes? Pues bien, los vigilantes protegían la puerta de la muralla y todo el perímetro amurallado alrededor del castillo acompañados de grandes y agresivos perros, con destacado olfato para detectar presencia humana, imponiendo gran temor a quienes se acercaban a la villa, de ahí el sobrenombre de Zorita de los Canes.

Traspasada la muralla, nos encontramos con la iglesia románica de San Juan Bautista con portada de arco semicircular con pequeñas jambas laterales y pequeñas ventanas que iluminan las dependencias laterales del templo que tiene en su interior una pila bautismal de origen visigodo.

Estuvimos un tiempo recorriendo sus serpenteantes calles comentando entre nosotros todo lo que habíamos visto, antes de partir hacia la fascinante villa ducal de Pastrana, que podéis leer en Qué ver en un viaje por la Alcarria de Guadalajara. Castilla- La Mancha.

 

 

 

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