Ruta del Ámbar (10). Vilnius y la República independiente de Uzupis (Lituania).

 4 DE AGOSTO DE 2013

 

En este día íbamos a descubrir otra peculiaridad de la ciudad de Vilnius. Una República independiente dentro de la capital de Lituania y no hablamos de una tienda de Ikea.

 

El 1 de abril de 1997, un pequeño barrio de Vilnius se autodeclaró independiente, naciendo así la República de Uzupis. Ese día coincide con el April Fool’s Day (el día de los inocentes anglosajón) lo que hace plantearse si todo empezó como una broma.

 

La historia comienza cuando, tras proclamarse la independencia del país, un grupo de artistas y artesanos decide recuperar un barrio abandonado y muy deteriorado en Uzupis que en lituano significa "al otro lado del rio" y no se les ocurre nada mejor que fundar esta original república independiente.

 

Durante la ocupación soviética ya había sido ocupado por algunos artistas e intelectuales contrarios al régimen que compartían su recursos con gente marginal, pero su estado de abandono se debía a que ese barrio era mayoritariamente judío y al ser desocupado por los nazis empezó su declive.

 

El caso es que este pequeño barrio se ha convertido en el reducto de la vida liberal lituana. Ocupado por cantidad de artistas que habitan allí y por instalarse galerías de arte, talleres de artesanía y cafés con aire bohemio.

El barrio comienza después de un pequeño puente sobre el rio Vilnia y una sirenita enclavada allí desde el siglo IXX nos da la bienvenida. Nada más cruzar el puente, se encuentra un bar de lo más curioso y que invitamos a conocer ya que de sus paredes cuelgan desde pinturas, fotos, artículos de periódicos de la época de la independencia lituana.

 

A continuación, enfrente destaca un largo muro, donde se cuelga nada menos que la Constitución en varios idiomas de la Republica de Uzupis, con nada menos que 41 artículos que como poco calificaremos de surrealista

"El hombre tiene derecho a no tener ningún derecho" o "El hombre tiene derecho a morir, pero no está obligado a hacerlo" son algunos de ellos. Y lo más gracioso del tema que uno de los autores de esta singular Constitución, Romas Lileikis, es actualmente el Presidente de la Republica Lituana.

Después de leer estos párrafos de una Constitución tan "cachonda" empezamos nuestro paseo por el barrio. En la plaza de entrada al barrio encontramos la estatua de un Ángel con trompeta que simboliza el renacimiento y la libertad artística del barrio.  

 

Entramos satisfaciendo nuestra curiosidad viajera en calles estrechas adyacentes donde vimos casas con jardín, calzadas empedradas y nos topamos con la iglesia más pequeña de Vilniusla iglesia de San Bartolomé.

 

Comparada con el Montmartre de París o la Christiania de Copenhague, la República de Uzupis se diferencia de los anteriores barrios bohemios en que cuenta con bandera, presidente, reina (elegida cada año) ejército (12 personas) y hasta con moneda propia (el eurouz).

 

En el día del aniversario de la Republica de Uzupi, es decir cada 1 de Abril, se cierran sus accesos por los puentes y el ejército de la república sella los "pasaportes" de la gente que quiera cruzar para dar una vuelta por el distrito.

 

Al ser domingo no tuvimos oportunidad de ver las galerías de arte y talleres artesanos nada más que desde el escaparate, al estar cerrados, por lo que nos dedicamos a adentrarnos en las callejuelas del barrio.

 

Había un par de pasajes dedicados en exclusiva a ser pintados por grafiteros, pero no vimos que los dibujos que se plantaban allí tuvieran el menor interés.

Seguimos subiendo la larga calle principal hasta llegar a la última plaza del barrio que lindaba ya con los enormes bosques que hay alrededor de Vilnius que en referencia a su paisaje cercano es una de las ciudades más bellas del mundo y que también contribuyo a su inclusión como Patrimonio de la Humanidad.

Vimos que no había ninguna cafetería abierta, así que decidimos bajar, pero esta vez por otra salida que daría con otro puente del rio con acceso a Uzupis.

 

Al cruzarlo distinguimos otra joya de la ciudad... La Iglesia de Santa Ana.

Es la iglesia que tiene un exterior más bonito con su original fachada de estilo gótico flamígero que data del siglo XIV aunque toda su cubierta fue remodelada solo hace unos años. El interior sin embargo es del más puro estilo barroco.

La singularidad de esta iglesia es que se construyó en ladrillo rojo realizado hasta con 22 tipos de arcilla diferente. Asimismo destacan las vidrieras que se encuentran en muy buen estado de conservación.

Nuestra próxima visita haría referencia al nombre de nuestra ruta. Íbamos a ver el Museo del Ámbar.

 

Este museo en realidad es una enorme tienda en cuyo sótano se encuentra una pequeña exposición con explicaciones básicas de lo que es en realidad el ámbar. Aun así, resulta interesante y de visita obligada a quienes vengan a comprar un artículo de ámbar con garantía. ¿Sabéis de qué nacionalidad eran los turistas que más frecuentaban la tienda y los que más compraban? Efectivamente, los españoles.

 

Pudimos tener la oportunidad de mirar los trozos de ámbar a través de grandes lupas y ver con nitidez los insectos que quedaron atrapados en su interior.

El ámbar además de como gema y componente de joyería, tiene muchos más usos, algunos insospechados que en esta tienda se pueden conocer. Aquí se puede probar la infusión de ámbar, comprar jabón de este material y ácido de ámbar al que se le atribuyen propiedades curativas. Era hora de sentarnos un poco y lo hicimos en una terraza de la calle Pilies para tomar un aperitivo.

Nos faltaban cosas de ver en Vilnius y nuestro avión de regreso a España salía por la noche. Las repasamos y decidimos que y que estábamos cerca debíamos de ir a la Torre del Castillo para contemplar las vistas desde allí arriba, sabíamos que existía un funicular para subir y nos dirigimos hacia allí.

Pero nuestro gozo en un pozo, el funicular se encontraba averiado y sin servicio. Miramos hacia arriba de la colina, nos miramos los dos y no, no íbamos a subir andando las empinadas cuestas que llevaban hasta la cumbre de la colina. Dimos la vuelta hacia la Catedral y entramos en ella. Nos llamó la atención la copia de la Sabana Santa de Turín expuesta como un original. Ignoramos todavía el motivo de cómo ha llegado allí.

 

También dentro de la Catedral vimos los mausoleos de los Reyes y Duques de Letonia.

La Catedral es uno de los más valiosos ejemplos del Barroco temprano; La capilla de San Casimiro se encuentra expresivamente decorada y en ella se encuentra el féretro con los restos del Santo.

 

Una vez visitada la Catedral y con intención de visitar el Museo del Genocidio, subimos por la Avenida Geminidas, que estaba rebosante de gente. Los domingos la cierran al tráfico y se hacen todo tipo de actividades lúdicas. Nos sorprendió la cantidad de combates de boxeo entre jóvenes.

En una de las calles perpendiculares vimos algo que nos resultaba familiar. ¿Que ponía en el letrero... Lizarrán? Así era, un restaurante Lizarrán en el centro de Vilnius. Pues allá que fuimos a comer. 

Creemos que las guapas dependientas se alegraron más que nosotros de que unos españoles (como su jefe que las enseñó las recetas) comieran allí. Tomamos unas gambas al ajillo, patatas bravas y calamares. Nos dijeron que en Vilnius ha encantado este restaurante y que por las noches siempre está lleno. A decir verdad no estaba mal cocinado para ser cocineros extranjeros.

 

Y de allí después de una gran caminata para encontrar el dichoso Museo del genocidio sacamos las entradas (5€) para entrar.

El Museo se ha albergado en lo que fueron las oficinas principales de la KGB y en cuyos sótanos tenía instalada la prisión para presos políticos.

 

Nos cuenta detalladamente mediante paneles con fotografías, los movimientos de la guerrilla partisana que fue la más larga de la Europa con más de 10 años de resistencia y por supuesto las acciones represivas de la KGB para controlar el pensamiento único y soviético en Lituania.

Se explican mediante audiovisuales bastante desagradables de ver, la suerte reservada a los oponentes al régimen. La prisión se mantiene tal cual en los sótanos.

Una visita que acongoja y solo recomendable para amantes de la historia y con la mente fría ya que no es fácil recorrer sus tétricos pasillos si se tiene un ápice de sensibilidad.

 

El museo se ha convertido en una especie de panteón que no permite olvidar lo que allí sucedió.

 

Parecía que íbamos a irnos de Vilnius con el alma compungida, pero nada más salir a la calle, el devenir de sus habitantes en un día festivo como aquel, saco de nuevo la sonrisa en nuestros rostros y nos despidió con la misma alegría que cuando llegamos. Adiós Vilnius, hasta siempre.

  

 

 

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