Paisaje arqueológico de Orheiul Vechi (Unesco) y el vino de Cricova. Moldavia


 

 

Empezaba nuestra primera ruta por Moldavia a una de las regiones con una gran riqueza natural y con más historia del país, Orcheiul Vechi o el Antiguo Orhei. Continuaría el día por la zona vinícola del país y conoceríamos las Bodegas de Cricova. Nuestro conductor puso rumbo al norte y salimos de Chisinau con alguna que otra dificultad porque eran las ocho de la mañana y había un tráfico infernal. Nos llamó mucho la atención lo verde y fértil que era este país.  El chernozen, un tipo de sustrato negro muy rico en humus, es uno de los suelos más fértiles para la agricultura; se regenera de forma natural con las lluvias del verano que descomponen la vegetación muerta durante el invierno y dan lugar a una nueva capa humífera. Este suelo se encuentra en la Región de Orchei,  haciendo que fuera habitada desde la edad de piedra y diferentes pueblos y culturas hayan pasado por el lugar. Moldavia fue la huerta de la extinta URSS.

El Monasterio Curchi, en la región de Ochei, fue nuestra primera parada en este día. Se considera uno de los monasterios más bellos de Moldavia y también de esta región. Se encuentra en el bosque de Orhei, cerca del pueblo de Curchi y a unos 15 kilómetros de la ciudad de Orhei. El monasterio está situado junto al río Vatic, entre  bosques, jardines y huertos. Es una verdadera joya, que ofrece todo un remanso de silencio y paz.

Fue fundado entre los años 1773-1775 y se convirtió en uno de los monasterios más ricos, hermosos y grandes de Moldavia. Al traspasar su puerta te encuentras con uno de sus edificios, o mejor iglesia, principal:  la Catedral Naşterea Domnului que fue construida en estilo barroco a mediados del siglo XIX y en la que el arquitecto italiano Bartolomeo Rastrelli trató de crear una construcción similar a la iglesia de San Andrés en Kiev en la se inspiró.  La catedral tiene la cúpula más alta de Moldavia, con 57 metros de altura .

Durante la Segunda Guerra Mundial, un incendio casi destruyó la Catedral perdiéndose el iconostasio y se perdieron dos de los cuatro campanarios originales. Comenzó su reconstrucción pero se paralizó ya que el monasterio se utilizó como hospital entre 1960 y 1995. Después de esta fecha vuelve a su función original y se restaura su impresionante interior.

El monasterio tiene además varios edificios dedicados a las tareas de administración y otras tareas de sus monjes. Un ejemplo de la belleza de todos sus edificios (los que se pueden visitar) es la casa rectoral. Todos ellos entre unos jardines impresionantes, muy bien cuidados y limpísimos.

Tiene varias iglesias más repartidas por su perímetro y entre las que nos recreamos sin prisas porque el lugar era precioso y la temperatura de lujo. No vimos la iglesia de madera construida a finales del XVIII pero sí la Naşterea Domnului y la de San Demetrio, ambas del siglo XIX.

Este monasterio fue reabierto como tal en el año 2005 y constantemente buscan financiación para rehabilitar los edificios antiguos y terminar iglesias. Una visita interesante pero debíamos seguir ruta.

Al Monasterio Orhei Vechi y su Complejo Arqueológico llegamos en unos 20 minutos desde el Monasterio Curchi. Los paisajes creados por el curso del río Raut eran espectaculares y pronto hicimos una parada para poder contemplar esos promontorios en que desde siglos atrás el paisaje y el hombre han vivido en perfecta simbiosis.

"El paisaje arqueológico de Orhei Vechi" se incluyó en la Lista Indicativa de la Unesco en 2017 y desde aquí deseamos que se materialice rápidamente su inclusión en la lista de honor de la Unesco porque el lugar está cargado de belleza natural y de historia, además porque ayudaría al pueblo moldavo a despegar turísticamente.

 

Pero,¿ qué es Orhei Vechi?  es un territorio ubicado entre Trebujeni y Butuceni, a las orillas del río Raut, habitado desde la edad de piedra hasta nuestros días y en el que pueden visitar restos de poblados del paleolítico y neolítico en cuevas en las laderas calcáreas de la zona, los primeros cristianos buscaron estos lugares para desarrollar su fe, restos de ciudades dacias, tártaras, palacios mongoles, monasterios moldavos del siglo XV. En definitiva es un museo al aire libre de la vida en estas tierras, un tesoro para la humanidad.

Paramos nuevamente en las inmediaciones de la ciudad de Trebujini, para ver los restos de unos antiguos baños mongoles de la ciudad de Shehr al Jedid, construida en el siglo XIV en un paraje espectacular. 

Llegamos a centro de recepción de visitantes donde se adquieren las entradas y en el que hay un pequeño, pero muy interesante, museo con algunos de los restos de las civilizaciones que han pasado por la zona encontrados en distintas campañas de excavación. Muy didáctico ya que todos los objetos estás expuestos cronológicamente.

Parece ser que la primera ciudad fundada aquí, en la época medieval, y por Esteban el Grande se llamaba Orhei, que significa "fortificación" y ha sido la que dió el nombre a la zona como viejo Orhei. Desde aquí se puede continuar caminando para llegar al lugar más emblemático de la zona o bien se puede continuar en coche para ver primero la reconstrucción de algunas casas del viejo pueblo de Orhei y que son un mini Museo Etnográfico. En algunas casas y construcciones todavía se aprecian los restos de moluscos y conchas cuando estas tierras eran mar.

Y ya emprendimos la subida por el promontorio central en el Viejo Orhei llamado Pestere, que en rumano significa cueva. Íbamos en busca del único monasterio excavado en la roca del  Viejo Orhei, que todavía sigue en uso. Las vistas maravillosas pero el camino necesita una remodelación y adecuación porque en algunos tramos era peligroso. Parece ser que los primeros cristinos que llegaron a la zona fue en la  época del Emperador Constantino, cuando decidió que el imperio sería cristiano.

 

Nos adentramos en el viejo monasterio a través de una escalera excavada en la roca y allí estaba orando el único monje que sigue viviendo en él, ya que el resto de la comunidad se trasladó a un nuevo monasterio que hicieron más arriba y donde las condiciones de habitabilidad son normales. Este monasterio ortodoxo tiene sus orígenes en el siglo XIV.

Las celdas de los monjes eran cubículos excavados en la roca y con pequeñas ventanas al exterior para recibir luz. Hay una pequeña puerta en la que se puede salir, aunque es peligroso, y ver todo el valle del río desde allí.

Salimos al exterior y volvimos al camino principal para ver el nuevo monasterio levantado en época actual donde lo más interesante son las vistas que se obtienen de la zona. 

Una zona que hay que visitar si se va a Moldavia porque en el lugar confluyen la historia de la humanidad durante siglos. Ahora tocaba volver a coger el coche y pusimos rumbo hacia Chisinau para ver una de las bodegas más antiguas y con más kilómetros de túneles del país y de Europa, hablamos de las Bodegas de Cricova. Y es que el vino es una de las riquezas de Moldavia desde la antigüedad ya que la vid fue introducida en este país por los griegos en el siglo IV antes de Cristo y desde ese momento fue parte importante de cultura. 

 

Las Bodegas de Cricova se encuentran a tan solo unos 15 kilómetros de Chisinau, siendo la segunda más grande de Moldavia tras la de Milestii Mici que es la más grande del mundo. Tiene 120 kilómetros de túneles en los que criar y almacenar vino. Parece ser que el origen de esta bodega se encuentra en el siglo XV en el que los viticultores aprovechaban las galerías creadas en una mina de extracción de piedra calcárea para la construcción de Chisinau. Es toda una ciudad del vino en la que hay que ir abrigado porque tienen una temperatura constante de 12 grados.

Unos vinos se almacenan en barricas de robles y otros metálicos para los espumosos. Tienen una colección de vinos del mundo inmensa, siendo la botella más antigua de 1902, un vino de Jerusalén que según nos contó no tiene precio. Vimos un vídeo de la historia de las bodegas y allí nos sirvieron una copa de un vino espumoso, que no recordamos su nombre. El recorrido termina en los distintos salones de degustación, todos bastante impresionantes. El mayor es el salón Presidencial con una inmensa mesa de roble y más de 60 sillas que normalmente se utiliza para actos del gobierno y que por supuesto, en la era soviética fue utilizada para eventos de los dirigentes rusos.

Terminamos en usa de las salas, con mobiliario de roble, donde degustamos unos cuantos vinos y comimos las empanadas moldavas, que tanto nos gustaron en nuestro paso por este país.

Una visita interesante y en la que estos profesionales del vino moldavos están abriéndose camino poco a poco, porque si bien sus caldos eran conocidos mundialmente por su calidad, muchos pensaban que eran rusos ya que así los vendían éstos. Salimos a la luz del día y aquí terminaba nuestra visita a las Bodegas de Cricova.

 

Mucha suerte les deseamos a los moldavos en esta nueva andadura que tienen como país independiente y os contamos a todos los que seáis amantes del vino que esta zona bien merece una visita. Moldavia tiene más de 150 bodegas, de las cuales unas 25 tienen instalaciones para disfrutar del vino amén de los pequeños pueblos y la belleza de los paisajes.

 

 

Regresamos a Chisinau, contentos y felices de nuestra primera visita a este país que terminó conquistándonos.

 

 

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