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Turisteando el mundo

  • Foto del escritorPilar

Península de Reykjanes (Geoparque Unesco) y la Laguna Azul. Islandia


Islandia
Montaña de Valahnúkur en Reykjanes

Por fin conocer Islandia se hacía una realidad y a las 9,30 h aterrizábamos en el aeropuerto de Keflavik pisanddo mi último país de Europa, que no es un gran logro viajero pero que a mí me hacía muchísima ilusión. Comprobaríamos en breve que viajar a Islandia es como ir a otro mundo, una tierra de hielo y de fuego que empezaría a descubrir en este menos conocido territorio que ocupa la Península de Reykjanes en la que pasaríamos nuestro primer día. La ruta la realizaríamos con un servicio de taxi para las tres, iríamos a la conocida Laguna Azul o Blue Lagoon y terminaríamos sobre las seis de la tarde en nuestro hotel de Reikiavik, donde pasaríamos las cuatro noches siguientes. Todos estos datos los podéis encontrar en Islandia, Dinamarca y Suecia: planificación, hoteles y ruta.

Rápidamente subimos al coche y nos dispusimos a recorrer alguno de los geositios que conforman El Geoparque de Reykjanes, declarado como tal por la Unesco en el año 2015. En la Península de Rykjanes se encuentran los límites de las placas americana y euroasiática, que en sus más de sesenta y cinco mil kilómetros casi toda ella se encuentra bajo las aguas del océano y se eleva por encima del nivel del mar justo aquí, en la península de Reykjanes, lo que hace de esta península uno de los lugares únicos del mundo, el geoparque incluye 55 geosítios lo que indica que por cualquier lugar que transites te encontraras alguno. "La Península de Reykjanes es una continuación de la Cordillera del Atlántico Medio, que se eleva desde el mar en la punta de la península y cruza diagonalmente Islandia desde el suroeste hasta el noreste. Puede leer la historia geológica del área varios cientos de miles de años atrás en el tiempo, aunque la mayoría de los estratos tienen menos de 100 a 200 mil años".

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Mapa de la Península de Reykjanes

Nuestra primera parada fue uno de los puntos claves de la Península de Reykjanes, Puente entre Continentes en español, Brú milli Heimsálfa en islandés y en inglés Leif the Lucky, ya que es lugar donde las placas de Eurasia y América del norte se separan emergen a la superficie por lo que Islandia está dividida por una gran falla, perteneciendo una parte de la península a América y la otra a Eurasia, un lugar único en el mundo y allí estábamos nosotras. El nombre de Leif, se otorgó en homenaje a Leif Ericson, el que piensan fue primer islandés que allá por el siglo X llegó a América.

Y desde ahí llegamos a Reykjanesviti, donde se encuentra el faro más antiguo del país y junto a él los acantilados de Valahnúkur, una zona predilecta de muchas especies de aves. Este faro se construyó en el año 1878 pero terremotos y el oleaje lo habían dañado mucho por lo que se construyó un nuevo faro en 1908, su señal luminosa es de unos 70 metros sobre el mar y su altura de 26 metros. La ubicación y el medio físico que lo rodea es increíblemente hermoso, a pesar del viento y el frío que hacía. Fue imposible subir las escaleras por el viento para contemplar la zona desde el faro.

Los acantilados de Valahnúkur con el mar embravecido, las colonias de gaviotas posadas en las rocas, las playas de arena negra, las coladas de lava que todavía se aprecian, el viento y el frío hacen el lugar espectacular. Si el día está despejado, se ve la isla de Eldey, a unos 16 km de la costa, conocida como la Isla del Fuego y en ella viven la mayor colonia de alcatraces del mundo. Y en medio de esta desolación, es curioso como la vida se abre camino y encontramos multitud de florecillas viviendo en las rocas.

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Faro y acantilados de Valahnúkur

Seguimos en Reykjanes y el siguiente lugar que conoceremos será el Área geotérmica de Gunnuhver que se encuentra en el corazón del Geoparque Mundial de la Unesco de Reykjanes, siendo un área de volcanes de lodo donde es difícil verlos porque el vapor del agua del depósito geotérmico en ebullición emana y se condensa y se mezcla con el agua superficial. Los gases que lo acompañan, como el dióxido de carbono y el sulfuro de hidrógeno, acidifican el agua y el olor es bastante intenso. Esto provoca la alteración de la roca de lava fresca a arcilla.

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Área geotérmica de Gunnuhver en Reykjanes

La zona se visita a través de unas pasarelas con miradores que te ayudan a conocer el lugar sin riesgos porque ya avisa que el vapor y el agua puede estar a una temperatura por encima de los 100 grados centígrados. Como todo sitio interesante, Gunnuhver cuenta con su leyenda en la que hace unos 400 años el fantasma de una mujer, llamada Gunna vagaba por la península y un sacerdote la engañó ofreciéndole una bola de hilo que rodó hasta caer a un géiser; de esta leyenda y en homenaje a la mujer recibe el nombre de Gunnuhev. Nos gustó mucho esta visita porque los colores de la tierra, los geiseres y el olor me recordó mucho a lo que vimos en las Minas de Riotinto o en las Islas Eólias.


Nos acercamos al encantador pueblo pesquero Grindavik, porque necesitábamos ya una parada técnica. Pocas opciones para comer y decidimos comprar agua y un café y comernos unos bocatas, al conductor le dimos uno de paté ibérico que le supo a gloria, lástima que no hiciéramos fotografías del momento porque fue simpático y surrealista. En este punto nos quería llevar a ver un museo de salazón de pescado pero no nos convenció mucho ya que queríamos seguir viendo lugares al aire libre y le pedimos que nos sorprendiera con algún lugar bonito y curioso. ¡Y desde luego que lo hizo! .


El lugar que eligió fue el precioso Faro Hopsnes, que se encuentra en una lengua de lava que tiene dos kilómetros de largo por uno de ancho de una erupción ocurrida hace casi tres mil años de unos volcanes llamados Sundhnúkur ubicados justo al norte del pueblo de Grindavík. En el recorrido se encuentran varios barcos naufragados en una tormenta que el arrastró tierra adentro y casi todos los restos tienen un cartel informativo.

Este lugar me pareció absolutamente mágico y a su vez desolador, el sonido del viento, tierras negras de lava y nada de vida alrededor, esta sensación la tendríamos en muchos lugares a lo largo del viaje.

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Paisaje desde el Faro Hopsnes

La hora de nuestra reserva en la Laguna Azul o Blue Lagoon se acercaba y hasta allí nos dirigimos. Llegamos un poco antes de las dos y el chófer nos acompañó hasta la recepción. Las entradas las compré en la página oficial y el precio fue de 85 euros por la opción más barata, un escándalo de caro me pareció, en la que te daban una bebida gratis, la mascarilla y una toalla. Te dan un pulsera magnética para que cierres tu taquilla y con la que una vez finalizado el baño puedas salir de la zona del balneario. Bañador puesto tras la ducha obligatoria, pelo lleno de acondicionador para no destrozarlo por el agua de la laguna, todo guardado en las taquillas, incluido móvil, nos adentramos en las aguas calientes de la laguna. La verdad es que es una maravilla y la sensación magnífica, pero yo me cansé bastante pronto porque todo el rato tenía que estar medio en cuclillas para mantener todo el cuerpo dentro del agua porque es poco profunda y porque en el exterior hacía bastante frio y te quedabas helada. ¡Me gustó pero no me enamoró, Concha y Elena salieron encantadas!


Todas las indicaciones y explicaciones las podéis encontrar en su página web que os he puesto más arriba. Las fotografías que pongo son todas del exterior, ya que hay una senda en la que se puede recorrer sin necesidad de entrar al baño y además es gratuito.

A las cuatro y media, nuestro conductor nos recogió y emprendimos camino hacia Reikiavik. Nuestro primer día en Islandia había sido magnífico y habíamos conocido lugares increíbles. Tocaba descansa porque el día siguiente sería intenso.




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