Liubliana, la capital verde de Eslovenia

DÍA 9 DE JUNIO DE 2012

Salimos temprano de nuestro hotel en Zagreb para coger el tren de las 08:10h con destino a Liubliana, capital verde de Eslovenia. No pudimos coger el trayecto directo ya que salía demasiado pronto (06:50h) y optamos por un trayecto con paradas, que si bien dura 30 minutos más, nos permitió contemplar con más detalle el bonito paisaje entre montañas.

 

El tren era cómodo, aunque algo lento y se tardó bastante con las inspecciones de los agentes de aduana croatas y eslovenos que paran el tren en ambos países. Los billetes los compramos directamente en la estación de Zagreb.

 

A caballo entre los Alpes y el Adriático, y haciendo frontera con Italia, Austria, Hungría y Croacia, Eslovenia es un pequeño y hermoso país con una gran riqueza natural e histórica y con una superficie que corresponde aproximadamente a la mitad de Suiza, su capital de nombre casi impronunciable y no digamos en el idioma original... Ljubljana, es una ciudad de 270.000 habitantes, siendo una de las capitales más pequeñas de Europa.

 

Llegamos sobre las 11 horas a Liubliana. El enlace para adquirir los billetes de tren a través de este. Cuando salimos Zagreb, el tiempo era lluvioso y fuimos al hotel donde nos alojaríamos una noche, Cityhotel.  dejamos las maletas y cuando nos disponíamos a salir cayó una tormenta tremenda que nos retuvo casi dos horas en el hotel. Lloviendo pero con normalidad empezamos nuestro recorrido por la ciudad.

En esloveno, la palabra "Ljubljana" significa "amada". Y ese es el sentimiento que los habitantes sienten por su ciudad. Nuestra primera impresión: ciudad limpísima, ordenada y con todo el centro histórico prácticamente peatonal. Galardonada en 2016 como Capital Verde Europea por promover con éxito iniciativas que se centran en el turismo sostenible, el transporte público, tratamiento de residuos, espacios verdes, el ciclismo y el agua potable de alta calidad.

El centro absoluto en Liubliana es sin ninguna duda la plaza Prešeren, flanqueada por la iglesia franciscana y el puente triple, que conduce al casco antiguo. La plaza lleva el nombre de Francia Prešeren, el poeta nacional de Eslovenia y una estatua en su honor ha sido dispuesta en la misma. Uno de los poemas de este autor se ha convertido en la letra del himno nacional. Como telón de fondo la Catedral con su gran cúpula y las dos torres gemelas.

Lo que definitivamente hace que esta plaza sea el centro de la ciudad son la gran cantidad de diferentes eventos que se llevan a cabo allí, desde música en vivo, competiciones deportivas, actos culturales o celebración de festividades. Como veréis más adelante, tuvimos ocasión de ver allí una exhibición de coches antiguos.

Después de que un terremoto en 1895 destruyó gran parte de Liubliana, nuevas estructuras y edificios fueron diseñados en estilo Art Nouveau, complementado con la restauración de los edificios barrocos que quedaban. A principios del siglo XX, el conocido arquitecto esloveno Joze Plecnik puso su sello en la ciudad mediante la construcción de muchos de los lugares más célebres de Liubliana. El Puente Triple, el Puente del Dragón, los muros de contención a lo largo del río, las salas de Mercado Central y el edificio central de la Universidad Nacional fueron obras suyas. Su estilo se asocia con la llamada arquitectura de la secesión. "La arquitectura eterna y humanística de Jože Plečnik en Liubliana y Praga" ha sido incluida en la Lista indicativa del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015.

El Puente Triple uno de los límites de la plaza Prešeren contribuye a atraer a mucha gente a la plaza, ya que todos los turistas y visitantes quieren verlo. Facilita el paso a través del río Ljubljanica, que si Ljubljana significa "amada" Ljubljanica se traduce como "río del amor", hacia el casco antiguo y se extiende en forma de abanico. Este puente tiene una gran historia, en la Edad Media hubo un cruce del río en este lugar, que se unía con una de las puertas de la ciudad. Se menciona ya en 1280. Fue construido de madera y se quemó en el siglo XVII. Fue sustituido por otro puente de madera y en 1842 se construyó un puente de piedra.

Con la llegada de la época industrial, los automóviles, carros y carretas lo convirtieron en un cuello de botella, por lo tanto Plecnik, tenía la tarea de renovar el puente. La solución que dio, fue construir un puente peatonal a ambos lados del existente, conservando el anterior. Para dar armonía al conjunto de puentes y que pareciera haber sido construido al mismo tiempo, renovó la balaustrada. En 1958 llegó a pasar un tranvía por el paso central, pero hoy en día los tres puentes son para peatones.

En el otro lado del puente, donde la ciudad moderna se extiende, se encuentra la iglesia franciscana. Se llama así, porque hay un monasterio franciscano al lado de él, pero su verdadero nombre es Iglesia de la Anunciación. Fue construido en el siglo XVII y es  junto con el Puente Triple,  uno de los  edificios más emblemáticos de Ljubljana.

 

El propio centro de la ciudad transcurre alrededor del río Ljubljanica, que la atraviesa y separa la ciudad antigua de la nueva. Un paseo por las orillas del río es la mejor opción para captar la esencia de la ciudad y ver los colores y detalles de sus casas.

El relativo pequeño tamaño de Liubliana es también parte de su encanto, con distancias que son fácilmente accesibles, con edificios históricos y coloridos. Nosotros también optamos por seguir el curso del río y lo primero que nos encontramos fue el original Mercado Central, también como hemos dicho anteriormente remodelado por Plecnik, además de fruta, verdura o flores, también se pueden encontrar productos típicos de Eslovenia como su jamón o tartas y cafeterías y restaurantes de comida local. Al estar techado, nos animó a comer en una de sus terrazas. Abundante, bueno y precios muy razonables sobre todo en la cerveza, totalmente recomendable.

Allí sentados, decidimos la ruta a seguir y que os mostramos a continuación.

Llegamos al puente mítico de Liubliana y principal icono de la ciudad, el Puente de los Dragones. Considerado como uno de los mejores ejemplos de arquitectura Art Nouveau. A pesar de las inscripciones en su costado (1848-1888) no fueron esos los años de su construcción. Esos años son homenaje al cuarenta aniversario del reinado del Emperador Francisco José I de Habsburgo. El puente se acabó en 1907 y se realizó en hormigón y no en piedra, algo muy atrevido en la época.

En las cuatro esquinas se encuentran cuatro esculturas de dragones. En un principio fueron instalados leones alados, pero ante las quejas de los vecinos, fueron sustituidos por el símbolo de la ciudad, el dragón, del cual se dice está unido a la leyenda griega de Jasón y los Argonautas a los que se les adjudica la fundación de la ciudad, ya que el mítico monstruo fue vencido en el río. 

No hacerse una foto aquí con los dragones es como ir a París y no hacérsela con la Torre Eiffel. Dos graciosas leyendas urbanas existen de este puente. Una dice que si una doncella (virgen) cruza el puente, uno de los cuatro dragones moverá la cola. La otra leyenda cuenta que si una pareja prometida cruza el puente y ella no es virgen, será devorada, por eso las parejas prometidas liublienenses evitan pasar por allí.

Parece que eso no cuenta para las parejas extranjeras y salimos de allí vivitos y coleando para continuar nuestra marcha. Queríamos ir al Castillo de Liubliana y para informarnos fuimos a la Oficina de Turismo, relativamente cerca del Puente de los Dragones.

Nuestra siguiente parada era el funicular que nos subiría al Castillo. El recinto del Castillo, junto con la capilla, las celdas y la torre pentagonal es de acceso libre, pero como no estábamos por la labor de subir la colina por los senderos andando, preferimos pagar los 7€ por persona que costaba subir en funicular y ver el documental en 3D sobre la historia de Liubliana.

 

Si los dragones son el símbolo de la ciudad, el Castillo es su emblema. Está situado en lo alto de una colina prácticamente en el centro geográfico de la ciudad. Se empezó a levantar a principios del siglo XII y se reconstruyó casi por completo en el siglo XV. Después de la guerra de Yugoslavia, se llevó a cabo una remodelación integral.

 

La subida en funicular es realmente espectacular ya que sus paredes son de cristal, fue una pena que estuviera lloviendo y no pudiéramos sacar buenas fotografías.

En la actualidad se ha convertido en un bonito e interesante lugar de exposiciones, convenciones, con cafetería, zona arqueológica, bares y una enorme terraza desde la que admirar la totalidad de Ljubljana. Cuenta con un Museo de la Historia accesible con la entrada combinada del funicular donde asistimos a una proyección muy interesante sobre los orígenes de la ciudad y el castillo y que resumimos a continuación.

BREVE HISTORIA DE LIUBLIANA

Se conocen datos de su existencia desde el siglo I aC como asentamiento romano llamado Emona,   desde el siglo VI los eslovenos están establecidos en la ciudad, invadida por los francos en el siglo XI y recuperada por los Habsburgo en el siglo XIII hasta el siglo XVII con la llegada de Napoleón. Mas tarde, se adhirió al imperio Austro-húngaro, y en el siglo XX tras la Segunda Guerra Mundial pasó a ser la capital de la República socialista de Eslovenia dentro de la República Federal socialista de Yugoslavia. En 1991, en la Guerra de los Balcanes, Eslovenia declaró su independencia.

Salimos de ver el documental y nos dirigimos a las plataformas y terrazas del castillo para observar las vistas de Liubliana y desde luego aunque lloviese eran dignas de admiración.

Distinguíamos la Catedral y el cauce del río. El desarrollo urbanístico de la ciudad y los nuevos edificios construidos. Sus parques y jardines y los rojos tejados de las casas antiguas. El corazón de la ciudad se apreciaba peatonal y compacto. Veíamos el potencial de esta ciudad para ser inundado de visitantes y turistas en un futuro próximo. Eslovenia es un paraíso para los viajeros amantes de la naturaleza, y no lo es menos Liubliana, su capital, que el resto del país. 

Contentos con la experiencia, bajamos con el funicular para dirigirnos a ver la Catedral de San Nicolás. Una Iglesia con origen gótico  pero que en siglo XVIII fue remodelada al más puro estilo barroco. La entrada es libre y pudimos admirar sus interior en el que destacan el precioso órgano y los frescos del techo. Muy interesantes son las puertas donde están labradas pasajes de la historia de Liubliana.

Y desde allí, ya que estábamos en pleno centro, nos dirigimos a conocer la sede del Ayuntamiento. El interior ya estaba cerrado y lo visitaríamos al día siguiente, así que solo pudimos detenernos para admirar el edificio por el exterior, cuya fachada refleja influencias de la arquitectura veneciana. Fuera, en la plaza, hay una fuente de estilo barroco obra de Francesco Robba, escultor italiano que representa alegóricamente los tres ríos que pasan por la región de Liubliana, inspirándose en Bernini y su obra "los cuatro ríos de Roma" instalada en la Piazza Navona de Roma.

Nos adentramos en las preciosas calles adoquinadas y peatonales del centro histórico. Es un núcleo urbano pequeño pero encantador. Vale la pena recorrerlo despacio, fijándose en las fachadas de los edificios y tomar algo en sus terrazas.

Ljubljana es la ciudad perfecta para pasear sin prisas. También parece que es muy segura, la gente es amable y hay una buena relación calidad-precio, aunque bastante más cara que Croacia o Bosnia. Sus esfuerzos para ser sostenible deben ser elogiados. Todos los contenedores públicos que requieren la separación de basura en diferentes categorías, se encuentran en cada calle de una manera discreta, las fuentes de agua están disponible en todas las esquinas y los coches no pueden pasar al centro de la ciudad.

 

Escogimos uno de los pequeños restaurantes que había en el centro para cenar. La cocina eslovena es la típica de Europa central en el que la carne, salchichas, albóndigas y patatas están muy presentes en el menú. También hay, sin embargo, una influencia italiana, con gnocchi, risottos y pastas. Un precio justo por lo que cenamos y volvimos al hotel a descansar.

DÍA 10 DE JUNIO DE 2012

 

Nada que ver con el día anterior, amaneció con un sol radiante e íbamos a aprovechar la mañana que nos restaba del viaje antes de tomar el vuelo de vuelta a España. Después de desayunar nos fuimos directamente al Ayuntamiento para recorrer su interior y las posibles exposiciones hubiera. La sede del Ayuntamiento está en la plaza Mestni, una plaza que desde el siglo XII ha sido punto central de la ciudad medieval. En 1511 se derrumbaron numerosos edificios medievales, como consecuencia de un terremoto y fueron sustituidos por construcciones renacentistas de entre las que destaca el edificio del Ayuntamiento. 

Pasamos a su patio interior en el que se conserva frescos del siglo XIV, y un viejo pozo de piedra. Debido a que posee una gran acústica,se programan conciertos y obras de teatro, había exposiciones pero no suscitaron nuestro interés y seguimos con nuestro recorrido.

Y qué mejor que hacerlo que por la ribera del río donde no pudimos hacerlo el día anterior por la lluvia. El paseo fue delicioso caminando por soportales, jardines y caminos .

 

Decidimos sentarnos en un terraza frente al Mercado Central para admirar el deambular de los barcos de paseo y de la gente que se acercaba aprovechando el buen tiempo que hacía esa mañana.

Una vez acabado el refrigerio, volvimos hacia el hotel para recoger las maletas y coger el bus que nos llevaría al aeropuerto y al pasar por la plaza Prešeren, nos encontramos con una exhibición de coches antiguos que hacía las delicias de pequeños y mayores aficionados al automovilismo.


Nuestro viaje de 11 días por Croacia, Bosnia y Eslovenia tocaba a su fin. Con toda resignación pero con ilusión de lo vivido y disfrutado, llegamos al aeropuerto y emprendimos el vuelo de regreso a España.

 

 

 

 

 

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