Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

Palermo, la belleza del caos (UNESCO). Sicilia. (Italia)


Habíamos comprobado la temeridad de los conductores sicilianos en la carretera, pues han llegado a pitarnos por no adelantar a un camión cuando había linea continua. En los atascos convierten dos carriles en cuatro, adelantan por el arcén y por la derecha cuando tienen oportunidad, no ponen intermitentes y un sin fin de faltas al código de circulación. Pues nada comparado a lo que íbamos a comprobar en la capital de Sicilia, Palermo. Coches aparcados en las aceras o en calles de dirección contraria que además se utilizan para conducir en los dos sentidos, se proclama la ley del más fuerte para circular por una rotonda. Solo hay preferencia para el coche que salga antes en un cruce de calles. En fin, si se va a Palermo en coche como hicimos nosotros hay que armarse de paciencia e intentar dejarlo aparcado en cuanto se de la oportunidad.

Pensábamos que El Cairo era la ciudad donde era más difícil circular con coche y donde los peatones tienen más peligro para cruzar una calle, ¡Já!... Palermo en hora punta es el caos absoluto. Bueno, el caso es que llegamos a Palermo desde Cefalú y por supuesto nos perdimos y nos atascamos. Al final para poder llegar a la zona donde teníamos el hotel, tuvimos que cometer una infracción y circular por una calle en dirección contraria como ellos, porque era imposible acceder de una manera digamos que legal, saliendo una y otra vez al mismo sitio. Paco "sudaba sangre" y la adrelanina empezaba a afectarle, haciendo que discutiéramos entre nosotros.

Menos mal que vimos un hueco a pocos metros del hotel, lo dejamos allí sin saber si se podía aparcar, si había zona de pago, o simplemente estaba prohibido, no veíamos ninguna indicación pintada en el suelo ni en señales pero no nos quedábamos tranquilos. Al preguntarle al recepcionista, hasta nos felicitó por haber conseguido una plaza de aparcamiento en la calle... "fortunato signore"(dijo). Una cosa aprendida, el coche no tocarlo mientras estuviéramos en Palermo.

El hotel del todo recomendable, en principio nos extrañó bastante, ya que se sitúa en la tercera y cuarta planta de un edificio céntrico en la vía Roma y eso no estaba indicado en la página web, nos dieron no solo la llave de la habitación, si no también la llave del portal del edificio, pero al ver sus vistas desde el balcón de la habitación y la magnífica, extraordinaria y espléndida terraza, donde además se servía el desayuno, nos dimos cuenta que no habíamos fallado en la elección. El hotel Ambasciatori colmó nuestras expectativas con creces.

Perfecto el sitio para empezar a recorrer la ciudad, a 5 minutos de la glorieta de las cuatro esquinas (Quattro Canti), a 10 de la Catedral y a 30 minutos andando del palacio de los Normandos y La Capilla Palatina. Primero pasamos por la sede del Ayuntamiento en un plaza con una gran fuente, es la llamada...

Piazza Pretoria

Comúnmente llamada "Piazza della Vergona" que significa "Plaza de la vergüenza" . Para esta denominación hay dos versiones, la primera que se conoce así por la desnudez de las estatuas que componen la hermosa fuente esculpida totalmente en mármol blanco de Carrara. La segunda versión dice que se conoce así porque el Ayuntamiento tuvo que desalojar y derrumbar casas para instalar la fuente que en realidad no se hizo para esta ciudad, si no para Florencia que al final no la quiso y como parece que hubo intereses ocultos para hacerse con ella , el pueblo le dio ese nombre para poner en evidencia la corrupción política. La hermosa plaza se encuentra no muy lejos de los Quattro Canti , exactamente en el centro de gravedad de la histórica ciudad de Palermo. La fuente citada en realidad llamado "Fontana Pretoria", un ejemplo de la Toscana renacentista, ocupa el centro de la plaza y es una de las fuentes más bellas de Italia. En el fondo se puede ver la iglesia de Santa Caterina, que alberga la mayor decoración en mármol polícromo de la ciudad. Erigido a finales del siglo XVI, también de tipo renacentista y de la que teníamos excelentes vistas desde el balcón de nuestra habitación y desde la terraza del hotel.

Las Cuatro Esquinas Quattro Canti, cuatro esquinas, esta plaza se encuentra en la confluencia de las dos arterias principales de la ciudad (Vittorio Emanuele y Maqueda), muy próxima a la Plaza Pretoria y a su fuente. Aquí en este cruce de vías, en el centro histórico y barroco de la ciudad, el problema es el tráfico y el ruido. Lo mejor, estar atentos y precavidos. No hay semáforos. En la plaza hay cuatro esquinas, cuatro edificios, cuatro fuentes, en la parte baja, de cada uno de los edificios, se representan las cuatro estaciones del año. Hay cuatro estatuas de reyes españoles, en los huecos del primer piso. Concretamente: Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV, (no olvidemos la dominación española en la isla hasta el siglo XVIII). Y por último, en las hornacinas del segundo y último piso, las estatuas de las santas de la ciudad, concretamente: Santa Cristina, Santa Ninfa, Santa Oliva y Santa Águeda.

Siguiendo por la calle Vittorio Emmanuele, llegamos a la hermosa Catedral, cuyo curioso aspecto se debe a que tiene partes de todos los siglos (desde el origen bizantino hasta las últimas obras en el siglo XIX).

Catedral de Palermo

Mandada construir en el siglo XII, queriendo que ningún otro edificio le hiciera sombra, no se termina hasta el siglo XV. Una edificación ilustrativa del mestizaje de la cultura occidental con la bizantina y la islámica que tuvo lugar en esa época, lo que le ha valido ser reconocida por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

La catedral de Palermo recibe el nombre de Nuestra Señora de la Asunción, en un lugar que hasta entonces había albergado una mezquita durante el reinado árabe, convertida en un edificio de la iglesia cristiana después de la expulsión de los sarracenos y la ocupación de los normandos. En cuanto al exterior, la catedral de Palermo, está adornada con cuatro torres del tipo gótico normando, con ventanas geminadas y columnas, que están injertadas a lo largo de las cuatro esquinas del edificio, características que hacen que la iglesia se vea más como un castillo que como un lugar de culto.

Las características del pórtico principal son de estilo gótico-catalán y data del siglo XV. La cúpula neoclásica, maravillosa en su apariencia, pero un poco en contraste con el resto de la estructura. Sólo una parte se mantuvo sin cambios a través del tiempo y son los ábsides, espléndidos en su diseño geométrico.

La última restauración se realizó en 1805 y consistió en completar el campanario de diseño neogótico y dotar de reloj a la torre.

En cuanto al interior, la catedral de Palermo tiene una planta de cruz latina, con una serie de columnas que separan las tres naves. Casi toda la ornamentación es del siglo XVIII, las paredes tiene relieves de estilo neoclásico en mármol.

Guarda varios sepulcros de los reyes normandos, virreyes de Sicilia y de los emperadores de la familia Hohenstaufen, destacando la tumba de Constanza de Aragón (con su corona de oro y piedras preciosas).

Salimos de la Catedral a media tarde y paseamos por las calles de centro buscando algún sitio donde cenar temprano para recogernos en el hotel cuanto antes. Encontramos una típica trattoria siciliana con terraza donde degustamos una sabrosa pizza y una ensalada. Antes de recluirnos en la habitación, subimos a la terraza a contemplar la caída de sol en Palermo y con ese buen sabor de boca nos fuimos a la cama.

Amaneció con un día esplendido de sol y temperatura, lo que nos hizo disfrutar aún más del desayuno, contemplando las magníficas vistas de Palermo desde la terraza de nuestro hotel.

Fantástica la sensación de tener a Palermo a tus pies mientras te comes un croissant. Era tal la belleza que observábamos, que no nos dimos la más mínima prisa de acabar nuestro desayuno.

Era domingo e inexplicablemente ningún coche circulando por la calle, nos imaginamos que estarían cerradas al tráfico ciertas calles, al pasar una calesa (coche de caballos) a nuestro lado, nos ofreció sus servicios y nos miramos y dijimos... ¿Porque no?

Eso nos permitió disfrutar de la ciudad de la manera más calmada y visitar monumentos que no teníamos pensado ir ya que solo disponíamos de una mañana en Palermo, ya que por la tarde habría que ir a Monreale, con otra grandiosa Catedral Patrimonio de la Humanidad.

Pasear por las calles desiertas de tráfico era una autentica gozada y además al conductor aunque solo hablaba italiano se le entendían todas la explicaciones que nos iba dando.

Aquí tenéis a Paco junto a las escalinatas del Teatro Massimo donde se rodaron las ultimas escenas del Padrino III en la que muere la hija de Michael Corleone. Este teatro es el mayor de los teatros de ópera de Italia y el tercero más grande de Europa.

Desde allí nos llevó al "Jardine inglesi" del cual, el conductor parecía estar muy orgulloso. Diseñado en la segunda mitad del siglo XI es el jardín más conocido y transitado por los ciudadanos y visitantes de Palermo.

Es rico en árboles seculares, como el ficus ubicua procedentes de África y Asia. Nuestro conductor insistió mucho en enseñárnoslos y que le hiciéramos fotos, se ve que desconoce los que hay en Alicante que son tres veces más grandes.

También vimos mercadillos de artesanía que tiene su puesto los domingos en este parque público.. Y siempre bajo el gusto italiano, nos decía que las fuentes de este parque son lugar para encuentros amorosos. Nuestro conductor tuvo la amabilidad de dejarnos en la Piazza dei Duomo en vez de Quattro Canti, evitándonos subir por la calle Vittorio Emmanuele, ya que íbamos a visitar el Palacio Normando y la famosa Capilla Palatina.

Un paseo super agradable de unos 30-40 minutos que nos costó como 20€ pero que recomendamos hacer solo en domingo o festivo.

Desde allí solo nos hacía falta caminar como un kilómetro por la misma calle y acabaríamos junto a un particular Palacio.

Palacio Normando

Este Palacio es en la actualidad la sede de la Asamblea Regional Siciliana.

La entrada para las visitas turísticas es desde Piazza Indipendenza y se accede a las grandiosas salas del rey Roger II y a la Capilla Palatina. El precio por la visita es de 8,50 € .

Se construyó donde se encontraba el emplazamiento más antiguo de Palermo... Paleópolis y donde los árabes habían construido un palacio. Posteriormente los normandos lo ampliaron para ser sede política de su reino. El palacio posee una estructura irregular que ha sido modificada a lo largo de los siglos. Solo queda en pie una de las cuatro torres normandas iniciales, la llamada Torre Pisana. En el interior del palacio se pueden obsevar dos patios interiores y también, la que es considerada por muchos como una gran obra maestra, la Capilla Palatina, construida por el rey Roger en el año 1143, está compuesta por tres naves que se encuentran decoradas con bellas figuras e inscripciones árabes, denominadas cúficas.

La Capilla Palatina

Es una joya del arte y de la arquitectura medieval que, exaltando las peculiaridades del arte normando (el sincretismo y la comunión de los estilos árabe, bizantino y románico) ha producido admiración en los visitantes de todas las épocas. Es Imperdible si se visita Palermo.

La Capilla Palatina se encuentra revestida de enormes mosaicos realizados en oro, en donde se suceden increíbles imágenes religiosas que están mezcladas con elementos naturalistas.

Es una capilla con una gran luminosidad aunque no posee ninguna entrada de luz y además, contiene una bella explosión de colorido que se ve multiplicada por sus mosaicos poblados de apóstoles. Por eso mismo ha de procurarse ir evitando las aglomeraciones en horas punta, ya que la estancia es un poco claustrofóbica al carecer de ventanas.

Un lugar destacado dentro de la isla por su belleza histórica, importancia y por ser una visita única dentro de Sicilia. Muy recomendable. Muy cerquita de allí se encuentra un templo muy particular al que fuimos a visitar (Entrada 3€).

Iglesia San Juan de los Eremitas

El complejo monumental de San Juan de los ermitaños (Giovanni dei eremitas) fue construido a principios del siglo XII, y restaurado en el siglo XIX. Está enclavado en torno a un jardín con una gran variedad de especies de árboles. La Iglesia forma parte del conjunto de monumentos árabe-normados Patrimonio de la Humanidad en Sicilia.

La iglesia, con planta en T se edifica con bloques compactos rectangulares de toba, de la que emergen los volúmenes rojos de las cinco cúpulas.

El claustro de planta rectangular se caracteriza por una sucesión de columnas dobles con capiteles de hojas de acanto rematados por arcos. Está fuertemente influenciado por la proximidad del palacio real a pocos metros de distancia.

El estilo típicamente musulmán con "el qubba" (montículo) que está presente en otras iglesias como San Cataldo, más o menos el mismo período.

Un pequeño receso para tomar un helado y continuamos nuestro recorrido. Seguimos andando por las calles del centro hasta llegar a la estación de trenes que marca el final del centro histórico.

La Estación Central de Trenes de Palermo

Se encuentra situada en la Plaza Julio César, un poco alejada del centro de la ciudad, aunque bien comunicada, ya que junto a ella paran varias líneas de autobuses urbanos, el autobús del aeropuerto y el Autobús Turístico. Lo más destacable de la estación es su soportal exterior, inaugurada en 1886 de línea neo-renacentista. Palermo es un sin fin de contradicciones y eso quizás le impregne de atractivo, al lado del palacete más noble, puede haber viviendas humildes y al lado del restaurante más lujoso puede cohabitar una tasca cochambrosa. El caso es que el aparente caos que domina la capital de Sicilia, le dota de una belleza singular. Y de allí y nuevamente andando llegamos a nuestra próxima parada y como no... ¡Otra Iglesia!

Iglesia de San Cataldo

El edificio se remonta a la época normanda (siglo XII). La iglesia ha sido durante siglos testigo de cambios de propiedad e incluso del uso previsto. Pocos años después de su construcción, fue donado por Guillermo II al monasterio de los monjes benedictinos de Monreale, pero ya en el siglo XIX fue utilizado como... ¡Oficina de correos!

En cuanto a su estructura, el edificio es muy similar a la iglesia de San Juan de los Ermitaños. Es de piedra arenisca, y toma la forma de una caja. En el interior, las paredes no están decoradas, ya que han sido intencionalmente dejado en rústico, con ladrillos a la vista, mientras que las capiteles en las que se apoyan las columnas probablemente datan de antes de la construcción de la iglesia y tomados de otros lugares sagrados.

Al igual que en el resto de Iglesias normandas la imagen de Cristo Pantocrátor y su situación bajo esfera, representa el mundo terrenal y el lazo que lo une con lo divino. Hoy en día la iglesia ya no se utiliza como un lugar sagrado, pero es la sede de la Orden de los Caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalén. Después de la visita fuimos a comer algo y a buscar el autobús que nos llevaría esa tarde a Monreale y que relataremos en el siguiente artículo.

Volvimos al hotel para cambiarnos de ropa y salir a cenar después de nuestra excursión a Monreale, preguntamos al recepcionista por algún restaurante peculiar y de entre todos los recomendados nos decidimos por Kursaalkalhesa.

Primero porque estaba situado en la playa, en el litoral que no conocíamos y segundo porque estaba ubicado dentro de las murallas que antiguamente defendían la ciudad. Podíamos llegar andando desde el hotel y en unos 20 mn estábamos allí. Al ser domingo, pasamos por multitud de terrazas frente al mar con familias sicilianas celebrando el día festivo.

La verdad es que nos impresionó, primero por la decoración y las obras realizadas en el local, donde se podía observar los restos de la muralla y segundo porque es un restaurante librería y se agradece que sigan existiendo locales de ese tipo. La cena estuvo notable y desde luego es un sitio muy recomendable para comer o cenar.

De vuelta al hotel pensábamos la suerte que estábamos teniendo en un viaje que nos estaba saliendo realmente estupendo. Al día siguiente nos iríamos a Erice, un pueblo siciliano espectacular.

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