Ruta del Ámbar (8). La Colina de las Cruces y llegada a Vilnius (Lituania).

 

DÍA 2 DE AGOSTO DE 2013

 

No tuvimos que madrugar en exceso ya que nuestra salida de Riga estaba prevista a las 09:30h. Esperamos en la estación de autobuses el bus que nos llevaría a nuestro siguiente destino: Siauliai en la vecina Lituania.

 

El vehículo era algo diferente que el que nos llevó de Tallin a Riga, un poco menos cómodo pero la impresión seguía siendo buena con respecto a la compañía Eurolines.

 

Nos esperaba un recorrido anodino de unas dos horas y media de duración. El paisaje no variaba mucho del que vimos en nuestro anterior trayecto.

 

El porqué de esta parada había nacido de nuestra consulta en los blogs de viajes que habíamos ojeado con respecto a los países bálticos. En casi todos ellos se hacía mención de un lugar peculiar a la vez que sobrecogedor y desde luego único.

 

Queríamos visitar... "La Colina de las Cruces"

 

Llegamos a Siauliai sobre las 12:30 del mediodía y siguiendo las instrucciones de nuestra preciada responsable de la Oficina de Turismo de Siauliai, nos dirigimos a la parada de Taxis. Nos habíamos mandado varios emails con ella, muy amablemente nos explicó la forma de llegar a la "Colina de las Cruces" y nos recomendó la de ir en un taxi, ya que el autobús que pasaba por allí nos dejaría lejos y además no tenía una circulación fluida por lo que a la vuelta tendríamos que esperar bastante tiempo. 

 

El precio del trayecto en taxi, nos indicó nuestra estimable funcionaria no debía ser más de 20€ con una hora de parada en la Colina. Con esta información, nos dirigimos al primer conductor de la fila de la parada de taxis, le preguntamos el coste del trayecto con el lenguaje de señas y con libreta en mano.

 

Primero nos apuntó en la libreta 25€ pero al tacharle el 5 y poner un 0 y decirle... "In Tourist Office...", accedió a realizar el servicio.

 

Tomamos la precaución de fotografiar la matricula y la acreditación del taxista, no en vano, íbamos a dejar nuestras pertenencias en su vehículo mientras recorríamos el lugar. La verdad es que el conductor se comportó de manera impecable.

Tardamos en llegar unos 20 mn y el amable taxista nos dejó casi a pie de donde empezaba el recorrido y donde estaban clavadas las primeras cruces. Nos indicó además en que lugar nos recogería después de la visita.

Todo empezó durante la Edad Media, aparecieron de la nada, como por arte de magia, cruces de madera y hierro para recordar a los muertos en la batalla contra los Teutones que invadieron Lituania.

 

Mucho tiempo después, cuando Rusia anexionó a sus dominios los países bálticos en el Siglo XIX, se repitió nuevamente y varias cruces fueron clavadas en aquel lugar solitario. La colina de las cruces se convirtió entonces en una silenciosa protesta contra la opresión rusa y además en una leyenda.

Pero las desdichas de este pueblo no quedó ahí, en la II Guerra Mundial otra vez la URSS ocupa Lituania e intenta que el país se haga aconfesional como el resto de Repúblicas. En un país donde la religión es casi inherente a su forma de vida, con creencias católicas muy férreas, de nuevo, como protesta silenciosa, cientos de cruces aparecían cada noche clavadas en la hierba de la colina.

Los soviéticos las retiraban de inmediato, pero a pesar de que lo consideraron una afrenta con persecución de los responsables, cada noche aparecían más y más cruces.

 

Para que no ocurriera de nuevo, intentaron evitarlo quemando la Colina en más de una ocasión, convirtiéndola en un vertedero de basuras y se prohibió el paso e incluso propagaron la noticia falsa de que allí se contagiaba la rabia.

No sirvió de nada, en cuanto los lugareños podían, volvían a plagar de cruces todo el lugar. Llegaron a poner cientos de miles de cruces e incluso cuando Lituania consiguió la independencia en 1991, el lugar convertido incluso en peregrinaje de creyentes lituanos, incrementó aún más el número de cruces en la Colina.

A nosotros nos pareció un sitio sobrecogedor y por momentos angustioso, la imaginación juega malas pasadas y la presencia de estos símbolos junto a un silencio absoluto en señal de respeto, hace que el caminar entre tal cantidad de cruces, la amargura se haga dueña de nuestros sentimientos.

De pura casualidad entre todas las cruces, vimos una gorra con la bandera española. Nos acercamos, tocamos su cruz y de alguna manera mandamos nuestras condolencias por el que creímos un compatriota fallecido en aquella tierra.

Quizás ese gesto, nos sirvió para aumentar más si cabe el impactante lugar en el que nos encontrábamos. Seguimos nuestro camino entre las cruces, impresionándonos algunas por su tamaño hasta que llegamos a una pequeña ermita desde donde el mismo Papa Wojtyla ofició una Misa. 

Nos alejamos pausadamente de la colina, hasta llegar a la capilla. Sencilla, luminosa y con un gran ventanal justo detrás del altar que como si de un retablo natural se tratara, se distinguía uno de los símbolos religiosos más impresionantes que hemos conocido.

Había pasado casi la hora que teníamos antes de volver al taxi que nos llevaría de vuelta a Siauliai,  emprendimos la vuelta, rodeando el sendero que habíamos cogido anteriormente, hasta llegar al camino de tierra donde estaba aparcado nuestro taxi.

Una visita que bien vale la pena y que recomendamos a todos los viajeros que vayan a visitar los Países Bálticos. Un gasto y un tiempo extra del que no se arrepentirán en absoluto ¡Experiencia increíble!

Nos dio tiempo de comer unos bocadillos en un centro comercial junto a la estación de autobuses, donde además cambiamos algo de dinero para nuestra próxima estancia en Vilnius, capital de Lituania.

 

Nuestro autobús salió a las 15:05, no era ni mucho menos como los anteriores de la compañía Eurolines. Sin aire acondicionado, asientos más incomodos y sin internet, pero como iba casi vacio fue un trayecto cómodo. Pero en fin, no había donde elegir y pacientemente aguantamos las tres horas y media de viaje. Eran 200 Kilómetros de trayecto pero el bus paraba en todos los pueblos que había en el recorrido.

Llegamos derrotados a Vilnius, cogimos un taxi para ir al hotel Artis con magnificas vistas, una habitación estupenda aunque de aspecto algo desfasado de moda, pero con cierto encanto. El precio 85€ la noche con desayuno.

Una ducha, cambio de ropa y unos minutos recostados en la cama era lo que necesitábamos para empezar a pasear por Vilnius.

 

Vilnius posee un impresionante conjunto de edificios góticos, renacentistas, barrocos y neoclásicos. Un conservado trazado medieval y un paisaje natural circundante que ha cuidado a lo largo de su historia. Por todo ello, la ciudad fue proclamada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1994.

 

Comenzamos nuestro paseo en dirección al centro histórico. Nuestro hotel se encontraba en la llamada zona noble, es decir, edificios de embajadas e incluso el Palacio Presidencial por el que pasamos a apenas 200 metros del hotel. 

Llegamos a la Plaza de la Catedral, donde pudimos contemplar el magnífico conjunto formado por la Catedral con Torre de Campanario separado, la Universidad y la estatua del fundador de la ciudad, el rey Gediminas. Pero de esta plaza hablaremos en el siguiente artículo.

Cerca de allí, en la calle Gediminas disfrutamos de una agradable cena al aire libre en un restaurante griego donde componían unas ensaladas increíbles. Ya cuando la noche se presentó casi sin darnos cuenta, recorrimos las principales calles de esta ciudad, hasta llegar a la Plaza del Ayuntamiento. 

Y ya era hora de descansar, al día siguiente nos tocaba una buena excursión para ver uno de los parajes más bellos de Europa y por supuesto la grandiosidad del centro histórico de Vilnius.  

 

 

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