Beirut (Líbano). La ciudad de los contrastes.

Nada más llegar al aeropuerto de Beirut, nos íbamos a dar cuenta de lo que nos esperaba en la capital de Líbano. Tuvimos que esperar cerca de dos horas para pasar el control de pasaportes en un entorno de caos espectacular, donde los libaneses tenían más de seis puertas de acceso y los visitantes extranjeros el mismo número pero quintuplicábamos el número. 

La demora llegaba a ser asfixiante, cansada, molesta y sobre todo irritante. Nos recordó mucho a nuestra también desafortunada entrada en Uzbekistan. La gente joven se colaba por todos lados, los aprendices de oficial del ejercito se reían e incluso facilitaban a los amigos y chicas bien parecidas la forma de llegar a los puestos de control, algunos de los ciudadanos chipriotas que venían con nosotros en el avión se hacían paso de las peores maneras. ¡Un auténtico desastre! 

 

Teníamos nuestras dudas de si esperaría el conductor del transfer que habíamos contratado para ir al hotel, pero afortunadamente se encontraba en la salida con nuestro nombre escrito en un cartel, eso sí, no sabemos si fue por la espera o por su frío carácter, pero su cara de hastío y su falta de conversación fue la tónica en el trayecto hacia la ciudad.

Nuestro hotel en Beirut fue el "Golden Tulip Midtown" situado en el barrio de Hamra. Una muy buena ubicación, con buenos servicios, habitaciones cómodas y con balcón, pero con un desayuno escaso y poco variado, inapropiado para un hotel de su categoría. 

De lo mejor, fue sin duda, la piscina de la terraza, donde reponíamos nuestras fuerzas, después de nuestras jornadas de visitas por el país y su capital.

Cerca del hotel estaba la calle Hamra, que atraviesa toda la zona oeste de Beirut y está repleta de tiendas, cafés, restaurantes y bares, su actividad es continua a cualquier hora del día y donde pudimos cambiar euros por liras libanesas en una de la muchas oficinas de cambio que existen, sin apenas variación alguna en el precio de cambio.

Beirut es una ciudad difícil, muy difícil. Grande, caótica, fascinante, llena de contrastes, épica, entre colinas y el mar, entre el lujo y la pobreza. La capital del Líbano se mantiene entera, a pesar de sus inestabilidades. Cruce de identidades y culturas, históricamente, lugar de acogida para pueblos perseguidos. Símbolo de exotismo oriental y misterio árabe para unos y recuerdos de guerra y destrucción, para otros. En definitiva, toda una ciudad al que el calificativo de surrealista, es el que mejor la define.

Pisos de lujo al lado de edificios inacabados ocupados por familias de desplazados sirios, una ciudad en constante modernización que conlleva a la vez perdidas de patrimonio cultural y artístico. Es raro ver bellos edificios otomanos, coloniales y árabes de menos de un siglo, que aún no hayan sucumbido a las grúas y los que quedan suelen estar abandonados por los desperfectos y heridas de guerra. De manera infructuosa, estuvimos buscando los viejos cafés desde donde la periodista Maruja Torres escribía sus crónicas y novelas. Se han perdido el Café de los espejos, el Café de París, el Café Modka y otros, convertidos en tiendas de ropa o en franquicias de cafés internacionales. La conservación de los edificios antiguos brilla por su ausencia y en lugar de ser protegidos por los políticos, están siendo derribados con total impunidad en un Estado donde la continua crisis política paraliza las instituciones que velan por la conservación del patrimonio.

 

Otro factor negativo para Beirut es que tiene menos de un metro cuadrado de espacio verde por persona, por lo que es una de las ciudades menos verdes del mundo.

 

Carente casi en su totalidad de servicio público de transportes, en Beirut o tienes coche o no eres nadie. Los atascos de tráfico son una constante, por lo que moverse entre los distintos barrios no es fácil y no digamos en hora punta. Nuestro consejo: Visitar el Líbano en días laborables y a primera hora para salir de la capital y dejar las visitas dentro de Beirut para el domingo.

Os relatamos a continuación, bajo nuestro punto de vista, cuales son las visitas más recomendables a realizar en esta capital de Oriente Medio:

 

Columnata romana situada entre el Palacio de Justicia y el Museo Nacional, salvada de la guerra, ya que antes estaba situada en la Plaza de la Estrella, lugar de conflicto durante la guerra civil. Buen sitio para empezar a recorrer, la que quizás sea mejor atracción de Beirut...

El Museo Nacional de Beirut, es la principal institución cultural de Beirut. Su impresionante colección de vestigios arqueológicos exhibida magníficamente en un edificio singular, ofrece una gran visión general de la historia del Líbano y las civilizaciones que impactaron esta encrucijada cultural. Una visita casi obligatoria y esencial, si se recala en la capital del país.  Su precio: 5.000 Libras libanesas (3€). El museo está abierto de 9.00 a 17.00 (cerrado los lunes). Está bastante lejos del centro neurálgico de Beirut y se necesitan un par de horas para ver todo. Nosotros dispusimos de una hora y media y a continuación nuestro resumen.

Entrar en el museo es realmente impresionante. La iluminación y decoración de la estancia son espectaculares, uno de los mejores museos de historia y arqueológia a los que hemos asistido. La colección del museo se muestra en orden cronológico, comenzando en la prehistoria y terminando en la era otomana. Consta de tres plantas, en la intermedia, que es donde se sitúa la entrada, es de destacar los notables, algunos excelentes mosaicos bizantinos, así como dos maravillosos sarcófagos tallados de Tiro.

También aquí están las queridas estatuas fenicias de niños bebés. Estos fueron encargados por los aristócratas de Saida como exvotos a Echmoun, el dios fenicio de la curación, para agradecerle por salvar a sus hijos.

En una de las salas con una iluminación perfecta, un espléndido coloso egipcio, también de Byblos.

En la planta superior, destacan (entre otras muchas) las famosas figurillas de bronce dorado fenicio, que se encontraron enterradas cerca del templo Obelisk en Byblos. En la tienda del museo se pueden adquirir copias desde 4$ muy bien realizadas. La colección de artefactos de la Edad del Bronce aquí es de una calidad extraordinaria.

Destacan además, una cabeza de mármol del dios Baco del período romano, una magnífica colección de vidrio fenicio y un reloj de sol.

De realización extraordinaria los sarcófagos romanos de Tiro, como este sarcófago de Aquiles.

En el sótano, decorado con una especial atmosfera y bellamente presentado (difícil de encontrar, hay que mirar detrás de las escaleras) hay un especial destacado, la serie misteriosa de sarcófagos con rostro humano de Saida. La mayor colección de sarcófagos antropoides del mundo. Obra característica del período persa, cuando los reinos de Fenicia actuaron como un crisol de influencias de Grecia y Egipto.

Entre las piezas presentadas en esta sala, el sarcofago del rey Ahirom (o Ahiram) de Byblus con la inscripción más antigua conocida en letras fenicias.

Hay también excepcionales máscaras griegas, fenicias y romanas usadas en el teatro. Como curiosidad, existe un fresco que representa a María, la madre de Jesús, fechada en el año 240, y que se cree que es una de las representaciones más antiguas descubiertas de María en el mundo.

Otra visita imprescindible de Beirut es su Dow town (como ellos lo llaman). Se trata del centro monumental de Beirut y donde se encuentran los edificios más representativos de la ciudad. Una zona que ha sido reconstruida después de la guerra civil libanesa. Esta zona, separa Beirut Este (cristiana) y Oeste (musulmana). Actualmente es una de las áreas de desarrollo urbanístico más ambiciosas de la región, pero también con un exceso de seguridad impresionante, con infinidad de puestos de control policial y con miembros del ejercito paseando con armas. Han construido y restaurado la zona monumental de Beirut totalmente, pero está vacío, sin vida, con un silencio que incluso llega a ser molesto.

Empezamos el recorrido con una breve visita a la Catedral de San Elías y San Gregorio el Iluminador que se encuentra en un lugar prominente cerca de la Plaza de los Mártires, es una hermosa iglesia católica armenia, con una estructura única ya que refleja algunos cambios de la arquitectura armenia tradicional. Construida en 1950 sufrió daños durante la guerra civil libanesa y fue restaurada después. 

Cruzamos la calle y nos encontramos con la Plaza de los Martires, antaño campo de batalla de las múltiples guerras civiles libanesas. Esta vasta, irregular e inacabada plaza, ha quedado dividida, por diferentes vallas y obras, para separar a los seguidores de Hizbullah de los suníes en las diferentes concentraciones y manifestaciones de los dos bandos. Eso nos impidió hacer fotos de la estatua que conmemora a los nacionalistas libaneses que fueron ahorcados durante la Primera Guerra Mundial por los otomanos. Al otro lado, es donde se encuentran enterrados el anterior primer ministro Rafic el Hariri y sus guardaespaldas y acompañantes, muertos en el atentado de febrero de 2005 que provocó un vuelco histórico del Líbano y que todavía puede ocasionar consecuencias imprevisibles y peligrosas.

Desde ese lugar, se accede al mirador, donde además de tener una vista panorámica del centro de la ciudad, se pueden observar los restos de las Termas Romanas. Un sitio más en el que se confirma la existencia de vestigios romanos bajo la zona céntrica del Beirut Moderno. La superficie es limitada, pero puede apreciarse algunos restos de lo que fueron los baños o termas romanas. Se pueden observar desde el mirador los restos de una piscina, el tepidarium y de todo el sistema de calentamiento de agua. Carece de información y organización y no se puede acceder a ellas.

Y pasamos a ver la Mezquita de Beirut, no sin antes volver a pasar un control de seguridad que gracias a la relación de nuestro conductor con los agentes fue muy breve. Fue construida entre 2002 y 2007 por el ex primer ministro libanés Rafik Hariri y fue inaugurada por su hijo Saad. Tiene el nombre de Mohammad Al-Amin, es de enorme tamaño, con capacidad para 10000 personas.

Es una Mezquita moderna impresionante pero muy sobria en su decoración, aún así, destaca su lámpara de cristal, increíblemente grande. La mezquita  tiene una inspiración otomana, copiando la mezquita del Sultán Ahmed en Estambul.

A la salida pudimos ver los restos del cine donde se puso la bomba que mató al anterior primer ministro y que parece ser van a dejar así para recordar las consecuencias del atentado.

Y justo al lado de la Mezquita, la Catedral Católica Maronita de San Jorge, construida en el siglo XIX en estilo neoclásico. Ver esto es ver la síntesis de la realidad en el Líbano ¡Una mezquita y una catedral juntas! 

Beirut tiene una virtud fundamental, los musulmanes y cristianos viven en una armonía digna de ser exportada a los países donde la convivencia de religiones es un problema en el día a día. Históricamente, Líbano ha sido un país en el que la religión mayoritaria ha sido el cristianismo católico maronita, pero la prosperidad de la región ha provocado con el paso de los años una fuerte inmigración de los países colindantes (fundamentalmente de Palestina y Siria) y en la actualidad hay tantos musulmanes como cristianos viviendo en el país.

Enclavado en la zona de Oriente Medio, tiene la peculiaridad (si obviamos a Israel) de ser el único cuya población no ha profesado la religión islámica de forma mayoritaria. Y en ese contexto, casi desconocido para el resto del mundo, nos dimos cuenta como turistas de la realidad y el respeto entre las diversas creencias.

 

Retomamos nuestro recorrido siguiendo la dirección que lleva a la Plaza de la Estrella y nos topamos con la Mezquita Emir Assaf. Esta mezquita fue construida en 1597, dentro del recinto del palacio de Emir. Tiene forma cuadrada con un techo de cinco cúpulas. Dañada en la guerra de mediados de la década de 1990 se renovó la fachada occidental original de la mezquita.

Más adelante, llegamos a un cruce de calles con edificios señoriales, parada de bicis de alquiler, ornamentación en aceras con árboles y flores con una figura muy al estilo Mariscal que le daba colorido y alegría, pero no podía faltar.... ¡Una nueva garita de control militar!

En aquel lugar también se encuentra la Mezquita de Al-Omari que es uno de los edificios más antiguos de la ciudad. El lugar ha sido bellamente conservado y esta es una de las dos mezquitas de Beirut que pertenecen al siglo XIII. Esta mezquita se hizo sobre las ruinas y restos de una iglesia bizantina. La iglesia era de San Juan, que fue originalmente construida por los Cruzados. Hay muchas evidencias que arrojan luz sobre el hecho de que este lugar tenía un templo romano antes de que se construyera la iglesia.

Nos desviamos a la izquierda para llegar a la Plaza de la Estrella, uno de los lugares más populares para disfrutar del ambiente y visitar sus cafés. Es famoso por su arquitectura, de estructura otomana en piedra y mármol y se ha convertido en un punto focal e identificativo de la ciudad de Beirut.

 

Su nombre proviene del hecho de que hasta 6 calles irradian desde allí, dándole la forma de estrella. Allí se encuentra el Parlamento libanés., pero la joya de la plaza es la torre de reloj construida en la década de 1930 con inconfundible estilo Art Decó y con un reloj Rolex en las cuatro caras. Se ha convertido en un ícono reconocible de la ciudad de Beirut en todo el mundo. Al estar también fuertemente vigilada por militares, la hace poco amigable. Ahora solo hace falta que se llene de lugareños y turistas que quieran disfrutar de la vida en la calle sin una constante vigilancia militar.

A uno de los lados de la plaza se encuentra la Catedral Ortodoxa de Saint George, con casi 250 años de antigüedad, es una joya de la arquitectura y la iconografía bizantina y se erige como un testigo del tiempo pasado y de las culturas que han estado presentes en el Líbano. Sus interior está sorprendentemente bien restaurado mostrando el esplendor del arte bizantino.

Desde allí a los Zocos de Beirut (Beirut Souks) o al menos eso esperábamos ver. Nada más lejos de la realidad, de zoco solo tiene el nombre, se trata de un centro comercial con tiendas de lujo, con ambiente y arquitectura al estilo occidental o europeo. Una gran variedad de tiendas de moda, cafeterías, restaurantes y gimnasio.

También es paso obligado para hacer la foto con el emblema callejero de "I LOVE BEIRUT" y como siempre los contrastes y el surrealismo vuelven a imperar en esta ciudad. A un lado un edificio supermoderno que están construyendo y al otro un edificio señorial abandonado desde los años 90 con los impactos de bala en su fachada. ¿Pero es que no hay otro sitio en Beirut para poner su logo?

Ya solo nos hacía falta recorrer las calles del Dow Town y observar (otra vez) los contrastes de la ciudad. El distrito centro fue escenario de combates durante la guerra civil que lo dejaron arrasado. Como ya hemos reseñado, hoy en día toda la zona ha sido reconstruida, si bien se pueden ver edificios abandonados acribillados por balas y sin embargo otros deslumbrantes por su restauración para edificios de oficinas, embajadas, gubernamentales o particulares con alto poder adquisitivo.

Excelente pavimentación de las calles, muy limpias, imaginamos por las contratas privadas que contratan los vecinos, porque no es la tónica general en la ciudad, pero con un aire sobrio, frío y carente de personalidad. Y para conseguir lo contrario es necesario que la gente circule libremente sin tener que darse de bruces en cada esquina con un agente de la policía o con un soldado.

Sin embargo, vale la pena recorrerlas para apreciar el renacer del país tras la guerra y ataques de países vecinos, además de que conserva el estilo occidental de épocas pasadas.

Antes de abandonar el Dow Town visitamos una iglesia más, la Catedral de San Luis de los Capuchinos, erigida en el siglo XIX en honor al rey Luis IX de Francia, en estilo neogótico, siendo la primera iglesia en propiedad de la orden de los Capuchinos a pesar de haber llegado al Líbano 100 años antes. En la actualidad, en su interior se celebran misas católicas dirigidas a extranjeros visitantes y residentes en varios idiomas. Es impresionante todo su revestimiento realizado en piedra.

Y del Dow Town a la costa de Beirut. Primero fuimos al cuidado, remodelado y coqueto puerto deportivo, muy al estilo de los países árabes productores de petróleo y que seguramente tendrán intereses económicos en los inmensos edificios con vista al mar. En Beirut, ha habido una larga tradición de acceso público a la costa, comenzando bajo el dominio otomano y continuando con el mandato francés, con leyes que prohíben el desarrollo en el litoral. Pero desde la década de 1960, una serie de cambios legales han eliminado la mayor parte de la protección de la costa, lo que permite un desarrollo casi sin control. Esta oportunidad ha sido aprovechada por los principales inversores inmobiliarios, que han logrado hacerse dueños de casi todo el sitio.

Recorrimos “la Corniche”o paseo marítimo de Beirut donde sí observamos más bullicio de gente y familias paseando a sus niños hasta llegar a otros de los iconos de la ciudad. Nos referimos a “la Raouche”.

La Raouche es un hito prominente situado en el paseo costero principal que conforma un paisaje de gran belleza, posee una rica historia social y memoria cultural, y ha sido una característica de la vida de la ciudad durante más de 7.000 años. Entorno natural con gran riqueza de fósiles y vestigios neolíticos que debe ser protegido. El World Monuments Watch 2016 se une a una campaña comunitaria para pedir la protección de la Raouche, sin alteraciones, para uso público. El creciente movimiento está desarrollando planes sostenibles para el sitio y exigiendo reformas legislativas que restablecerían las protecciones que se eliminaron y designaran el sitio como un paisaje natural y cultural. Otra vez como contraste tenemos la belleza del paisaje y la suciedad (siguiente foto) que existe por todos lados.

El final de la Corniche se corresponde con el inicio de las playas públicas (de momento) de Beirut. Un modelo habitual de ciudad costera como Benidorm, Torrevieja y otras tantas donde la especulación urbanística siempre ha ganado a la preservación del área natural.

Otro de los imprescindibles en Beirut es probar la exquisita cocina libanesa, cosa que hicimos con frecuencia. Los platos son variados con multitud de sabores y texturas. 

Y para finalizar, relatar el ambiente de la calle Hamra, verdadero corazón de la zona oeste o musulmán de Beirut y por donde dimos los paseos nocturnos cada día de nuestra estancia en la ciudad. Es una de las áreas más vibrantes de la capital libanesa. Esto se debe por un lado, a que es una activa zona comercial y por otro, a la presencia de la Universidad Americana de Beirut, una de las más importantes del país. Alrededor de esta calle se encuentran la mayoría de los hoteles. Hamra es la única zona de Beirut donde es posible encontrar hoteles económicos.

Al principio te puede dar la sensación de mucho bullicio, esta lleno de vida y de tiendas abiertas prácticamente a cualquier hora. Los distintos comercios plasman en la acera estrellas al estilo Hollywood para perpetuar su paso por esta calle. Personas de todo tipo y de todos los lugares, tiendas, bares, restaurantes y todos muy adecuados para cada ocasión que se escoja. En definitiva, la arteria comercial de la ciudad.

Pues ese fue nuestro paso por Beirut y el final de nuestro viaje. Nos fuimos con la sensación de haber aprovechado nuestra estancia de cuatro días en el país, aunque todo hay que decirlo, nos supuso un esfuerzo económico superior que en el resto de los países visitados ya que es un país "carillo".

 

 

Please reload

NOS HARÍA MUCHA ILUSIÓN QUE NOS DEJARAS UN COMENTARIO

ENTRADAS RELACIONADAS

Please reload

SUCRÍBETE A NUESTRO BLOG

ESCRÍBENOS AL SIGUIENTE E-MAIL:

  • Icono para Facebook
  • Icono para twitter
  • Icono para Instagram
  • Icono para RRSS