Erice, el mirador de Sicilia

DÍA 6 DE JUNIO DE 2010

 

Salimos del Parque Arqueológico de Segesta en dirección a Erice, a unos 40 km de distancia, sobre las 13:00h. Tardamos unos 45 mn en recorrer la distancia. En la ascensión al pueblo no tuvimos apenas tráfico, lo que nos permitió observar con más detenimiento las inmejorables vistas que teníamos en el recorrido.

Desde lo más alto del Monte San Giuliano, que así se llama la montaña que ascendimos, pudimos observar la ciudad de Trapani, sus enormes salinas y al fondo la isla de Favignana, la más cercana del archipiélago de las islas Egadi. El espectáculo que nos brindaba el mirador de la carretera era grandioso.

Dejamos el coche en un aparcamiento fuera del pueblo, ya que éste en su totalidad es peatonal y con nuestra maleta de mano nos dirigimos a hacer el check in en el hotel que teníamos contratado, el hotel San Domenico que desde luego, nos pareció encantador.

Solo quedaba saciar nuestra hambre y encontrar un restaurante donde comer ya que eran más de las dos de la tarde. Andando por las callejuelas de Erice dimos con uno precioso, decorado con motivos rurales, justo al lado del Arco de San Carlo, una de las históricas entradas al pueblo.

Erice está situado a 750 metros sobre el nivel del mar y es un pueblo que como casi todos los del resto de Sicilia reune muchos rasgos y mezclas de cultura y civilizaciones, como un urbanismo normando, viviendas con organización árabe (casi todas con patio interior) y vestigios que datan desde el Paleolítico Superior. En este pueblo se conserva un estilo medieval con calles empedradas, la plaza llamada Piazza Umberto es el lugar principal de reunión y de comercio. Pero sobre todo, tiene empinadas cuestas que en lo alto y coronando la elevación, es donde se encuentran una serie de fortificaciones antiguas, incluyendo un castillo.

 

Durante siglos, tuvo un gran misticismo y leyendas que hablaban de él, tanto por su emplazamiento como por su valor histórico en un punto del Mediterráneo muy estratégico, ya que en días soleados se puede divisar hasta Túnez.

De camino al hotel para descansar un poco, vimos la Catedral que está consagrada a Nuestra Señora de la Asunción. Contrariamente a los estilos arquitectónicos dominantes en la isla, como el normando bizantino y el barroco, este monumento está construido con un encantador estilo gótico medieval. La austera fachada incorpora un pórtico de arcos apuntados y está rematada por un bello rosetón.

 

Como curiosidad, el campanario construido antes que la Iglesia, como torre vigía aragonesa está separado del templo y es donde se encuentra actualmente la oficina de turismo. Se puede subir a su azotea pero no teníamos ganas de subir 400 escalones.

 

En nuestro camino al hotel apreciamos que además del Duomo o Chiesa Madre, tiene varias Iglesias más de indudable valor histórico y artístico.

Una de ellas es la Iglesia de San Giuliano, la más antigua de Erice, pues su construcción se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Fue reconstruida a principios del siglo XVII, y nuevamente en el siglo XX, tras el derrumbe de una parte.

 

Su portada es renacentista. El interior es bastante majestuoso, con tres naves separadas por columnas. Merece la pena entrar a visitarla pues alberga un rico patrimonio, especialmente los pasos del Misterio, que procesionan el Viernes Santo por las calles de la ciudad.

Hicimos un pequeño descanso, para dejar pasar el calor y emprender luego una caminata sobre las empinadas cuestas que nos iban a llevar a la parte fortificada de la ciudad.

 

Antes de coger el camino admiramos otra bella Iglesia, la de San Cataldo, que a través de los siglos ha sufrido varias modificaciones. Tiene la apariencia del siglo XVIII y conserva valiosas obras de arte como la estatua de madera de Jesús Crucificado del siglo XVI considerado milagroso. San Cataldo fue obispo que vivió en el siglo VII en Irlanda, fue adorado por los normandos, por lo que probablemente su culto llegó a Erice a través de ellos.

 

Desde allí vimos la señalización del camino y empezamos a recorrerlo. 

 

Fortificaciones perfectamente conservadas en lo alto de unos acantilados y con unas vistas espectaculares. Ya sólo la subida hasta la fortificación es un placer para la vista.

 

Los castillos de EricePepoli, una fortaleza de origen normando, el castillo de Venere, situado donde en la Antigüedad estaba el templo grecorromano de Venus.

Las murallas construidas sobre las fortificaciones cartaginesas cerraban antiguamente el flanco noreste de la ciudad. El aspecto de este paraje en días con bruma adquiere el aspecto de sobrenatural.

En la parte alta de Erice, junto al Castillo por donde se extendía la antigua acrópolis y el templo a Venus, se emplazan los Jardines del Balio. Se trata de unos preciosos jardines públicos construidos en el siglo XIX, que enlazan la Torre del Balio con el Castillo Venere y donde el Ayuntamiento programa actos culturales.

En estos jardines se encuentran caminos para pasear, bancos para sentarse a descansar con unas vistas impresionantes y una terraza donde no perdimos la oportunidad de saborear un expresso italiano contemplando unas maravillosas vistas. 

Pero si Erice es bello por si mismo, los atardeceres son algo especial desde los miradores del pueblo. Es imposible relatar con la autenticidad necesaria, el placer de contemplar los colores que brinda la naturaleza desde ese lugar mágico. Incomensurables las vistas al atardecer.

Algo a tener en cuenta es que existe un teleférico, que no funcionaba cuando estuvimos pero que es del todo atractivo ya que es un excelente medio para admirar la ciudad de Trapani desde lo alto, el mar y las enormes extensiones de salinas.


El teleférico se llama Funivia y cuesta 9€ ida y vuelta. Se puede clicar en el enlace para más información.

 

Las cabinas circulan constantemente, desde las 7.40 hasta las 20.30h (puede variar dependiendo de la temporada y del clima, así que mejor consultar en la web previamente). Hace un recorrido de 3.100 metros con un desnivel de 663 metros, en poco más de 10 minutos.

 

Debe de ser un recorrido espectacular.

 

Una vez anochecido, nos volvimos al hotel para pasar nuestra última noche en Sicilia.

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