Ruta del Ámbar (5). Riga (Letonia)

 

29 DE JULIO DE 2013

 

Nos levantamos temprano, el hotel a las 07:00h ya estaba sirviendo desayunos (menos mal). De una manera más acelerada que lo habitual lo tomamos con prisa y sin pausa.

 

Teníamos que coger el autobús a Riga. Avisamos en recepción para que llamaran un taxi para ir a la estación de autobuses y procedimos a hacer el check out.

 

Unos minutos más tarde teníamos el taxi en la puerta y sin apenas tráfico nos llevó en nuestro destino.

Hora de salida, 8:30 h de la mañana, un flamante autobús de Lux Express esperaba a que todos los pasajeros con billete, entraran en la cabina. Contratamos por 20 € cada uno el billete Tallin-Riga y además un taxi por 5€ que nos esperaría en la estación de autobuses de Riga para llevarnos al hotel.

Esto lo hicimos al ver en el mapa de la ciudad lo alejado que estaba la estación de autobuses de nuestro hotel.

 

El viaje duró 4 h y 30 mn pero en condiciones fenomenales, teníamos asientos de cuero, WIFI gratuíto, nos daban bebidas calientes y ponían peliculas con traducción en los auriculares.

 

Todo el viaje transcurrió normalmente con un paisaje monótono, ya que en los países bálticos apenas hay montañas. Al llegar a Riga, nos esperaba un taxi que nos llevó a nuestro hotel, el Hotel Valdemars de la cadena Clarion Collection.

Este hotel fue sin duda el mejor del viaje. Su precio fue de 80€ la noche con desayuno y un buffet con aperitivos, embutidos, zumos y platos calientes para la cena incluido en el precio. Las habitaciones modernas e iluminadas, buena ubicación y personal extremadamente amable, totalmente recomendable.

 

Dejamos las maletas, tomamos un refrigerio y nos dispusimos a emprender nuestra visita a la ciudad de Riga.

 

Eran casi las 14:00 h y nuestro estómago nos pedía que lo llenaramos, asi que sacamos nuestros "apuntes" sobre los restaurantes de la ciudad a ver si teníamos uno cerca. Y efectivamente al doblar la esquina de la calle del hotel, nos topamos con un establecimiento de la cadena LIDO, conocidísima en Riga y recomendada por una bloguera de viajes que vivía allí. 

 

Entramos y vimos que estaba lleno de gente y eso que para la mayoría de letones, se había pasado la hora de comer. Al menos, eso significaba que debía ser bueno y con buen precio lo que se servía allí.

No nos equivocábamos, todos los platos tenían una pinta estupenda y no digamos los postres. La verdad es que comimos estupendamente incluyendo una pinta de cerveza letona que a Paco le pareció riquisima. Todo ello no llegó a 20€ por los dos cubiertos.

 

Enfrente del restaurante se encontraba el parque Bastejkalns, sabemos el nombre porque lo miramos en el mapa mientras comíamos. Cruzamos para hacernos unas fotos junto a un monumento de alguien que en esta ocasión solo supimos su nombre "KALPAKAM" por la inscripción pero no supimos quien era, lo hemos buscado en Internet y nada. En fin si hay alguien que lea este post y lo conozca, pondremos de quien se trata y lo que hizo.

En ese mismo parque se encuentra la Catedral Ortodoxa de la Natividad. Se construyó en el siglo XIX cuando muchos letones abrazaron la ortodoxia, sus cúpulas son prefabricadas y construidas en San Petesburgo y el interior con las paredes decoradas con frescos al estilo bizantino con ornamentos de cristianos antiguos.

Muy cerca de la Catedral Ortodoxa se encuentra el Hotel Radisson Blu el más alto de Riga. Eso le convierte en punto de referencia a la hora de desplazarse por la ciudad. Un mágnifico hotel con un piso superior acristalado donde se pueden apreciar unas vistas de Riga excepcionales. Se puede acceder sin problemas al hotel y al ascensor. En la última planta, se debe consumir pero solo a partir de cierta hora por la noche que ponen un acceso más restingido, pero nosotros pudimos entrar sin consumir y hacer algunas fotos.

 

Nos gustó tanto que el último día, o mejor dicho la última noche nos despedimos de Riga allí mismo con dos cócteles que desde luego no fueron nada caros, unos 6€ cada uno.

¿Que íbamos a hacer el resto de la tarde? El centro de la ciudad lo teníamos programado para el día siguiente, asi que decidimos ir al barrio "Art Nouveau" de Riga. Aquel lugar tiene unas calles que se convierten en una exposición permanente de arquitectura Art Nouveau. Impresionante caminar y mirar las fachadas, cualquier paseo por y entre ellas es toda una experiencia.

La ciudad que cuenta con la mayor concentración de edificios en estilo Art Noveau en el mundo no es París, Bruselas o Barcelona, sino Riga, una de las razones que influyeron en la UNESCO para que a la ciudad se la inscriba como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Hay que recordar que a principios del siglo XX, Riga como toda Letonia pertenecian a la Rusia Imperial. Gozaban de un período de bonanza económica y los nobles, burgueses y nuevos ricos pretendieron dar a la ciudad un cambio de imagen aprovechando el auge del Modernismo en Europa. El estilo Jugendstil (estilo joven), como se llamó en los países germánicos al Art Noveau debe su nombre a la revista muniquesa Die Jugend, que difundió y popularizó este estilo que buscaba dar expresividad plástica a los objetos cotidianos. En el resto de países se denominó estilo Modernista o Art Nouveau (Nuevo Arte). Por desgracia, se diluyó su auge rapidamente con la 1ª Guerra Mundial.

No vamos a incidir en los aspectos técnicos y artísticos de los edificios más representativos de estilo "Art Noveau" de Riga, hay mucha documentación al respecto que se puede obtener en Internet. Nosotros eramos simples turistas y nos conformábamos con admirar, disfrutar y contemplar la belleza de sus cuidadas lineas y ornamentación de fachadas.  

Complemento ideal para después de un paseo por el barrio "Art Nouveau" fue visitar el Museo Art Nouveau, conocido popularmente como Museo Romantico. 

 

La casa donde se ubica el museo en la calle Alberta (la calle más famosa del barrio) fue construido en 1903 como la propiedad privada de K. Peksens, reputado arquitecto, autor de una extensa obra de estilo Art Nouveau en Riga.

 

Lo mejor del Museo lo íbamos a ver inmediatamente. Una escalera de acceso que es una autentica maravilla.

El interior del museo ha sido restaurado a su auténtico aspecto de 1903. La exposición presenta un apartamento interior de una casa residencial en el siglo 20 en Riga. Unas encantadoras señoritas ataviadas al estilo de la época te reciben y te invitan a que tu también dispongas de sombreros o pamela para recorrer el museo y hacerte fotos.

La exposición es pequeña y pobre para una ciudad con tantos tesoros como Riga. No decimos que esté mal, está puesta con buen gusto, pero bajo nuestro criterio totalmente escasa.

Nos divertimos un rato, observamos los diferentes objetos y estancias de la casa y con otro paseo por el barrio Art Nouveau, acabamos yendo al hotel a descansar y a disfrutar del excellente buffet que prepararon para cenar.

  

 

 

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