Qué ver en Transnistria. El País de Nunca Jamás

"Durante el día piensas que el País de Nunca Jamás es pura fantasía, pero éste, es el lugar donde Nunca Jamás se hace realidad”.

 

Esta frase la escribió James Barrie autor de Peter Pan y es trasladable a la definición de Transnistria. Imaginaos un país con sus fronteras, con su gobierno, con su presidente, con su moneda y con su bandera, pero que sin embargo, nadie reconoce su existencia, no aparece en los mapas, ni desfila en los Juegos Olímpicos, eso es el país de Transnistria ¿Y porqué visitarlo? Bueno, poner el pie en el suelo de un país que no existe en el mapa, es una razón muy válida ¿No? Nosotros lo hicimos y a continuación os relatamos nuestras experiencias en él.

 

LO QUE HAY QUE SABER DE COMO SE FORMÓ TRANSNISTRIA

 

Históricamente, la región de Besarabia, (lo que conocemos como la Moldavia actual) tuvo una mezcla de influencias de varias culturas y etnias. Al principio, vivían tríbus eslavas, húngaras, tártaras y diversos pueblos nómadas, más tarde en el siglo XIII, aparecieron las colonias genovesas, y en el siglo XV, la región se sometió a la influencia otomana.

 

En 1812, llega la guerra turco-rusa, donde el general Suvurov (héroe del país) consigue conquistar la zona colindante del río Dniestr, de ahí el nombre de Transnistria (Trans Dniestr-a) a lo largo de la frontera entre Moldavia y Ucrania y más tarde toda la región de Moldavia pasa a formar parte del Imperio ruso. Con la revolución bolchevique, Rumania aprovecha el caos de la guerra civil para anexionarse parte de Besarabia, mientras que Transnistria continuaba como una parte de la naciente Unión Soviética, dentro de la República Socialista Soviética de Ucrania.

 

En 1940 Moscú presenta un ultimátum a Rumanía para que devolviera Besarabia al seno de la Unión Soviética. Bucarest cede el territorio. Un capricho de Stalin hace que el territorio ocupado por Transnistria que se encontraba en aquel momento dentro de la República Socialista Soviética de Ucrania, pase a formar parte de la nueva República Socialista Soviética de Moldavia a cambio de quitar su acceso al mar Negro, que cede a la República Socialista Soviética de Ucrania; así fue como Moldavia se quedó sin salida al mar. Mapa de Eldiario.es

Pero estalla la Segunda Guerra Mundial y las fuerzas rumanas se unen a la Alemania nazi contra la Unión Soviética, ocupando de nuevo Moldavia, Transnistria y los territorios ucranianos hasta el río Bug. En ese período se impuso la política de rumanización intensa que establece la prohibición de los idiomas ruso y ucraniano en todos los ámbitos, y la implantación forzada de la lengua rumana, incluso en los territorios donde nunca se habló.

 

Acabada la guerra, las tropas soviéticas liberan la región y la incorporan de nuevo a la URSS como la República Socialista Soviética de Moldavia. ¿Un poco lioso, no? Bueno, ya vamos acabando, el caso es que en 1990, después de la desintegración de la URSS, Moldavia se plantea proclamar su independencia, una parte importante de moldavos defendía que ellos y los rumanos eran un único pueblo, así que eran partidarios de acabar con la independencia de Moldavia para después integrarse con Rumanía.

 

Al temer la posible discriminación por parte de los rumanos, Transnistria proclama de forma unilateral, después de un referéndum ilegal, la República Moldava Pridnestroviana, es decir, Transnistria. Siguió una guerra de cuatro meses, con unos 1.500 fallecidos en combate, que finalizó con un alto el fuego pactado que todavía se mantiene hoy. En los últimos 25 años entre Moldavia y Transnistria nunca se ha elaborado ningún tratado de paz formal y en la actualidad, 1.200 efectivos rusos mandados para el mantenimiento de la paz (dicen) patrullan el perímetro de Transnistria.

 

La relación con Moldavia es realmente mejor de lo que cabría esperar después de años de conflictos. En lo que vendría a ser la frontera, se encuentran por una parte la policía moldava y por otra el ejército transnistrio, pero hace ya varios años que no se abre fuego entre ellos. Habitantes de un lado y de otro, pueden viajar sin problemas y sin tener que justificar la razones, como si no hubiera ninguna frontera. El gobierno moldavo, quizás dándoles por perdidos ya, en los últimos años se ha abierto un poco más a Transnistria, dejando por ejemplo que coches con matrícula propia de Transnistria circulen en Moldavia.

 

Y para terminar esta breve reseña histórica, os preguntaréis qué hablan en Transnistria. Pues además de ruso, como en todos los territorios de la antigua URSS,  hablan moldavo pero escrito con alfabeto cirílico. En Moldavia también se habla moldavo, un dialecto del rumano, pero escrito con alfabeto latino.

 

CÓMO LLEGAR A TRANSNISTRIA DESDE CHISINAU

 

Hay varias maneras de acceder a Transnistria, desde Chisinau, la capital de Moldavia, desde coche particular, coche compartido, autobús, tren, taxi, tour de agencias de viaje o de la manera que fuimos nosotros, alquiler de coche con conductor porque además de Tiraspol queríamos ver la fortaleza de Bender y el  Monasterio de Noul Neamt.

 

Los datos de interés y consejos para pasar la "frontera" lo tenéis descrito en el post: Planificación, vuelos, hoteles y datos prácticos del viaje a Europa del Este, Chipre y Líbano. Verano 2018

A las 08:00 de la mañana nos recogían de nuestro hotel en Chisinau para realizar la visita al "País de Nunca Jamás". Un trayecto que duraría algo más de una hora y media para recorrer los 75 kilómetros entre la capital moldava y la frontera con Transnistria. La carretera algo deteriorada, pero con unos bellos paisajes de girasoles y trigo verde. Nos advirtieron que debíamos guardar las cámaras y no hacer fotos en los puestos fronterizos que pasaríamos.

 

El primero fue el paso fronterizo de Moldavia en el que tan solo (y sin bajarnos del coche) enseñamos nuestro pasaportes; en territorio de nadie nos encontramos con los soldados rusos, llamados "pacificadores" y más adelante los puestos fronterizos de Transnistria. Bajamos del coche y nuestro conductor nos acompañó a la oficina de aduanas. Como puntualización, decir que en la garita de aduanas Transnistria no te sellan el pasaporte, sino que te dan una tarjeta migratoria, un papelito que no se debe perder, porque hay que enseñarlo al salir y que te permite la estancia durante 12 horas.

 

La adrenalina subía por nuestras arterias, estábamos a punto de entrar en un país no reconocido y por tanto, falto de cualquier ayuda diplomática. El agente sólo habló con él en ruso y nos extendió los pases, sin hacer ni una sola mueca con la cara. Por fin, nos encontrábamos dentro de Transnistria. Subimos al coche y pusimos dirección a la ciudad más cercana a la frontera.

 

BENDER

 

Bender o Bendery, para los de transnistrianos, y Tighina, para los moldavos, es una ciudad que se encuentra en la orilla occidental del río Dniéster a escasos 5 kilómetros de la frontera y es la segunda ciudad más grande de Transnistria. Y surge la pregunta... ¿Pero este pequeño país se visita por la mera curiosidad de ver símbolos y reminiscencias soviéticas o tiene cosas interesantes para ver? Pues acompañadnos y veréis que Transnistria es algo más que Tiraspol, una ciudad  anclada en la nostalgia de los símbolos de la extinta Unión Soviética.

 

Paramos el coche junto a los grandes almacenes Sheriff, para cambiar algo de moneda. Vimos que se encontraba la parada de trolebuses, en toda Transnistria las calles y carreteras se pueden observar los cables para el trolebús, frente al Arco del Triunfo que conmemora la victoria rusa de 1806 sobre los turcos.

Volvimos al coche y continuamos el camino, aunque a un kilómetro apenas de donde estábamos volvimos a parar frente a una iglesia ortodoxa muy particular pintada en blanco y azul. Se trata de la Iglesia del San Joaquín y Santa Ana, construida en la primera mitad del siglo XIX. No vimos el interior, pero desde el exterior estas pintorescas combinaciones de colores la hacen destacar.

Para llegar aquí, los viajeros normalmente toman autobuses que salen desde las ciudades de Tiraspol y Causeni, que se detienen en esta población. Y una vez que se llega, la forma más fácil de moverse dentro de Bender es a pie, ya que las atracciones turísticas quedan cerca entre ellas y no es un lugar muy grande, en último caso, tomar un trolebús, no cuesta más de 0,25€ y se puede pagar al conductor.

 

Un poco más abajo nos encontramos con un gran complejo de estilo soviético que conmemora a los caídos en las diferentes guerras aunque su construcción se remonta a finales de la I Guerra Mundial. Este Monumento a los Caídos, Tiene una entrada ovalada con columnatas y una escultura del famoso general ruso Panin. Rodeado de edificios de gran altura, en un prado bastante grande se encuentra el cementerio militar.

Dentro hay una pequeña iglesia ortodoxa que es difícil encontrar abierta, pues está destinada prácticamente a funerales y la necrópolis está dividida en dos partes: la nueva, que es la parte más grande y un pequeño cementerio bastante más antiguo con lápidas de piedra. Aquí están enterrados los caídos en los diferentes conflictos, desde la época de Catalina hasta casi hasta nuestros días. El cementerio está bastante bien cuidado.

Un paseo por su calles, nos da idea del pseudocomunismo que es esta forma de vida. 

Eso sí, los símbolos comunistas que no falten, que sepa todo el mundo que son fieles al sistema soviético. Y para más Inri, colocan tanques rusos en los parques, como para demostrar que están muy defendidos.

Desde el centro, nos dirigimos a la joya de Bender, su mayor atracción turística, su fortaleza de casi 600 años construida por los otomanos. Las gruesas paredes de piedra, los cañones, los fosos, las torres, configuran una impresionante construcción militar.

Los primeros registros de la ciudad de Bender que se conocen son del siglo XV, pero en realidad ganó su fama y su reconocimiento durante la Edad Media, cuando fueron construidas sus edificaciones que son las que hoy en día, atraen a los turistas, aunque nosotros las visitamos completamente solos.

El nombre de Bender (Thigina para moldavos) se le dio a la ciudad durante la conquista del Imperio Otomano, por el sultán Solimán el Magnífico y significa "ciudad entre fronteras". La fortificación de madera que existía hasta entonces fue reconvertida en una fortaleza de gran tamaño y más eficiente que la anterior, y que hasta el día de hoy permanece en pie, siendo uno de los atractivos turísticos más importantes de la ciudad. La llamada Fortaleza de Bender.

 

Después de pasar la entrada, nos encontramos un busto del Barón de Munchausen, no todos saben que un famoso inventor y aventurero, no es un personaje ficticio. Tal persona, bajo el mismo nombre, realmente existió y estuvo aquí, en la Fortaleza de Bender, sirviendo en el ejército ruso y participando en la toma de la fortaleza. Otra cosa es que fuera verdad la famosa bala de cañón donde supuestamente voló el Barón para comprobar los sistemas de defensa turcos, pero en Bender se dieron cuenta de que es posible utilizar esta historia para atraer visitantes e instalaron también la famosa bala de cañón.

La fortaleza fue diseñada por el entonces arquitecto más famoso del mundo, Sinan, que durante su larga vida (vivió 94 años) construyó dentro del Imperio Otomano más de trescientos edificios. Es una típica estructura de defensa, tipo bastión de Europa occidental que usaron para mantener la presión sobre Moldavia.

La Fortaleza de Bender es un conjunto arquitectónico con planta cuadrilátera irregular, rodeado por paredes anchas, de 2-3 metros de espesor, hechas de piedra caliza y ladrillo. La fortaleza tiene 10 bastiones de artillería en las esquinas, 11 torres y 6 puertas y está rodeado por un foso de piedra, que no de agua. Debido a su ubicación geográfica, la Fortaleza de Bender se ha convertido en un punto estratégico clave durante muchos años, jugando un papel muy importante durante las guerras ruso-turcas.

 

Un pequeño museo situado en el antiguo polvorín donde se relatan las diversas batallas ocurridas allí, remata la visita a la fortaleza.

NOUL NEAMT

 

Seguimos nuestra ruta por una carretera secundaria para llegar a uno de los tesoros de esta zona del país, en Bessarabia. Nos referimos Monasterio de Noul Neamt, situado en el pequeño pueblo de Chiţcani pueblo apenas a 6 kilómetros de Tiraspol y unos 14 kilómetros de Bender.

Es uno de los monasterios más grandes de Moldavia o ¿deberíamos decir de Transnistria?. Este monasterio se compone de varias hermosas iglesias ortodoxas, fabulosamente decoradas con hermosos frescos en su interior, con las cúpulas doradas con forma típica de cebolla, características de los templos ortodoxos. Fundado en 1861, estuvo cerrado al culto durante la época soviética y los edificios se convirtieron en un hospital psiquiátrico. Las iglesias del monasterio fueron reabiertas en 1989.

También se puede apreciar los campos donde los monjes viven cultivando frutas y verduras para vender y hacen vino de sus uvas, utilizando los ingresos para alimentarse y mantener el Monasterio. La entrada aquí es totalmente gratuita.

El nombre de Kitskany, con el que también se conocer este monasterio, viene del nombre del pueblo en el que se asienta (Chiţcani), sin embargo el nombre de Noul Neamt, por el que también se le conoce, significa "Nuevo Neamţ" en referencia a que el monasterio es un sucesor de un monasterio fundado en época medieval, el más antiguo de Moldavia (siglo XIV) y conocido como el Jerusalén de los Ortodoxos rumanos. El edificio del campanario ha sido el más alto de Moldavia, construido en honor de Su Majestad Imperial Nicolás II.

El complejo lo ocupan 40 monjes ortodoxos que llegaron en 1990 cuando el Monasterio reanudó su actividad habitual; en 1991 se abrió una escuela de lengua rumana para sacerdotes ortodoxos. Las iglesias, el campanario y las celdas han sido bellamente restaurados y la vida de la iglesia se ha reanudado nuevamente. La Iglesia de la Ascensión es la que tiene en su exterior tonalidades en rojo.

La que tiene tonalidades azules es la Iglesia de la Asunción de María, y la de tonalidades verdes que se encuentra en la entrada es la Iglesia de San Nicolás.

Contaros que estos dos territorios de Bander y Bessarabia, no formaban parte de la Transnistria que se declaró independiente de Moldavia en 1990 sino que fueron cedidos a Transnistria tras el intento de Moldavia de sofocar la independencia. Según los moldavos de a pié, fue un regalo del gobierno moldavo para pedir perdón a los transnistrianos por haber iniciado una guerra. 

 

TIRASPOL

 

Seguimos de nuevo nuestra ruta hacia Tiraspol, la "capital" y en el camino observamos el gran estadio de fútbol del Sheriff de Tiraspol. Dejadnos que os contemos algo de este equipo. Fundado solo hace 10 años y jugando en la liga Moldava, ha llegado a ser campeón y ha disputado la Europa League, quedándose a las puertas de clasificarse para las rondas eliminatorias. No me negareis que no resulta curioso que en un territorio que rechaza el capitalismo y que su aspiración sea vivir como en la Unión Soviética, su patrocinador sea Adidas, uno de los gigantes del material deportivo, fiche a un entrenador español (Juan Ferrando) y se gaste 200 millones de dólares en hacer un estadio y ciudad deportiva gracias a la aportación del grupo empresarial Sheriff, una especie de monopolio dentro de Transnistria que controla diferentes sectores: gasolineras, telefonía, publicidad, alimentación, televisión, construcción, etc. En fin, muy comunista todo.

Nada más entrar en la ciudad de Tiraspol, los símbolos comunistas de antaño, se distinguen los escudos de la hoz y el martillo y las estrellas de cinco puntas. Aquí se pueden admirar los restos de la época soviética que los lugareños orgullosamente conmemoran como un tiempo glorioso o al menos eso quieren dar a entender.

Transnistria es uno de los pocos lugares de Europa donde los viajeros todavía pueden ver los antiguos símbolos comunistas en su lugar original, como las estatuas de Lenin frente al Parlamento, y las calles y avenidas que llevan el nombre de Marx, Engels o Yuri Gagarin. Pero no todo es gris y obsoleto, también existen ciertos toques de color que alegran la vista.

Una vez que aparcamos, cosa fácil, pues no hay apenas tráfico, fuimos a comer y a continuación a recorrer la ciudad. Empezamos por la principal, la Avenida 25 de Octubre, en conmemoración de la Revolución Rusa. Caminando por ella se ven dos interesantes estatuas de Lenin, el padre del comunismo. El edificio del Parlamento es de línea marcadamente soviética en tonos beige, y si era poco bello, aún destroza más su estética la cantidad de aparatos de aire acondicionado de sus ventanas. Presidiendo la entrada hay un enorme monumento dedicado a Lenin también en color pastel y con capa al viento como Supermán.

En la misma calle separado por unos 400 metros, el imponente edificio del Soviet Supremo que presenta (otro más) un busto de Lenin, esta vez solo con su cabeza en un pedestal. El edificio en color blanco se hace más agradable a la vista, aunque tantas líneas rectas sacarían de quicio a cualquier arquitecto contemporáneo. 

Si bien los monumentos y bustos socialistas de Lenin aún pueden ser vestigios del pasado en otras naciones de la antigua URSS, como Ucrania, Bielorrusia y Rusia, Transnistria va un paso más allá, refiriéndose a sí misma como un "estado soviético". Los motivos comunistas aparecen en todas partes, desde escuelas y universidades o hasta la hoz y el martillo en la bandera del país.

¿Y qué más hay en la principal calle de una ciudad supuestamente comunista? Pues bancos, sí, sí, bancos donde se guarda dinero, o se lava, o se transfiere, o se blanquea, o vete tu a saber qué pintan tantos bancos aquí. A nosotros nos da la impresión  de que Transnistria se ha convertido en una Andorra del Este, donde se guarda el dinero de magnates para operaciones que digamos no se dan con frecuencia en otros lugares del mundo. 

¿Cómo es posible que la moneda del país, el rublo transnistrio, que no vale más que un billete del monopoly en cualquier otro lugar, se haya revalorizado en 4 años un 30% con respecto al Leu moldavo y un 50% con respecto al rublo ruso? Será porque han acaparado divisas de otros países, ¿no? Y esto pasa en un país que se autodenomina comunista. 

Sólo operan dos tipos de bancos, los locales (que únicamente expiden rublos transnistrios) y los rusos (que sí ofrecen ciertas divisas internacionales).

Fijaros la jugada, llevamos dinero negro a Transnistria, que como no tiene relaciones diplomáticas con ningún país, no van a informar a las autoridades internacionales, lo cambiamos por dinero transnistrio y lo depositanos en el banco. Una vez allí, lo puedo utilizar para financiar, o realizar operaciones oscuras, o simplemente esperar, porque la moneda no va a bajar excepto si Moldavia interviene, cosa que no va a pasar mientras los "pacificadores rusos" estén allí y si ocurre, nos informarían para sacar el dinero.

Por cierto, ¿Sabéis por qué hay monedas de plástico? Y en varias formas, para que los invidentes sepan reconocerlas. Al menos esa es la versión oficial. Son tan raras que los mismos locales las guardan ya como souvenir y son difíciles de encontrar.

 

La república utiliza una simbología soviética como estandartes de su afiliación a la exinta URSS, quizás para amedentrar o falsear la autentica imagen del país y no porque efectivamente implementen un sistema comunista. Existen centros comerciales, publicidad, negocios varios, hoteles y restaurantes de lujo, un nivel de vida superior al que vimos en Chisinau, vamos que de camaradas quedan pocos. Transnistria no tiene nada de lo que conocemos como régimen comunista. 

Seguimos paseando y vemos el Palacio de la República, donde reside el proclamado presidente de la República a veces elegido con el 103% de los votos, porque según observadores internacionales al pseudo país se le considera como de los más fraudulentos del mundo. Para colmo, el presidente, Vadim Krasnoselsky, dice que no se irá hasta que Transnistria sea reconocida internacionalmente, o sea que hay que para rato.

Paseamos por las calles adyacentes y vimos algunos de los murales en la fachadas al estilo más soviético, loando a la familia y al trabajo para construir el país y debajo un cadena de comida rápida muy conocida en Moldavia. 

Las dos únicas embajadas abiertas en el país son las de Osetia del Sur y Abjasia, dos repúblicas independizadas de Georgia y también... ¡Bajo el amparo de Moscú! Comparten piso e imaginamos que hasta telefonista, eso si lo tienen porque la pinta es de estar totalmente abandonado, porque... ¿Quien va a llamar a esas pseudo-embajadas?  Aquí tenéis la foto de sus sedes diplomáticas. 

La realidad de Transnistria no es ni mucho menos un régimen comunista, como habíamos comentado anteriormente, es que tienen un capitalismo salvaje. Y además insostenible. Si Rusia no estuviera prestando ayuda financiera y militar constante, en un mes colapsaría y tendría que regresar con Moldavia. Pero los moldavos ni siquiera desean a Transnistria, la mayoría de los habitantes se consideran rumanos y en Transnistria la mayoría son rusos y ucranianos.

 

Nos decía nuestro conductor que los moldavos son un pueblo acostumbrado a sufrir. Cuando mandaba la URSS, los moldavos trabajaban en el campo, mientras que los rusos ocupaban los mejores cargos. Cuando un moldavo se encuentra con un ruso, de inmediato se pone a hablar en ruso por deferencia, como asumiendo un papel inferior. Es un país, ya lo hemos repetido en varias ocasiones... ¡Resignado!

 

Parece ser que hay una teoría (no demostrada) en la que los observadores internacionales han advertido a los gobiernos ucraniano y moldavo de que no den ninguna excusa a Rusia para poder intervenir, porque se piensa que el deseo de Moscú es hacerse con un corredor que vaya desde Transnistria a Crimea por toda la costa del Mar Negro. Lo malo es que el modelo de convertirse en país independiente es exportable y en Crimea están siguiendo todos los pasos que dio Transnistria.

 

Bien, dejamos el rollo político por el momento y seguimos con nuestro paseo por la ciudad. A continuación tenéis la Casa del Pueblo, o la Casa de los Soviets, donde en su fachada están los retratos de sus dirigentes y ciudadanos "ejemplares" al estilo de los empleados del mes en los restaurantes McDonalds.

Al final de calle 25 de Octubre se llega a los aledaños del río Dniester, alli se encuentra el Memorial de Gloria, un monumento de la ciudad ubicado en la Plaza Suvorov de Tiraspol, que conmemora a los veteranos y caídos de la Gran Guerra, la Guerra soviético-afgana y la Guerra de Transnistria.

Como ya vimos en Bender, es característica importante del estilo soviético, exponer los tanques en calles o jardines. En esta ocasión es un tanque ruso que apareció en el fondo del río veinte años después de la Segunda Guerra Mundial, lo pintan y lo suben a un pedestal ¡Qué bonito! Está junto al monumento a los Caídos.

 

Enfrente y presidiendo la plaza está la colosal estatua del héroe nacional Suvorov, gran militar ruso conocido por la frase que le dedico uno de los comandantes extranjeros, le dijo: "Tienes enemigos, pero no rivales". Suvorov se cubrió de gloria no solo en el campo de batalla, es el autor de numerosas obras teóricas militares, pero sobre todo, el comandante fijó el asentamiento de Tiraspol junto al río, considerándose su fundador.

A unos 400 metros atravesando el parque se encuentra El Mercado Verde (¿Por qué será?) un enorme mercado que centraliza las frutas, verduras y productos frescos que llegan a Tiraspol. Mucha limpieza y buenas instalaciones. Es muy visitado por los moldavos, ya que los productos son de excelente calidad y más baratos que en Moldavia.

Otro atractivo, es que está junto a la Catedral Ortodoxa Rusa de la Natividad, con cúpula dorada y fachada también en verde que da un toque elegante en el exterior como fondo del mercado. Allí nos dirigimos después. 

La Catedral de la Natividad de Tiraspol, es la iglesia más grande de la ciudad. Se trata de una Iglesia ortodoxa rusa completada en 1999 para servir como la Iglesia Madre de la Diócesis Ortodoxa Cristiana de Tiráspol. Exhibida en sellos y monedas de Transnistria. En medio de todos los oscuros edificios de la época soviética esta pequeña joya alegra un poco la vista.

Volvimos sobre nuestros pasos porque iba acabando nuestra visita a Tiraspol y quedamos con nuestro conductor en la Plaza Suvorov. Allí también se encuentra el cine de la ciudad con proyecciones como "Los Vengadores Infinity War" y alguna otra más película americana. Muy comunista también. 

¿Y qué nos decís de las pantallas publicitarias colocadas en la calle con anuncios de coches y teléfonos? Este no es el último reducto comunista en Europa, es un extraño teatro que ofrece un espectáculo cotidiano con un telón de fondo polvoriento que alguien se olvidó de cambiar desde hace más de veinticinco años.

 

Hicimos el trayecto de vuelta pasando de nuevo por la pseudofrontera, donde nos pararon y exigieron ver las fotos de nuestras cámaras porque decían que habíamos hecho fotografías a los pacificadores rusos . Como no teníamos problemas de hacerlo, le entregamos nuestroS móviles y la cámara fotográfica, 15 minutos después pudimos continuar. Aquí no hay derecho a la intimidad y buscan poner alguna multa a los extranjeros que volvemos del País de Nunca Jamás. 

 

 

 

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