Alemania y sus mercados navideños (2). Colonia (UNESCO) y Boppard.

 

Domingo 4 de Diciembre de 2011

 

Tras un mágnifico descanso y un buen desayuno, nos preparamos para un paseo por la ciudad de Colonia que si bien nos sorprendió durante la tarde noche anterior, por el día no nos iba a dejar indiferentes.

Repasemos antes de nada un poco de historia de la ciudad. Colonia (en alemán Köln) es la ciudad más antigua de Alemania con más de 2000 años y la cuarta ciudad más grande. Al estar situada en la cuenca del Rhin ha servido desde siempre como cruce de distintas rutas comerciales.

 

En la época del Imperio Romano fue ciudad fronteriza y cuando fue recuperada para el cristianismo se convirtió primero en Obispado y más tarde en Arzobispado.  Al final del siglo XII llegaron a la ciudad las reliquias de los Reyes Magos de Oriente, lo que incentivó el comienzo de la construcción de la Catedral y a convertirse en centro de peregrinaje. Era tal la influencia que llegó a tener la Catedral en la población que uno de los arquitectos de esta ciudad y que trabajó en la misma fue el encargado de construir la Catedral de Burgos, en España se le conocía como Juan de Colonia. 

En el siglo XV se proclamó como Ciudad Imperial Libre, disponiendo de ejercito propio.

 

En el siglo XVIII un italiano afincado allí fabricó lo que hoy se llamó Eau de Cologne o en español  "Agua de Colonia" innovador para la época y que permitió a la ciudad ser reconocida en toda Europa. Durante las Guerras Napoleónicas en el siglo XIX, Colonia pasó a ser una prefectura del gobierno francés, para después formar parte de Prusia. Ya en el siglo XX durante la 2ª Guerra Mundial, Colonia fue bombardeada muy duramente quedando destruida en un 80% quedando prácticamente toda la ciudad reducida a escombros, exceptuando la Catedral que los aliados no querían destruir ya que contaba con un sistema de iluminación que advertía a los pilotos de los bombarderos, no fue blanco de las bombas pero aún así quedó dañada y perdidas la totalidad de sus vidrieras.

 

En la actualidad esta ciudad cosmopolita, cuenta con numerosos atractivos históricos y culturales. Su ambiente y animación atraen multitud de turistas de todo el mundo, siendo sus celebraciones mas importantes, el Carnaval y sus Mercados Navideños. Y nosotros estábamos allí para admirarla.

Nos levantamos pronto,  con calma volvimos a dirigirnos a la grandiosa Catedral que es el icono de esta ciudad para observarla durante el día. Aunque amaneció nublado, no hacía muy mal tiempo para ser Diciembre. No vamos a profundizar sobre la Catedral, hay multitud de estudios, artículos y libros sobre ella, Solo unos apuntes y recomendaros fervientemente su visita, porque es realmente alucinante. Es el monumento más visitado de Alemania. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1998, UNESCO,es la Catedral gótica más grande de Europa y la más antigua de Alemania, contiene en un fabuloso cofre de oro y plata los restos de los Reyes Magos de Oriente y se encuentra en el mismo centro de la ciudad al que se accede fácilmente ya que todos las calles son peatonales.

Si las fachadas de la Catedral son bellas e impresionante, el interior está llenos de detalles que hacen contemplarla con verdadera admiración. 

Desde la Catedral hicimos tiempo mientra abría el Museo Ludwig que íbamos a visitar después y repetimos el que hicimos por la noche en sentido contrario, ya que nos encantó. Primero el Puente de Hierro, a continuación la vista del puerto desde arriba y cuando llegó la hora (10:00 h.) volvimos sobre nuestros pasos. El Museo Ludwig se encuentra muy cerca de la Catedral.

El Museo Ludwig y escrito con mayúsculas, ya que se merece la importancia que tiene un gran museo. Interesantísima colección de pintura, escultura, instalaciones y artes gráficas de los siglos XX y XXI. Un museo de arte moderno perfectamente acondicionado, dotado de alta tecnología e iluminación idónea para admirar el arte que alberga en su interior.

La colección permanente posee obras de Picasso, Dalí, Roy Lichtenstein, Andy Warhol, Richard Hamilton y una larga lista de autores contemporaneos que harán las delicias de los visitantes de este pequeño gran Museo con mayúsculas. En el siguiente enlace podéis recoger información sobre exposiciones, precios y actividades del museo (en inglés o alemán) :

 

http://www.museum-ludwig.de/en.html

 

El nombre del Museo se debe a la aportación filantrópica de un matrimonio alemán llamado Ludwig que donó más de 350 obras de arte a cambio de que el estado construyera un museo y le diera su nombre. ​Quizás las obras más importantes que posee este museo sean el "Arlequín cogiendose la mano" de Pablo Picasso y "La estación de Perpignan" de Salvador Dalí. 

Nos encantó la visita, amena y sorprendente ya que no da la impresión de poder encontrar exposiciones de tal alto nivel. Era hora de tomar un "cafetito" antes de continuar "pateando" la ciudad y lo hicimos en una de las terrazas al aire libre de los numerosos restaurantes que las abren durante todo el año. Muy bien servido con su chocolatina y su vasito de agua.

 

Tras el receso, una vuelta por las calles comerciales de Colonia y parada para comprar "Eau de Cologne" nada barata por cierto, pero al menos vendían miniaturas de viaje, dificiles de encontrar en España. Y así confundiéndonos con la gente caminando sin rumbo determinado, pero disfrutando del ambiente navideño y de los decorados escaparates que veíamos fue pasando la mañana. Cuando llegó la hora de comer, nos decantamos por un precioso local decorado con el gusto alemán, es decir, un típico y tópico restaurante de comida alemana.  

No había tiempo para más, teníamos la salida de tren con destino a Boppart a las 17:00 h. Reposamos la comida, nos dirigimos al hotel a recoger las maletas y de allí a la estación andando. Todo bien hasta que llegamos a la estación.

Nos esperaba el "susto" del viaje. Nada más entrar en la moderna y espaciosa estación de tren de Colonia, vimos un revuelo de gente, señalando los indicadores y las pantallas de información. Aún sin saber alemán, no aparecía el nombre Koblenz (Coblenza) que era donde teníamos que hacer un cambio de tren para ir a Boppard. Nos dirigimos a la cola de información, estábamos asustados por si se habían anulados los trayectos. Cuando nos llegó el turno, intentamos hacernos comprender con nuestro billete Colonia-Boppard. En Alemania ni siquiera es necesario pedir explicaciones, lo tienen todo controlado.

 

La encargada de atención al cliente cogió nuestros billetes y en unos segundos despachó unos nuevos pero por otra dirección con billete de alta velocidad incluido hasta Frankfurt, cuando nostros habíamos pagado unos 12 €. Nos subrayó la puerta a la que teníamos que dirigirnos y la vía en Frankfurt donde tendríamos que coger el tren a Boopard. Ahora os explicamos todo para que lo entendáis. El caso es que más tarde supimos que habían aparecido dos bombas de la segunda guerra mundial junto a la vía en la población de Koblenz. Por seguridad se habían anulado los trayectos en tren hacia y desde esa ciudad. Suponer que tenéis un billete a Avila desde Madrid con transbordo en Segovia y aparece una bomba en Segovia. Pues lo que nos dieron es como si te facilitaran un billete de alta velocidad a Valladolid y desde allí uno a Avila.

 

Si que es verdad que tardamos 3 horas en vez de 1h 30mn que era lo que teníamos previsto, pero... ¡Resolvieron la situación! ¿Pasaría de igual manera en España? El caso es que por fín llegamos a Boppard, pueblecito turístico (su web se puede ver en 6 idiomas). Fantasma en invierno y seguramente a rebosar en verano. Enclavado junto al Rhin, posee multitud de muelles para barcos de recreo, transbordadores y pequeños cruceros. Relativamente cerca, llegamos desde la estación a nuestro hotel. 

El hotel se llamaba Bellevue, justo enfrente del muelle de donde saldríamos a conocer el día siguiente el Alto Valle del Rhin Medio (Patrimonio de la Humanidad),. Una preciosidad de hotel 4* que pudimos disfrutar por 80€, claro está que en temporada baja. pero lo alucinante del sitio es que dan el mismo servicio que en plena temporada. Piscina y Jacuzzi y albornoces perfectamente presentados dentro de una bolsa en la habitación.

​La decoración, si bien un poco desfasada en el tiempo, estaba perfectamente cuidada y conservada. El trato del personal no pudo ser mejor. Una vez instalados y después de habernos dado un baño en la piscina que disfrutamos solo para nosotros, nos dirigimos dando un paseo hasta el pueblo para tomar una cena.

Elegimos éste que tenéis en la foto, otra preciosa casita alemana reconvertida en restaurante donde pudimos saborear una cervecita y cenar mejor que bien después de haber pasado las vicisitudes que os hemos comentado anteriormente. Volvimos después al hotel y aprovechando los estupendos edredones de pluma que nos dispusieron en nuestra cama, nos quedamos dormidos casi de forma inmediata.

 

 

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