Cueva de Los Tres Ojos: Joya Natural en Santo Domingo

En nuestro viaje de nueve días a la República Dominicana, teníamos clarísimo que al menos un par de días teníamos que dedicarle a la histórica y bella ciudad de Santo Domingo. Buscando información del lugar, uno de los primeros blog de viajes que consultamos fue Viajes y Fotografía, escrito por Antonio Quinzán. Este blog contiene, bajo nuestro criterio, la mejor y más variada información sobre lugares de América. Pues bien, no encontramos lo que buscábamos que era información de la ciudad colonial, pero sí un bello relato titulado El mundo subterráneo del Parque de los Tres Ojos en Santo Domingo. Lo leímos y de inmediato supimos que tendríamos que conocerlo. Una decisión acertadísima porque sencillamente nos encantó.

 

Nuestra segunda y última mañana en la ciudad de Santo Domingo la dedicamos a conocer el Cueva de Los Tres Ojos: Joya Natural en Santo Domingo, que es como hemos llamado a nuestro relato. Este Parque Nacional se encuentra en medio de esta gran ciudad y hacer ecoturismo resulta muy interesante.

 

Para llegar hasta el lugar, llamamos a un coche con la aplicación Uber. En menos de 15 minutos estábamos en la puerta de acceso al parque por un coste de 156 pesos (3€). En el camino, aunque no paramos, pudimos fotografiar el conocido Faro de Colón que más que un faro parece un mausoleo gigantesco de hormigón que se construyó en 1992 para conmemorar los 500 años del descubrimiento de América por Colón, y en el que los dominicanos aseguran que se encuentran los restos del almirante.

Compramos nuestras entradas para acceder al parque, que fueron 200 pesos por persona (3,5€) y nos dispusimos a acceder al parque, no sin antes haber dicho a varios guías que no necesitábamos de sus servicios para recorrer el parque. El horario es de 8,30 h a 17,30 h todos los días de la semana.

El nombre de Los Tres Ojos se debe a las tres lagunas subterráneas que lo conforman, surgidas del cauce del río subterráneo Brujuelas, que al emerger de las profundidades da forma a estos lagos.

Durante siglos este lugar era desconocido por los lugareños y a causa de un terremoto sufrió un cataclismo y cayó la parte superior de la cueva, dejándola al descubierto. Esto ocurrió en 1916 y rápidamente se convirtió en uno de los lugares preferidos de los habitantes locales que lo consideraron como una especie de balneario donde se bañaban. Hubo que esperar hasta 1972 para que el estado dominicano lo declarara Parque Natural y zona protegida y le diera el nombre de Parque de los Tres Ojos. Aunque en realidad el parque lo conforman estos tres ojos, hay una cuarta laguna a la que únicamente se accede desde el interior pero que no forma parte del río subterráneo.

Esta cuarta masa de agua es visible desde el exterior y su belleza nos hizo recordar los cenotes que habíamos visitado unos años atrás en la Península de Yucatán en México, concretamente en la ciudad de Valladolid.

Bien, ya habiendo enseñado nuestra entrada a los vigilantes del parque y a unos escasos 10 metros se encuentra la escalera que da acceso al parque. Comenzamos a bajar para encontrarnos con la primera laguna conocida como El Lago de Azufre.

El número de escaleras es considerable aunque están divididas en varios tramos con pasarelas para poder contemplar con calma y detenimiento tanto el lago como la cueva, el nombre le viene por una sustancia blanca que hay en su fondo y pensaban que era azufre, aunque los científicos han demostrado que es calcio con otros minerales.

El azul es intenso y la vegetación y restos del techo de la cueva espectaculares. En la actualidad está prohibido bañarse aunque ganas entran, porque a pesar de estar descendiendo, la humedad y el calor comienzan a notarse.

Continuamos camino entre la vegetación hacia El Lago de Las Damas, uno de los más escondidos y pequeños de la cueva, con aguas pocos profundas. El nombre se le dio porque piensan que en sus aguas se bañaban mujeres y niños.

Subimos nuevamente las escaleras y nos dirigimos al tercer lago llamado La Nevera, el más profundo de la cueva, el que tiene las aguas más oscuras por la falta de luz y por tanto sus aguas más frías. El descenso hasta él es sencillamente espectacular porque vas viendo al fondo un pequeño halo de luz y una pequeña barca con cuerdas que lo atraviesa. 

Al pie de la escalera esperamos la vuelta de la barca para poder cruzar hacia el cuarto lago, que ya no forma parte del río subterráneo pero al que solamente se puede acceder desde este tercer lago, la Nevera. Hay que pagar 50 pesos o un dólar para poder hacer el recorrido de ida y vuelta.

Este cuarto lago, o cenote que es lo que nos recordó, es conocido como el de Los Zaramagullones.

El lago de los Zaramagullones es tremendamente bello, a nuestro parecer el más bonito de los que se visitan, y recibe su nombre de unos patos que habitaban en la zona, el zaramagullón. Aquí la vegetación es imponente, con helechos de alturas superiores a los cinco metros, con lianas cayendo desde la parte exterior de la pared, de hecho se ha rodado en este lugar la última película de Tarzán, sus aguas extremadamente cristalinas cargadas de pececillos. Nos recordó en todo momento este lago de los Zaramagullones a los cenotes mexicanos.

Tras la visita y la sesión fotográfica del lago volvimos a tomar el barco para emprender el camino de retorno, que es el mismo que el de entrada. Si cuando empezamos nuestra visita estábamos prácticamente solos, en la salida nos fuimos encontrando un gran número de grupos de turistas que accedían la cueva y que nos hizo esperar en muchos momentos por estar las escaleras ocupadas.

Nuevamente en el exterior, tomamos la senda que conduce al cuarto lago para visitarlo desde el exterior y rodearlo, aunque en gran parte de este perímetro no se puede visualizar por la exuberancia de la vegetación. Habíamos leído que el huracán George en 1998 había causado verdaderos estragos en este país y por ende en el Parque de los Tres Ojos arrasando prácticamente toda su vegetación; nos preguntábamos como sería antes de este huracán cuando ya nos parecía un paraíso natural el lugar y es que el poder de la naturaleza, a pesar de la pésima gestión del hombre, casi siempre recupera lo que fue suyo.

El cielo empezaba a ponerse oscuro y se avecinaba una de esas tormentas tropicales que tuvimos todos los días en República Dominicana, emprendimos camino a la salida del parque no sin antes visitar el bar para comprar agua y los baños, que también los hay y están muy limpios.

 

Y aquí terminó nuestra visita a esta joya natural del Parque de los Tres Ojos en la ciudad de Santo Domingo en la República Dominicana.

 

 

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