El mercado de San Telmo en Buenos Aires (Argentina).

No solemos hacer esto, pero antes de narrar nuestro paso por el Mercado de San Telmo, un apunte de viajeros.... ¡No dejéis de visitar este barrio singular, si os encontráis un domingo en Buenos Aires, sería un gran error, diríamos que hasta pecado no caminar entre sus calles adoquinadas llenas de historia y vida! 

Habíamos cogido cariño a Buenos Aires durante las jornadas de nuestra estancia, pero ese día iba a ser tan especial que acabaríamos amando la ciudad y en eso tuvieron mucho que ver nuestros amigos porteños, Lilian y  Alfredo a los que conocimos personalmente y que fueron tan amables de recogernos en el hotel y llevarnos hasta el Mercado de San Telmo. 

UNA PEQUEÑA INTRODUCCIÓN DE SAN TELMO

 

San Telmo es el barrio que limita al norte con el Microcentro, al sur por La Boca, al este con Puerto Madero y al oeste con la Avenida 9 de Julio, se encuentra aproximadamente a seis cuadras (manzanas) de la Plaza de Mayo. Es uno de los barrios más antiguos de Buenos Aires, pues se remonta al siglo XVII. San Telmo nació como una zona pobre que albergaba a los trabajadores portuarios que dieron al barrio el nombre del patrón de la gente de mar, e incluso establecieron la Parroquia de San Pedro González Telmo en honor al fraile español nacido en Frómista (Palencia) que según dicen obró milagros en ayuda de marineros y pescadores.

Más tarde se convirtió en zona industrial, teniendo cierto apogeo que se evaporó después de una epidemia de cólera en 1871 que se cobró más de 10.000 vidas. Evacuación masiva de los lugareños y posterior ocupación de inmigrantes europeos, que lo convirtieron en su hogar y en una zona multicultural de la ciudad. Fue entonces cuando el Mercado de San Telmo fue inaugurado en febrero de 1897 con el objetivo de abastecer con los víveres necesarios a la nueva ola de inmigrantes que llegaba a la ciudad desde el Viejo Continente. 

San Telmo comenzó a atraer artistas, adquirió un ambiente bohemio y estableció el área como un punto de acceso para el tango y el fileteado. Además desarrolló como en ningún otro lugar de la ciudad el "lunfardo" una jerga originada y desarrollada en la ciudad de Buenos Aires, relacionada con la vida callejera y el tango. Aún hoy, es una delicia escuchar en sus tiendas, restaurantes, cafés y puestos callejeros palabras como "tinglado", "cambalache", "che", "pibe", "pucho", "boludo", "chamuyar", "guita", "quilombo", "remera", "cachivache" ¡Que maravilla! Ya mencionamos en nuestro post dedicado al filetado, que ningún pueblo como el argentino es capaz de hacer suyo lo que gira a su alrededor, dándole identidad propia.

Hoy San Telmo refleja toda esa historia mientras continúa evolucionando. En el mismo centro de la ciudad tiene parte de suburbio, centro de tango, escuelas de fileteado, esencia bohemia, muchos buenos lugares para comer y beber y sobre todo un increíble mercado callejero semanal, todo lo cual lo convierte en un lugar interesantísimo para alojarse, vivir o simplemente visitar.

COSAS PARA VER, HACER O AMBAS COSAS EN EL MERCADO DE SAN TELMO
Para disfrutar apropiadamente de San Telmo, realmente hay que ir en domingo. Ahí es cuando el mercado de antigüedades, el mercado callejero y los artistas urbanos convierten sus calles en el lugar más divertido e interesante de la ciudad. ¡La mejor oportunidad para comprar cosas de recuerdo de una ciudad increíble!

San Telmo lo tiene todo: historia, belleza, vida, buena comida, tango y tiendas de antigüedades. Es uno de los mercados callejeros más grandes de América del Sur, la feria de San Telmo recorre toda la longitud de la calle Defensa y es una de las principales atracciones de la ciudad de Buenos Aires. No es un barrio tan refinado como Palermo, o tan elegante como La Recoleta, pero para muchos porteños y visitantes es su barrio favorito.

Los argentinos suelen ser acaparadores de objetos con historia y la feria de San Telmo cuenta con lo mejor de sus adquisiciones. Artículos para el hogar, objetos imposibles, placas y letreros vintage con fileteados, juguetes de antaño, accesorios de cristal para lámparas, etc. Todo un paraíso retro que hace las delicias de los curiosos visitantes que paran en cada puesto. Y todo ello mezclado con el mercado tradicional de frutas y verduras, especias y diversos puestos de alimentación. Una gozada para la vista y el entretenimiento.

Fuera, en la calles adoquinadas colindantes, pequeños puestos que casi definiríamos como adorables, la gente vende todo tipo de antigüedades y mercancías que sirven como excelentes recuerdos y por supuesto la esencia de Buenos Aires, bailarines callejeros de tango, conjuntos de música urbana y hombres vistiendo casi de forma nostálgica los trajes de gaucho o de recitador de "milongas" (variante del tango).

En los días de domingo, los restaurantes abren con mesitas al aire libre, en los bares históricos hay espectáculos musicales, los artistas muestran sus obras y las calles se convierten en un gigantesco escenario. San Telmo no ha renunciado a su espíritu bohemio, los artistas todavía lo consideran su hogar y los cafés, bares y salones de tango son santuarios apartados de la modernidad del exterior.

Queda por reseñar la visita a los "conventillos" casonas de dos plantas con patio que se aprovechan para instalar una galería de tiendas, aunque en algunos de ellos todavía vive gente. Destaca de entre todas las del barrio, el Pasaje Defensa, situada en la calle del mismo nombre, construida a finales del siglo XIX y propiedad de una distinguida familia de la ciudad, los Ezeiza. Fue una vivienda de uso familiar en un primer momento, luego se habilitó para ser una escuela de primaria y luego en un colegio de sordomudos. Con la crisis de los años 30, se transformó en un conventillo donde convivían 32 familias. Hoy en día transformada en galería tiene un total de 4 patios por donde se puede deambular y curiosear las diferentes tiendas de venta de antigüedades, indumentaria, cuadros, recuerdos, etc, que allí se han instalado desde 1981. 

NUESTRO PASEO POR SAN TELMO

 

Vayamos pues a relatar nuestras vivencias del paseo que hicimos aquel día. Visitamos San Telmo el domingo por la tarde y al tener menos bullicio no tuvimos muchos problemas en conseguir una plaza de parking. Empezamos nuestro deambular por la calle Córdoba, llamándonos la atención la colorida arquitectura de antiguos edificios coloniales con influencia española y francesa. No distinguimos una casa con fachada idéntica a otra y junto a la pavimentación adoquinada parecía un lugar detenido en el tiempo. Nuestro amigo Alfredo se nos acercó y dijo: "Es un paseo bien porteño"

A medida que avanzábamos por la calle, observamos las primeras señales de que el retroceso en el tiempo se vuelve más claro. Los edificios coloniales que bordean la calle se ven robustos pero cansados ​​de la lucha de existir durante siglos. Para San Telmo, el barrio más antiguo de Buenos Aires, ha habido muchos cambios en los últimos 300 años, primero estibadores y marineros, más tarde vagabundos, los burgueses vinieron después y por fin llegaron los inmigrantes y los artistas. Todos ellos se han turnado y todos ellos han dejado vestigios de su paso.

Nos dimos cuenta rápidamente de que no debíamos apresurarnos por esta calle porque a los costados había galerías para entrar y disfrutar de puestos de mercado muy interesantes, los llamados pasajes o conventillos.

Llegamos al mercado original y observamos su estructura metálica con las vigas de acero que corren bajo el techo, se asemeja en cierta forma a algunos de los mercados españoles como el de San Miguel en Madrid o el de la Boquería en Barcelona. En el centro de la nave principal se disponen los productos alimentarios, como fruta, verdura, especies, queso, etc. Las extremidades de la nave están ocupadas por los puestos de antigüedades y artesanías.

Mientras que en el exterior, improvisados puestos se instalan en plena calle para vender, junto a las tiendas y locales del barrio, objetos de segunda mano de todo tipo, es decir, lo que conocemos como un mercado de pulgas. Y si hay alguien enamorada de este tipo de mercados es Lilian, como podéis comprobar en el post de su blog "Lilian Viajera": MERCADO DE LAS PULGAS DE BUENOS AIRES

 

Entre otras lindezas nos dice: "Las antigüedades las aprecio, las valoro y me gustan porque, sencillamente, han sabido sobrevivir al tiempo"

 

Lilian y Alfredo ejercieron de excepcionales guías contestando a todas las preguntas que les hacíamos e indicándonos los puestos de mayor relevancia o los más curiosos.

Seguimos el recorrido deteniéndonos en la plaza Dorrego, epicentro de la actividad artística ya que es donde se encuentra el mayor número de artistas callejeros de la ciudad. Parejas de Tango, músicos, bandas, estatuas humanas, cantantes, poetas. Todos ellos concurren allí, quien sabe si para ganarse la vida o para que su vida cambie.

La plaza es una de las plazas más antiguas de Buenos Aires después de la Plaza de Mayo y es todo un lugar histórico, ya que allí mismo, se anunció en 1816 al pueblo de Buenos Aires la Independencia que se había declarado meses antes en la ciudad de Tucumán.

 

Los puestos ubicados sobre esta plaza son mayoritariamente de anticuarios y pintores, mientras que los que se encuentran en la calle Defensa venden artesanías y objetos de recuerdo. Muy cordial con nosotros estuvieron auténticos porteños de antaño que se alegraban de nuestra visita a su barrio.

No nos pudimos resistir a la tentación de comprar un pequeño dibujo original que representaba una pareja de tango. Estuvimos viendo una representación de tango callejero y después fuimos a tomar un café en el bar histórico Dorrego, un clásico cafetín con aire literario, no obstante, allí tuvo lugar un encuentro entre Jose Luis Borges y Ernesto Sábato.

Sus mesas rayadas, sus paredes escritas con leyendas de todo tipo, una atmósfera que te transporta a un pasado lejano y las fotos con celebridades que han visitado el local lo convierten en un clásico ineludible en San Telmo. Un lugar donde es más importante la historia que contiene que los productos que ofrece. Sentado allí con nuestros amigos disfrutamos de una grata conversación mientras el tiempo pasaba más rápido de lo normal.

Este nostálgico café ha sido declarado "Símbolo Identitario de San Telmo" y "Sitio de Interés cultural" por la Legislatura Autónoma de Buenos Aires en 2011, formando parte de los famosos Cafés Notables.

Salimos nuevamente a la calle y seguimos curioseando los puestos hasta que nuestro amigos nos indican la entrada del Pasaje de la Defensa.  Uno de los mercados interiores con todo tipo de antigüedades fascinantes, bolsos y chaquetas de cuero e incluso frutas y verduras.

¡Que bello recorrido y que bien lo pasamos! Mil y una cosas que creíamos podían hacernos sentir que estábamos en una película, una de las joyas medio escondidas pero sin embargo con plenas vistas de San Telmo desde su terraza.

Para rematar, unas palabras que nos dirigió un gaucho curtidor de pieles... "Gracias por haber venido a mi país" ¿Existe mejor frase para un viajero?

No hay palabras para definir nuestros sentimientos de aquella tarde, ni el aprecio que hemos descubierto con nuestros amigos argentinos, Lilian y Alfredo ¡Qué grandes sois! Lo que si hicimos nuestra es la frase más conocida del tango de Cacho Castana... ¡MI BUENOS AIRES QUERIDA!

EPÍLOGO

 

Todos estábamos muy contentos por habernos conocido y de haber paseado juntos por San Telmo, la luz del día se acababa y que mejor ocurrencia de nuestros amigos porteños que llevarnos a cenar donde dicen que hacen algunas de las mejores pizzas del mundo, en la Avenida Corrientes, la calle que "nunca duerme" de Buenos Aires. Esta arteria de la ciudad es transitada a diario por miles de personas y en sus edificios se muestran placas con el recuerdo de grandes personajes de la historia nacional y en el suelo estrellas (como en el paseo de la fama de Hollywood) están los de personajes relevantes relacionados con la música y el tango. Nos recordó de alguna manera a la Gran Vía madrileña con la calle llena de teatros y cines. Eso sí, si nuestros amigos vienen a España y les gusta comer pizza les llevaremos al pueblo de Tomelloso en Ciudad Real para que prueben la mejor pizza del mundo, la que prepara Marquinetti.

 

Fue una cena muy agradable y con mucha, mucha conversación. Las pizzas estaban deliciosas aunque lo importante no era el sabor, era compartir aquella cena con ellos, con nuestros amigos de Buenos Aires. No pudo terminar mejor el día y al despedirnos de Lilian y Alfredo en la puerta de nuestro hotel no recurrimos demasiado a las palabras, bastó con un fuerte abrazo.

¡GRACIAS AMIGOS!

 

 

 

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