Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

Basílica de San Apolinar en Classe y Mausoleo de Teodorico en Rávena (Italia). UNESCO


Nos dirigimos a la provincia de Rávena por la carretera de la costa, a unos 46 Km de Rímini, tardamos más de una hora en recorrer debido al tráfico del domingo por la tarde con la gente volviendo a sus casas. Queríamos visitar dos de los monumentos Patrimonio de la Humanidad que nos quedaron por ver en un anterior viaje que hicimos a Rávena, por estar éstos fuera del término municipal. El primero de ellos era la Basílica de San Apolinar situado en el pueblecito de Classe, antiguo puerto marítimo de Rávena. Contratamos un hotel en el mismo recinto de la basílica, el hotel Classensis.

Un hotel sin grandes pretensiones, pero muy limpio y acogedor. Siempre lleno de gente que imaginamos sería por su excelente comida, pues nos sorprendió gratamente su restaurante. Solo un fallo, carece de ascensor y aunque todas las habitaciones están en una sola planta en el primer piso, las escaleras son bastante pronunciadas. Hicimos el check in y dejamos las maletas en la habitación, todavía nos quedaba algo de luz y tiempo para visitar la Basílica ya que estaba al lado, a menos de 50 metros.

A primera vista el monumento no parecía lo bastante impresionante como para ser declarado Patrimonio de la Humanidad pero sí que se notaba que tenía hecha una buena restauración de su fachada. La gran sorpresa nos esperaba en su interior.

Posee una torre de campanario separada del edificio de forma cilíndrica, que se construyó posteriormente en el siglo IX. La Iglesia está dedicada a San Apolinar, ciudadano de Antioquia, parece ser que enviado por San Pedro para evangelizar Rávena, llegando a ser el primer obispo de la ciudad y que murió martirizado defendiendo a su Iglesia. Llegamos a la puerta de acceso al Templo, vimos que disponíamos de una hora y media aproximadamente para la visita y pagamos los 5€ que cuesta la entrada por persona, un precio que creemos excesivo. Después nos enteramos que los domingos entre 10:00 y 10:45 es gratuita la entrada. Y llegó el impacto de sensaciones que sufrimos cuando accedimos al interior de la Basílica.

Era tal la maravilla que contemplaban nuestros ojos que lo comparamos a la sensación que tuvimos en Milán cuando vimos el fresco de la "Última Cena" de Leonardo en Santa María Maggiore. Una sorpresa que no solo abrumaba por la belleza que se disponía frente a nosotros sino por la espiritualidad que parecía emanar de aquel recinto.

Prácticamente solos recorríamos el contorno de la Iglesia y era difícil dar más de cuatro pasos sin detenerse a contemplar algún detalle de los elementos que la conformaban. No hay palabras para definir el excepcional mosaico brillante del ábside y el arco triunfal que lo enmarca, dando sensación de perspectiva totalmente inusual en aquella época. Se representa a Cristo con una cruz y a los apóstoles como corderos, con San Apolinar en medio. Una obra de arte del siglo VI diríamos que inigualable. Decidimos entonces sentarnos en un banco de la Iglesia para admirarlo.

El suelo también estaba totalmente pavimentado con un mosaico, pero desgraciadamente sólo queda un poco de la antigua calzada en la parte trasera de la nave derecha. Las capillas laterales tienen pequeños ábsides pentagonales y se utilizaban para celebrar bautizos. El interior de la Basílica de San Apolinar in Classe destaca por la luminosidad conseguida por el reflejo de la luz sobre las columnas de excepcional mármol griego. Majestuosidad, simplicidad y belleza la conforman como uno de los mejores ejemplos de arte bizantino.

Contentos y maravillados por la visita, volvimos al hotel para cenar. La verdad es que fue una excelente elección elegir su restaurante pues todo estuvo delicioso. Si no hay fotos del postre es porque nada más que lo vimos nos dispusimos a saborearlo sin dar opción a ninguna espera para tomar alguna foto de ellos.

Descansamos realmente bien y nos sirvieron un buen desayuno con un café expreso y un capuccino realmente deliciosos. Antes de partir hacia el siguiente monumento, nos dimos una vuelta por la Basílica para verla con la luz del día.

Eso hizo que nos despejáramos antes de volver al coche, no hacía excesivo frío pero si amenazaba lluvia y que por fin se dejó caer en nuestra siguiente visita... El Mausoleo de Teodorico.

Llegamos en poco más de cuarto de hora desde Classe, perfectamente indicado con señales de tráfico, dejamos el coche en el aparcamiento del recinto.

El mausoleo es un misterioso monumento que hasta el momento no ha sido correctamente interpretado. El rey ostrogodo Teodorico, muerto en el año 526 lo mandó construir para ser su sepulcro, pero nunca se supo si llegó a ser enterrado allí. Tampoco se sabe cuál era realmente su aspecto externo, ya que por las huellas dejadas en sus estructuras tuvo una ornamentación arquitectónica y/o escultórica que desapareció en algún momento de la Edad Media. Para colmo, durante el siglo XVIII la parte inferior se inundó por las crecidas del río y cuando secó se encontraron numerosas tumbas alrededor, puesto que muchas personas a lo largo de la historia se enterraron en la cercanía de este monumento.

El edificio fue encargado para servir como tumba monumental y capilla funeraria del rey más importante que tuvieron los ostrogodos, imitando a los emperadores romanos. Su intención era poner de manifiesto la grandeza de su reinado a la manera de los emperadores romanos por lo que debía ser un monumento vistoso y recordado para todo aquel que llegara a Rávena. De ahí que su decoración externa, la que ha desaparecido, debió estar muy cuidada.

El interior de esta parte superior forma una única sala circular cubierta por la falsa cúpula monolítica traída en una sola pieza, que remata el edificio. Puede que ésta fuera la cámara mortuoria de Teodorico El Grande y que la tumba fuera destruida a mediados del siglo VI cuando los bizantinos arrasaron todo lo relacionado con los ostrogodos, como sucedió con los mosaicos que representaban a este mismo rey en la Iglesia de San Apolinar el Nuevo.

Otro dato inexplicable es el uso de la piedra en una zona arcillosa donde la roca era escasa y había que traerla de Istria, al otro lado del Adriático. De hecho es el único edificio de Rávena hecho exclusivamente con este material. Se puede suponer que con este material se buscaba la supervivencia, lo que a la postre consiguió, y mostrar a su pueblo y a la historia el poder y esplendor de Teodorico. Parece que hay constancia de que los suelos podían estar revestidos de mármol verde y que tenía puertas de bronce, posiblemente llevadas para decorar el Palacio de Aquisgrán de Carlomagno en el siglo VIII.

En todo caso, contemplamos el monumento, paseamos por los jardines de su alrededor y tomamos las fotos de recuerdo para nuestro álbum. Los monumentos que nos faltaban ya estaban vistos. Seguimos el viaje en dirección al Delta del Po y en concreto al pueblo de Comacchio.

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