Monreale, la joya normanda (UNESCO). Sicilia

 DÍA 5 DE JUNIO DE 2010

 

Monreale es una pequeña ciudad a las afueras de Palermo, a tan solo 8Km. que alberga un tesoro de gran belleza, su Catedral. La Catedral de Monreale es uno de los monumentos más impresionantes, no solo de Sicilia, sino de toda Europa. A menudo esta fantástica iglesia es llamada, y no sin razón, “El templo más bonito del mundo”.

 

No podíamos dejar de visitarla y estudiamos como ir sin necesidad de mover el coche que lo teníamos muy bien aparcado en Palermo, en las inmediaciones de nuestro hotel.

El autobús n° 389 sale cada hora desde Plaza de la Independencia, al lado del Palacio Normando y el billete cuesta 1,5€. La parada en Monreale no está a más de cien metros de la Catedral. Recomendamos visitar Monreale por la tarde ya que la mayoría de tour operadores lo hacen por la mañana, evitándose así aglomeraciones. 

Impresionante es recorrer su exterior y admirar su arquitectura normando-bizantina antes de pasar a ver la belleza interior de la Catedral

 

Cuando al bajar del autobús y dar la vuelta a la calle, nos encontramos con la fachada principal de la Catedral, vemos que es austera e incluso de tosca construcción no intuyéndose para nada el gran tesoro que íbamos a encontrar dentro de ella, pero si la recorremos en su perímetro encontraremos una arquitectura sorprendente con clara influencia árabe .

La Catedral junto con otras ocho construcciones de la isla de Sicilia distribuidas en Palermo, Cefalú y Monreale forman parte del grupo de monumentos árabe normandos catalogado por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Hay que tener en cuenta que Sicilia fue ocupada por los bizantinos en el siglo VII, a los que sucedieron los musulmanes durante los siglos IX y X y finalmente conquistada por los normandos provenientes del norte de Europa entre los siglos XI y XIII.

 

Por ello, el peculiar estilo románico siciliano se caracteriza por la fusión de formas de diferentes orígenes, mezclando al mismo tiempo elementos bizantinos, árabes y del norte de Europa. El ejemplo más autentico era la Catedral que estábamos visitando.

 

Construida en la segunda mitad el siglo XII durante el reinado de Guillermo II con la idea de ser Panteón de Reyes, aunque estos planes no duraron más allá de su propio entierro.

Una vez en el interior uno queda asombrado por la luminosidad del oro que parece recubrir toda la catedral. Sin duda, este es su elemento más característico, pues hasta 2.200 kilos de este metal precioso están repartidos por las paredes y el techo de este impresionante templo, cubriendo hasta un total de 6.000 metros cuadrados. 

 

Los mosaicos repartidos por los muros de la catedral son todo un espectáculo. En ellos se narran distintas escenas de la Biblia ordenadas cronológicamente en el sentido de las agujas del reloj, comenzando desde el ábside.

La decoración combina tradición oriental y occidental:

 

El estilo bizantino en el santuario y escenas del Antiguo Testamento en las naves. En ausencia de cúpula, el Cristo Pantocrátor se sitúa en la bóveda del ábside.

 

El techo es de madera con pan de oro, en contraste con los colores en rojo y verde de las paredes.

El altar es de plata y a los lados del altar tiene dos órganos. La Catedral tiene una gran luminosidad ya que posee 9 ventanas en cada lateral.

 

A la derecha del altar se encuentra la capilla barroca dedicada a San Benedeto, y la tumba de Guillermo II. Son necesarios al menos 20 minutos de contemplación para admirar en su totalidad el espectacular interior de esta Catedral.

 

Aparte de los tesoros que se encuentran contiguos a las tumbas, se puede optar por subir los 180 escalones que llevan al tejado y desde arriba admirar los claustros desde lo alto y desde el exterior ofrecernos una panorámica de Palermo desde Monreale. Nosotros ni lo intentamos.

La entrada a la Catedral es gratuita, no así el acceso al claustro (6€). Este espacio es otra de las maravillas de Monreale que no hay que perderse. El patio está decorado con centenares de columnas ricamente decoradas. En las figuras esculpidas en sus capiteles se pueden encontrar numerosas muestras de iconografía cristiana, pero también elementos paganos y mitológicos.

Los arcos del claustro mezclan con gran armonía elementos del románico con una fuerte inspiración árabe.

El gran cuadrilátero se alinea con más de 200 columnas gemelas, muchas de ellas ornamentadas con mosaicos o relieves. Los capiteles de las columnas están finamente tallados con esculturas, algunos de inspiración de la Biblia, pero otros con enigmáticas figuras.

Terminábamos nuestro recorrido por la Catedral de Monreale con la visita al claustro pero como aún nos quedaban unos minutos mientras venía el autobús de vuelta, los empleamos en disfrutar de la panorámica de Palermo desde el privilegiado enclave de la Catedral y que es otro de los añadidos, esta vez natural, para que se la pueda llamar... "El Templo más bonito del mundo".

 

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