Guadalajara (Castilla La Mancha): Un paseo por su historia.

Llegamos a la ciudad  Guadalajara situada en la orilla izquierda del río Henares y a solo 65 kilómetros de Madrid por la tarde después de haber visitado y comido en Pastrana y nos alojamos en el hotel Tryp Guadalajara, moderno y confortable establecimiento hotelero, aunque alejado del centro, donde tuvimos unos momentos de descanso antes de salir a pasear. Disponíamos de unas cuatro horas antes de la cena para una breve pero intensa visita por Guadalajara. Pero antes de relatar lo que vimos en esta ciudad castellana, conviene conocer un poco de la historia de Guadalajara y os dejamos a continuación algunos apuntes históricos:

 

En las cercanías de la ciudad de Guadalajara, si se han descubierto en toda la vega del río Henares restos arqueológicos de diversas épocas, desde el Neolítico hasta visigóticos y algunas partes de origen romano en el antiguo puente del Henares. Pese a todo, no hay nada que indique un asentamiento permanente de población en Guadalajara antes del siglo VIII, cuando entraron los musulmanes.

 

Su nombre proviene del árabe Wad-al-Hidjara que significa:"Río que corre entre piedras" o "Río pedregoso". Se empieza a configurar una ciudad alargada en un cerro sobre el río Henares, que llegaría a convertirse en una ciudad fortaleza cuando se concluyó en el siglo IX el Alcázar. Una base militar situada en lugar de paso hacia las batallas con los reinos cristianos del norte de la península Ibérica. El dominio andalusí de la ciudad fue breve, de tan solo tres siglos, hasta que a finales del siglo XI pasó a manos de Alfonso VI de Castilla. La supuesta autoría, como el hecho mismo de la conquista definitiva de la ciudad no están claros y han dado pie a diversas leyendas no contrastadas que indican a Álvar Fáñez, lugarteniente de El Cid como el que dirigió a las tropas castellanas en la toma de la ciudad en la primavera de 1085.

Más tarde, durante el reinado de Alfonso X , la protección del rey aseguró el desarrollo económico de la población, mediante la defensa de sus comerciantes y la autorización de sus ferias y mercados. Fue en la segunda mitad del siglo XIV cuando se estableció en Guadalajara la familia Mendoza, que marcaría en adelante el destino de la ciudad. A finales de siglo, el rey Enrique IV concedió a Guadalajara el título de ciudad y la corte señorial de los Mendoza, ya nombrados duques del Infantado actuaría de motor económico en la vida urbana.

 

En el siglo XVII los Mendoza se trasladan a Madrid mermando la economía y el desarrollo de la ciudad que además fue saqueada durante la Guerra de Sucesión Española. También durante la Guerra de Independencia contra los franceses Guadalajara fue tomada por el ejército invasor y fue parcialmente destruida en 1813.

Acabada la guerra, se le asigna definitivamente como capital de provincia, aunque al ser una provincia tan extensa y con tan malas comunicaciones, no puede ejercer una verdadera influencia en gran parte de la misma, sobre todo ante la fuerte personalidad histórica de Sigüenza y de Molina de Aragón.

 

La Guerra Civil Española (1936-1939) volvió a sumar de notables daños a la ciudad, hasta que en 1959 Guadalajara fue incluida en los planes de desarrollo como polígono de descongestión industrial de Madrid, siendo desde entonces la ciudad que ha logrado en los últimos años una de los mayores tasas de crecimiento relativo de España. Actualmente, se encuentra inmersa en planes de desarrollo urbanístico que están haciendo que su población siga aumentado considerablemente.

 

NUESTRO PASEO POR GUADALAJARA

 

Después de haber aparcado nuestro coche en el centro de la ciudad, empezamos nuestro paseo. Os dejamos un mapa con los lugares que visitamos.

Nuestra primera visita fue el Torreón De Alvar Fáñez, el caballero amigo y compañero en batalla del Cid, que recuerda la leyenda de la reconquista de Guadalajara. Es una edificación árabe que consiste en una torre pentagonal, probablemente del siglo XIV, que defendía una de las puertas de la ciudad. Fue declarado monumento en el año 1921.

Tras una cuidada restauración, dispone de una exposición sobre los orígenes del escudo de la Ciudad y la leyenda de Alvar Fáñez y su papel en la conquista de Guadalajara. El enclave es magnífico pues está situado junto al Parque de Coquin que aporta frescura y buenas vistas.

Desde allí nos dirigimos a la joya arquitectónica de la ciudad, el Palacio del Infantado, una de las visitas imprescindibles si se visita la ciudad. Un precioso palacio señorial de enorme belleza y edificio de amplio valor histórico, donde destaca su fachada principal, ricamente decorada y el patio central de doble arquería, llamado Patio de los Leones por la gran cantidad de estos animales que hay esculpidos.

La majestuosa fachada del Palacio del infantado es es una auténtica maravilla y una de las joyas del arte gótico civil de nuestro país, está repleta de símbolos que muestran la grandeza de la familia Mendoza, como los escudos de armas, títulos y unas "puntas de diamante" que decoran toda la extensión de la fachada.

Traspasada la portada se accede al patio central, llamado Patio de los Leones. De planta rectangular, con una doble arquería de extraordinaria belleza. Cada columna está rematada por la corona ducal, el escudo de Mendoza o el de Luna de forma alternada y entre ellos parejas de leones, símbolos de la grandeza de los Mendoza, vigilando y custodiando la propiedad de la familia.

El Palacio de los Duques del Infantado es un palacio de estilo gótico construido a finales del siglo XV con elementos renacentistas añadidos para intentar colocarlo a la altura del que Felipe II estaba construyendo en las cercanías de Madrid. Para tal fin, contrató a los artistas italianos que trabajaron en EL Escorial para que pintaran los frescos de los techos de sus salones.  Era tal el esplendor del palacio que adquirió merecida fama y el mismo rey Felipe II celebró su matrimonio aquí con Isabel de Valois. 

 

Cuando los Mendoza marchan a la Corte, este palacio queda abandonado y comienza su declive. Se cede a varias instituciones públicas que no pueden mantenerlos y además en 1.936 fue bombardeado y destruido en gran parte. Nunca se volvió a recuperar el artesonado mudéjar de los techos del que se decían eran los más bellos del mundo. Cuando Cela lo visita en su "Viaje a la Alcarria" lo encuentra semiderruido. Hubo grandes polémicas entre la familia y las instituciones, pero por fin pudo ser restaurado e incluso propuesto para que la UNESCO lo proclamara Patrimonio de la Humanidad. Actualmente tiene instalado en sus dependencias el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara y el Museo Provincial, después de haber sido sede durante muchos años de la Biblioteca pública del Estado y Colegio.

 

Un poco más al norte en la misma Plaza de España, donde está ubicado el Palacio del Infantado y junto al campus de la Universidad se encuentra la antigua Iglesia de los Remedios, también visitada por Cela. Fue construida en el Siglo XVI en estilo renacentista, formando parte del Convento y el Colegio de Doncellas de Nuestra Señora del Remedio. En su fachada se puede apreciar un bello atrio porticado, con tres arcos sobre columnas dóricas, en el se pueden ver los escudos del fundador, el por entonces obispo de Salamanca, que era hijo del duque del Infantado.

Seguimos nuestro recorrido hacia la Plaza Mayor, pero antes nos desviaríamos un poco en la calle Teniente Figueroa donde pudimos contemplar la hermosa iglesia de Santiago Apóstol, que antiguamente fue del convento de Santa Clara, una autentica  joya del siglo XIV con portada central, de piedra, constituida por dos columnas. En su exterior se encuentra la estatua del Comendador de la Orden de Calatrava.

En esta zona callejeamos un poco, sorprendiéndonos las fachadas eclécticas de edificios de principios del siglo XX tan habituales en el Madrid castizo y que en Guadalajara se han cuidado y restaurado con autentico mimo, resaltando la belleza de la rejería de sus balcones. En uno de estos edificios, concretamente en el hotel España, Cela desayuna y deja sus pesados bártulos, como en consigna.

En la Calle Miguel Fluiters, 31, se encuentra la placa homenaje a Camilo José Cela en la que hace referencia a su paso por Guadalajara, la que fue su primera etapa en el "Viaje a la Alcarria". Aquí se paró a comprar la prensa en una pequeña tiendecilla de periódicos y tebeos que ya no existe.

Volvimos a retomar el camino hasta llegar a la Plaza Mayor, originaria del siglo XV que entonces contaba con forma irregular y tenía una ermita. El Cardenal Mendoza manda derribar la ermita, así como de una serie de edificios civiles y viviendas, consiguiendo crear una plaza de forma cuadrada, más extensa y con soportales. También instala en la misma el edificio del Ayuntamiento, aunque la actual sede del Ayuntamiento es de 1906 con fachada de estilo ecléctico y en la que destaca el habitáculo de hierro forjado de su campanario.

Aprovechando que hacía sol tomamos un café frente a la Plaza Mayor en una de sus bonitas terrazas. Continuamos después por la parte de atrás del Ayuntamiento hasta llegar al Mercado de Abastos, convertido, como va siendo la tendencia en estos lugares en espacio gourmet.

Cerca de allí, subiendo de nuevo hacia la calle Mayor, nos encontramos con la bonita Plaza del Jardinillo, un lugar de encuentro y ocio de la ciudad donde destacan el edificio del Banco de España y la Iglesia de San Nicolás. Como ornamentación posee unas fuentes presididas por una estatua de Neptuno al que por cierto "le quitaron" el tridente y aún no ha sido repuesto.

Casi al lado se encuentra otra placita con la Iglesia del Carmen que formaba parte de uno de los últimos conventos construidos en la localidad en el siglo XVII fundada por las Carmelitas Descalzas para que la Orden se estableciera en la ciudad y fundaran un colegio. Se construyó a extramuros, frente a la muralla y una vez levantado el templo y obtenido el permiso, se derribó la parte de la muralla que estaba delante de la portada, quedando de esta manera dentro de la ciudad. De ahí la forma de la plaza donde se encuentra. Con la desamortización de Mendizabal, se desmanteló para después cederlo a la Orden Franciscana.

Andamos un poco más y llegamos a la plaza de Santo Domingo, que hoy pertenece al centro de la ciudad, pero antiguamente estaba extramuros y era la plaza del Mercado. Aquí desemboca y finaliza la calle Mayor. Su edificio más significativo es la Iglesia de San Ginés, cuya construcción comenzó a mediados del siglo XVI pero por varias razones la obra se detuvo unos años después, y el edificio que se levantó fue aproximadamente la mitad del que se había proyectado. En la enorme fachada de piedra, la portada queda enmarcada por dos grandes contrafuertes, que se prolongan en espadañas que contienen una campana. Sobre el rosetón central figura el escudo de la orden de Santo Domingo.

Ya se iba haciendo tarde y antes de perder la luz solar nos dirigimos hacia la Concatedral de Santa María la Mayor. Aunque no es una catedral propiamente dicha, este imponente edificio no pasa desapercibido por los visitantes y turistas, siendo además de uso frecuente por los locales. Es otra de las paradas obligatorias visitando capital alcarreña.

Construida durante el siglo XIV sobre una mezquita, destaca la amplitud de su exterior y el campanario construido con ladrillo con 8 campanas. Fue sometida a una gran variedad de reformas durante el siglo XVII pero aún se conservan las portadas originales del lado sur y oeste con arcos apuntados en ladrillo.

En la Concatedral se suceden tres estilos principales: el mudéjar, que define las puertas de ladrillo, con arcos de herradura apuntados y la torre campanario, el estilo renacentista se incorpora a principios del siglo XVI, en el pórtico, con característicos capiteles alcarreños, y, finalmente, el barroco que se observa en la bóveda interior.

Fuimos a recoger nuestro coche para volver al hotel, pero antes pasaríamos por una zona de especial interés para los lugareños donde se encuentra el principal parque urbano de la ciudad, el Parque de la Concordia, muy concurrido sobre todo en fin de semana cuando se celebran actos lúdicos y deportivos. Pasamos por el Paseo de San Roque y dejamos aparcado nuestro coche para admirar de cerca una antigua, sobria, discreta y bonita ermita dedicada precisamente a este santo y que se encuentra al final del Paseo.

Y enfrente uno de los mejores conjuntos arquitectónicos de fines del siglo XIX de la ciudad de Guadalajara,  debido al mecenazgo de la condesa de la Vega del Pozo, que financió la construcción de un vasto complejo de edificios, destinado a establecimientos benéficos y a panteón familiar. Este panteón, cuya cúpula de cerámica vidriada refleja la influencia del arte del norte de Italia que dotan al edificio de cierta estampa bizantina.

El panteón que se ha convertido en uno de los hitos de la ciudad, tiene planta de cruz griega, rigurosamente simétrica. En cada detalle se revela la riqueza de materiales y la perfección de su acabado. Su interior cuenta con importantes grupos escultóricos que por desgracia no pudimos ver ya que llegamos tarde. 

Era hora ya de cenar y decidimos hacerlo en nuestro hotel, el día había sido largo y el siguiente lo teníamos pleno de visitas por la Alcarria. Nos despedíamos  la ciudad de Guadalajara, que sin ser bonita tiene lugares más que interesantes para visitarla. Eso sí, cuestas tiene unas cuantas.

 

 

 

 

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