Phnom Penh I(Camboya). La aventura está en la historia. Viaje a Oriente (9).

Día 3 de Julio de 2014

Terminaba nuestro paso por Siem Reap y comenzaba nuestro itinerario hacia la capital de Camboya, Phnom Penh. Como contamos anteriormente, compramos los billetes en una agencia de viajes, 18 dólares por persona y nos recogían a las 9,30h en el hotel pues salía a las 10h. No se presenta nadie, no sabemos si es responsabilidad de la agencia o de la compañía del minivan. Menos mal que estaba el taxi del hotel y por 5 dólares nos llevó al lugar donde salía.

Llegamos a la estación y nos dimos cuenta del caos que era la calle y la plaza donde estaba, un sin parar de motos, tuktuk, coches y autobuses yendo en cualquier dirección. Éramos 12 personas, todos locales y nosotros dos. Nos miraban con curiosidad y nos sonreían. Seguramente pensaban... ¿Y estos qué hacen aquí?

 

La MINIVAN cómoda y casi nueva.

 

Entregamos nuestros billetes, nos asignaron asiento y metieron nuestro equipaje en el maletero. Poco más tarde nos pusimos en marcha.

 

Ya habíamos visto el día anterior, yendo a Beng Mealea, las obras de la carretera. Lo que no sabíamos y aprendimos es que no era un tramo en obras, sino los 300km que separan a Siem Reap de Phnom Penh. Toda la carretera levantada. La conducción de ¡Sálvese quien pueda!, dos carriles convertidos en cuatro, baches, arena y para colmo el conductor temerario.

No existían intermitentes, se adelantaba por la izquierda o la derecha según pillara. Solo nosotros con cinturón de seguridad. En fin, una pesadilla. Los pueblos se alinean y crecen junto a la carretera, así como los puestos de comida en arcenes y medianas. Por fin, el minibús paró después de unas interminables 3 horas en Kompong Thom aproximadamente unos 30 minutos  y  la gente lo aprovechó para comer.

 

Unos llevaban su propia comida, otros pasaron al restaurante . Nosotros les seguimos, pero al ver el aspecto de la comida y la salubridad del local decidimos sobrevivir con una bolsa de patatas fritas y una coca cola. Salimos fuera a estirar las piernas y vimos como se vendían raciones de saltamontes fritos. Tampoco nos atrevimos a probarlo.

 

El viaje siguió más o menos de la misma forma. Otra parada más para echar gasolina y comprar agua. A las 16,30h-16,45h la minivan llegaba a Phnom Penh. ¡Madre mía, qué viajecito! Cuántas veces nos arrepentimos de no haber comprado un billete de avión, eran 100$ el trayecto, pero por quitarse esta locura de hacer la ruta por carretera, hubiéramos pagado el doble si llegamos a saberlo.

 

Consejo: No lo dudéis, si queréis ir a Phnom Penh desde Siem Reap coger el avión. Y no solo lo decimos nosotros, si no la mayoría de los extranjeros que residen en el país, como pudimos comprobar más adelante. Y aunque hayan acabado ya las obras de la carretera. ¡Hay que verlos conducir!

Sabíamos que el hotel no estaba demasiado lejos, 20 conductores de tuk-tuk agolpados queriéndonos llevar, se dieron cuenta rápido que éramos los únicos turistas. Sin fuerzas para negociar, dejamos que por 4 dólares, uno de ellos nos llevara al hotel.

 

La primera impresión de la ciudad, buena. Grandes avenidas y edificios. Jardines y plazas, aunque el caos de tráfico seguía siendo el emblema de Camboya. Llegamos al WHITE MANSIÓN BOUTIQUE HOTEL , en el centro de la ciudad y muy cerca del Palacio Real. Las tres noches reservadas con el hotel unos 250 dólares, más 50 dólares de un masaje para dos y 20 dólares más por traslado al aeropuerto que tendría que ser casi de madrugada (esto lo decidimos allí mismo para resarcirnos del viajecito del día).

Cuando estábamos buscando hotel para Phnom Phenh, queríamos algo especial ya que en esas fechas Paco cumplía años y Tripadvisor nos indicó que este hotel era el nº1 ¡Y no se equivocó! El recibimiento no pudo ser mejor, nos ofrecieron refrescos y toallitas húmedas, mientras hacíamos el check-in, nos subieron las maletas y nos acompañaron a la habitación... ¡Preciosa!

 

Además el relaciones públicas y gerente del hotel hablaba casi perfectamente el español, evitándonos chapurrear el espantoso inglés y francés que hablamos cada vez que quisiéramos algo. Y de la habitación a la estupenda piscina que tenían. Que mejor que un bañito para relajarse y quitarse el estrés.

 

También Paco se encargó de buscar restaurantes españoles en Phonm Penh, pensando que a esas alturas de viaje, estaríamos saturados de comida asiática, eligió dos. Al primero, "La Plaza" iríamos esa noche.

Fuimos en tuk-tuk por 4 dólares ida y vuelta, el conductor nos recogió en el hotel y esperó a que terminásemos de cenar para volver a llevarnos. No nos pudimos resistir a saborear un gazpacho, tortilla de patatas, gambas al ajillo , etc. Todo buenísimo. Propiedad de un español, Javier Sola, que se acercó a saludarnos. Ingeniero informático casado con una camboyana, puso el restaurante porque a su mujer se le da muy bien la cocina y aprendió mucho en España. Y damos fe, estaba todo buenísimo.

 

Él, sin embargo, se encontraba en Camboya a raíz de un proyecto educacional, del que se encontraba muy orgulloso y satisfecho. Daba gusto oírle hablar. Se trataba de realizar un teclado de ordenador con alfabeto camboyano. En Camboya se habla y se escribe una mezcla de sánscrito y pali, además de múltiples dialectos. El Ministerio de Educación quiere terminar con las confusiones en el lenguaje y por lo tanto en la utilización de la informática. Para eso contrataron a Javier. Y a él se le veía encantado con su trabajo y con su vida allí. Pasamos una velada muy agradable charlando en su local.

 

 

 

 

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