Split y el Palacio de Diocleciano (UNESCO).

DÍA 4 DE JUNIO DE 2012

 

Con un sol espléndido y sin excesivo calor, pero con previsión de aumento de temperatura (como así sucedió) salimos a las 10:30h de Supetar en el ferry hacia Split en un trayecto de 50 minutos. 

 

Antes de subir en el ferry dimos un pequeño paseo por la bonita ciudad de Supetar porque queríamos visitar la Iglesia de la Asunción, pero no tuvimos suerte y estaba cerrada. Nuevamente en el puerto vimos la gran cantidad de gente que iba a venir con nosotros en el ferry, era sin duda el puerto que veríamos con más afluencia de turistas.

 

Si la noche anterior el puerto nos pareció un lugar lleno de encanto, con la luz de la mañana o perdía interés. Todo lleno de pequeñas tiendas con mucho encanto y un pequeño mercado de frutas y verduras locales, nos tocaba volver al coche para subir al ferry y nos teníamos que despedir de la Isla de Brac.

Divisar Split desde el mar es una auténtico privilegio, ya que las montañas que la protegen ofrecen un telón de fondo incomparable. Estábamos deseosos de comenzar la visita a esta ciudad histórica. La saluda del ferry fue  fácil y aparcar también, aunque en pleno verano suponemos que esto debe estar a tope.

Split, con vistas a la costa del Adriático, tiene edificios romanos y sinuosas calles medievales y museos, mereciendo estar entre las más bellas ciudades de Croacia.

 

Lo más característico de esta villa es que se ha ido desarrollando en torno al Palacio del emperador romano Diocleciano, construido a finales del siglo III y principios del siglo IV. Fue una lujosa villa imperial de unos treinta mil metros cuadrados donde se retiró, cuando dejó voluntariamente el trono imperial romano tras los años que duró la construcción. Hoy es uno de los mayores centros turísticos del país y alberga algunos de los monumentos e instituciones culturales más importantes de Croacia.

 

El Palacio de Diocleciano es uno de los edificios mejor conservados de la época romana en Europa y desde 1979 entró en los activos del Patrimonio Mundial de la Humanidad junto al resto del núcleo histórico de la ciudad.

 

Nosotros, después de desembarcar del ferry, aparcamos el coche en las inmediaciones del puerto, pues sabíamos que sería harto difícil hacerlo en el centro. Nos dirigimos hacia el Palacio de Diocleciano dando un paseo junto a la ribera marítima e hicimos nuestra entrada a través de la antigua prisión romana, el Produm. Era mediodía y el calor empezaba a apretar.

El callejón principal que une las diferentes estancias está abierto todos los días y ofrece una serie de de pintorescos puestos que ofertan recuerdos y artesanía de cualquier tipo. La verdad es que no nos causó buena impresión ver todos los muros llenos de postales y el recorrido de actores vestidos de romanos por todos los pasillos. Pero en fin, no era la primera vez que veíamos algo así. Un ejemplo es la Piazza dei Miracoli en Pisa o el Coliseo en Roma. No renegamos de este tipo de espectáculos ni de los mercadillos, pero por favor, en los exteriores.

No había mucho que ver, al menos en condiciones, en los subterráneos del palacio, así que salimos al exterior, donde una espléndida torre de campanario realizada en piedra blanca se alzaba ante nosotros.

 

Era la torre del campanario de la Catedral de San Domnius (Duje en croata). De 57 metros de altura, se levantó en el siglo XIII. Fue reconstruida completamente y ligeramente modificada entre los siglos XIX y XX. En la actualidad se puede subir a la parte superior del campanario, ofreciendo preciosas vistas de la ciudad de Split.

 

El edificio original fue el Mausoleo de Diocleciano. Es curioso como es de contradictoria la historia, el emperador fue un enconado enemigo de los cristianos y sin embargo su mausoleo fue el origen de la Catedral.

La reconversión realizada en el siglo VII no fue muy agresiva y la Catedral tiene una mezcla muy bella de Iglesia Católica Romana y templo pagano. El octógono exterior del mausoleo fue rodeado por un pórtico de 24 pilares. Encima de ellos, una cúpula construida con ladrillos dispuestos en forma de abanico en la parte inferior y de forma circular en el tercio superior.

 

Tanto en el interior como en el exterior se pueden distinguir tallas con pasajes de los Evangelios, así como relieves de dioses paganos y como no, retratos del emperador y de su esposa Prisca. Después de ver la Catedral, empezamos a perdernos entre las laberínticas calles del centro de Split y admirar los preciosos restos arquitectónicos de diferentes épocas.

Primero nos sentamos en el cruce de las dos calles principales del palacio, el llamado Peristilo, una audiencia pública rectangular decorada con columnata y destinada a convertirse en el corazón del palacio, donde los más poderosos ciudadanos romanos se reunían. Hoy en día, varios cafés copan el aforo de sus pequeñas gradas.

Más tarde y huyendo del calor que apretaba, cruzamos la puerta del oeste, la llamada Puerta de hierro, hasta llegar al centro neurálgico de la ciudad, la plaza Narodni Trg.

Verdadero corazón de Split, la plaza está repleta de vida y animación con puntos de referencia artísticas, entre los que sobresalen, la emblemática Torre del Reloj, el majestuoso Ayuntamiento, palacios góticos del siglo XV y otras mansiones de estilo renacentista y barroco. Un lugar donde, desde la Edad Media, se desarrolla la vida social urbana.

Llevábamos casi tres horas recorriendo la ciudad y era hora de comer, necesitábamos tomarnos un descanso y salir de esta plaza de Split para encontrar un restaurante en un espacio más tranquilo.

Lo hicimos en una terraza sombrada y cerca de otra de las puertas del palacio, la que tiene salida a la Plaza de la República, otro emblemático sitio de la ciudad. 

Diseñada a imagen de la plaza de San Marcos de Venecia con unos edificios con soportales y elegantes fachadas anaranjadas, adornadas con cabezas de leones venecianos, pero construidas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Como remate religioso, se encuentra la Iglesia de San Francisco. Es el lugar elegido por las instituciones culturales para celebrar espectáculos al aire libre. 

Paseamos por el paseo marítimo llamado popularmente "Riva" donde nos despedimos de Split. Repleto de cafeterías y bares, es el destino perfecto para observar el curioso flujo de personas que pasan por la ciudad, además de admirar la fachada este del Palacio de Diocleciano, siempre y cuando las sombrillas multicolores de los establecimientos hosteleros no lo impidan.

Os dejamos una fotografía del folleto turístico donde se recrea como debió ser en su momento el gran palacio del Emperador Diocleciano. Split y su palacio es una ciudad que te apasiona, como nos ocurrió a nosotros, o que te desencanta, no tiene término medio. Nosotros continuamos el viaje y si queréis saber cual fue nuestra siguiente parada, pinchad en la flecha de siguiente.

 

 

 

 

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