Rastoke un pueblo de cuento entre aguas, Croacia.

Iniciamos marcha desde Plitvice para llegar a Zagreb, pero habíamos leído y visto fotos de un precioso pueblo enclavado a solo 30 kilómetros, todavía dentro del Parque Nacional. Y efectivamente, hicimos muy bien en parar unos cuantos minutos para contemplar el paisaje y el pueblo. Si se tiene oportunidad y tiempo merece la pena pasar unas cuantas horas y os contaremos el porqué.

 

Rastoke es apodado como el "Pequeño Plitvice", ya que comparte algunas de las mismas características de los lagos. Allí se encuentran cascadas, cañones y vistas impresionantes en todas las direcciones, pero sin agobio de gente ni multitudes de turistas.

 

El camino para llegar serpentea alrededor de las colinas verdes, salpicado de cascadas y cabañas tradicionales de Croacia. Una gozada para la vista.

Al igual que los lagos, Rastoke también se asienta sobre una barrera de piedra caliza, y ha sido agraciado con un entorno espectacular y hermoso. Este pequeño pueblo ha crecido a lo largo del borde de una cascada donde los ríos Korana (el mismo río de Plitvice) y Slunjcica se encuentran. Estas aguas fluyen alrededor e incluso dentro del casco urbano, creando también numerosos arroyos y piscinas de agua cristalina.

Es un lugar encantador que parece salido de un cuento. Te sorprende y te cautiva apenas caminas unos metros por él. Rastoke es conocido por sus molinos de harina del siglo XVIII y las casas construidas en los estilos arquitectónicos tradicionales. Casi todas las casas tiene la mitad inferior construida en piedra para evitar daños por agua, mientras que los tejados son de pizarra y madera.

Esta región fue uno de los más afectadas durante la guerra de los Balcanes en la década de 1990. El pueblo entero quedó terriblemente dañado. Las casas fueron quemadas y en sus alrededores se pusieron minas terrestres y explosivos.

 

Desde entonces, en la región se experimentó un programa de restauración llevada a cabo por el gobierno que fue todo un éxito. La zona ha sido limpiada de minas y se ha mantenido la integridad arquitectónica del pueblo.

 

Las cicatrices de la guerra ahora se han curado y han sido sustituidos por agradables paseos por el pueblo, que es rico en flora y fauna, además de sentir la relajación de los flujos incesantes de agua. 

El río pasa por debajo de las casas y éstas están ancladas a tierra mediante pilares de piedra. El pueblo es muy tranquilo y acogedor, dispone de varios restaurantes para comer o cenar en un paraje muy bonito. Si se desea visitar por dentro  los molinos o bañarse en una de sus piscina naturales se ha de pagar una tasa de 25 kunas.

 

Con la invención de los molinos eléctricos y la emigración masiva después de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, la importancia económica de los molinos de Rastoke se redujo drásticamente. En 1969, Rastoke se convirtió en monumento nacional y después de la última renovación efectuada tras la Guerra de los Balcanes, se dedica prácticamente al turismo.

 

Tuvimos la oportunidad de tomar un café antes de salir a la carretera y la verdad es nos quedamos con las ganas de haber estado más tiempo pero no podía ser.

Pero Zagreb nos esperaba y unos cuantos kilómetros nos separaban de la capital. Hubo que ir al coche y ponernos en marcha. 

 

 

 

 

 

 

Tags relacionados:

Please reload

NOS HARÍA MUCHA ILUSIÓN QUE NOS DEJARAS UN COMENTARIO

ENTRADAS RELACIONADAS

Please reload

SUCRÍBETE A NUESTRO BLOG

ESCRÍBENOS AL SIGUIENTE E-MAIL:

  • Icono para Facebook
  • Icono para twitter
  • Icono para Instagram
  • Icono para RRSS