Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

Qué ver y hacer en Trier. La ciudad más antigua de Alemania.


Salimos en tren desde Luxemburgo a las 9:20 hacia Trier (Tréveris en español). Un trayecto corto de 40 Km en el que apenas se tarda 40 min. Al igual que en Luxemburgo, en Trier lloviznaba débilmente, pero tuvimos la suerte que parara al poco de empezar nuestra ruta por la ciudad de Trier, la más antigua de Alemania.

Una ciudad que al parecer fue fundada por los romanos, pero existe la creencia de que tiene una antigüedad de 1300 años antes de su llegada. En todo caso es una ciudad digna de ser visitada si se tiene oportunidad. Es bonita, interesante y sorprendente. Conocida como "la segunda Roma" por la importancia política que llegó a alcanzar, el Imperio romano dejó para la historia, vestigios muy abundantes y la UNESCO reconoce a la ciudad nada más y nada menos que 9 monumentos como Patrimonio de la Humanidad.

La ciudad está muy bien señalizada y para el turista es de agradecer que sea así, nada más salir de la estación nos indican el camino hacia la Porta Nigra, el monumento más emblemático de Trier. Nos dirigimos allí, por una preciosa avenida, la Christopstrasse, con multitud de palacetes y villas de estilo neoclásico con impresionantes puertas y balcones.

Al final de la avenida, ante nosotros se erguía el impresionante monumento. La Porta Nigra es uno de los restos mejor conservados de edificaciones urbano militares de época romana.

Construida entre el 180 y 200 DC en piedra arenisca gris, sin mortero, la Porta Nigra debe su nombre a que, con el tiempo, el material constructivo fue ganando el tono oscuro que podemos ver hoy.

La Porta Nigra es la única de cuatro puertas romanas que aún se mantiene en Trier. Las otras fueron saqueadas gradualmente por su piedra y hierro. La Porta Nigra sobrevivió porque fue utilizado como la humilde residencia de un monje ermitaño llamado Simeón durante siete años (1028-35). Después de su muerte, se le consideró Santo y se le canonizó, fue enterrado según sus deseos en la Porta. Se cambió la estructura y se transformó en una Iglesia de dos pisos denominada San Simeón. Napoleón en su momento destruyó la Iglesia, excepto el ábside románico del siglo XII y la Porta volvió a recobrar su estado original.

Al lado de la Porta Nigra esta la Simeonstift, el monasterio del siglo XI construido junto a la Iglesia de San Simeón. Los claustros se pueden visitar y recorrer de forma gratuita. Además son los más antiguos de Alemania. El edificio principal alberga el Stiftsmuseum, o "Museo de Historia de la Ciudad" y para acceder a la cubierta de la Porta es necesaria una entrada, bien individual o conjunta con el Monasterio. Seguimos nuestro camino hacia el centro de la ciudad y andando por la Simeonstrasse llegamos a la preciosa y majestuosa plaza del Mercado (Hauptmarkt).

Antes de llegar observamos la famosa Casa de los Reyes Magos, llamada así porque el sequito que llevaba sus restos para depositarlos en la Catedral de Colonia, se alojaron en ella. Hoy en día es una cafetería por lo que se puede acceder a su interior. Como dato curioso, es el edificio más antiguo de Alemania (¡Otro!), data de 1230 y mezcla el romanticismo con el gótico.

Y en el otro lado de la calle el "Callejón Judío" (Judengasse) que conduce al barrio judío medieval. Nos detenemos para observar y hacer alguna foto y continuamos. Habíamos divisado desde lejos la magnífica plaza, pero no imaginábamos que iba a ser tan imponente.

Trier obtuvo el derecho de mercado, convirtiéndose el Mercado principal en el centro del Trier medieval. Ostenta la Cruz del mercado desde el siglo I, aunque restaurada en el XVIII. Otra antigüedad, la farmacia o Löwenapotheke, también parece que es la más antigua de Alemania pues hay documentación que la cita en siglo XIII.

El ritmo de esta ciudad, al menos en esta plaza llena de cafés, tiendas, mercadillos de frutas y verduras y otros es muy superior al resto de ciudades alemanas que conocemos. Todo un espectáculo increíble el trasiego de lugareños y visitantes y un regalo estar allí de espectador. Por donde mires encuentras belleza y entretenimiento.

Y además, la Catedral de San Pedro se ve desde el centro de la plaza y sería nuestra siguiente visita. Encantados y contagiados por el buen humor de la gente que circulaba por la plaza, emprendimos el camino hacia ella.

La Catedral, fue construida a principios del siglo IV siendo por tanto.... Qué? Pues eso, como no podía ser menos, la más antigua de Alemania y además la iglesia cristiana más grande de la antigüedad cuando se construyó.

Asentada sobre un antiguo templo romano, conserva los muros originales de 26 metros de altura, las diferentes reformas a través de los siglos le dan un aspecto de castillo o fortaleza más que de una Iglesia. Su fachada, robusta y sencilla, con torres redondas son ejemplo de arquitectura románica primitiva.

El interior consta de tres naves románica y el ábside gótico, decorado eso si con estilo eminentemente barroco. Es guardiana de una excepcional reliquia, la "Santa Túnica" que parece ser la prenda, que vistió Jesús cuando llevó la cruz al Calvario. Parece que Santa Elena, madre del emperador Constantino, residente en la ciudad germana en el siglo IV, la habría encontrado durante su peregrinación a Jerusalén y que la habría dado como regalo a la iglesia.

El Claustro de la Catedral de estilo gótico es de mediados del siglo XIII, con arquería de medio punto sobre pilares compuestos. Conserva sepulturas, en gran número renacentistas, que ocupan las paredes y galerías.

Y al lado de la Catedral, formando parte del gran complejo monumental declarado por la UNESCO, Patrimonio Mundial de la Humanidad, se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora, uno de los primeros ejemplos de arquitectura gótica alemana... ¿La más antigua Iglesia gótica de Alemania? ¡Efectivamente! Su planta está basada en la cruz griega pero además unida a la Catedral por el crucero. La entrada a la iglesia se hace por la parte norte, la llamada " Puerta del paraíso". También es posible hacerlo por el interior de la Catedral de San Pedro.

Nuestra siguiente etapa sería la Basílica de Constantino. Es la estancia más grande que se conserva de la antigüedad. Los romanos querían expresar a través de la arquitectura la grandeza y el poder del emperador, algo que aquí consiguieron de forma especialmente impresionante. Las dimensiones de la Basílica siguen sorprendiendo todavía en el siglo XXI, pues es una nave con ninguna columna en su interior.

Este monumento en la antigüedad era el Salón del Trono del emperador y actualmente es la iglesia protestante "más antigua". Quizás desgraciadamente, es cuestión de gustos, junto a la Basílica se construyó un enorme Palacio barroco para el príncipe elector y a la vez Arzobispo.

No obstante, se le considera como uno de los palacios rococó más bellos del mundo Hoy día es sede de servicios administrativos del Estado Federal. Destaca una suntuosa escalera que da muestra del esplendor de los príncipes electores y del Arzobispado. Unos esplendidos jardines y un parque lineal completan el complejo.

En el plano de la ciudad que teníamos, vimos que atravesando el parque llegaríamos directamente a las Termas Imperiales (Kaiserthermen) y fuimos hacia allá. Las termas que solo podía utilizar el emperador y la gente que era invitada, constituyeron las mayores de todo el Imperio Romano fuera de la ciudad de Roma. Construídas en el siglo IV con Constantino como emperador.

Cayeron en desgracia, como otras construcciones en Trier, cuando Constantino llevó su centro de poder a Constantinopla (la actual Estambul), ya que se paralizaron muchas de la obras iniciadas. Graciano, el Emperador de Roma volvió a darle auge a Trier pero para entonces ya no era útil la función primitiva de las Termas Imperiales, convirtiéndolas en un fuerte para sus legiones. Más tarde durante la época medieval, se convirtieron en cantera de piedra destruyéndose casi todo el complejo.

Las termas son visitables tanto por la superficie como a nivel subterráneo. Nos divertimos mucho recorriendo las galerías desde donde calentaban el agua, comprobando las partes en que están divididas, según la temperatura del agua el caldarium, el temparium y el frigidarium. Eso si la entrada no es gratuita y cuesta 3€ pero merece la pena y exhiben un documental fantástico.

El siguiente monumento a visitar sería el Anfiteatro Romano, un paseo de casi un kilómetro que se hizo eterno debido a las cuestas que nos encontramos, es uno de lo más alejados, así que recomendamos ir en bus, ya que tiene parada justo enfrente.

Es otro de los monumentos de pago (también de 3€). Construido en el siglo II y con una capacidad para 20.000 espectadores. Lo que demuestra que Trier era una ciudad grande e importante en el Imperio Romano ya que este tipo de construcción sólo se hacía en ciudades de prestigio. El Anfiteatro fue utilizado hasta principios del siglo V. Posteriormente, en la Edad Media, como pasó con las Termas, fue utilizado como cantera.

El Anfiteatro estaba situado junto a las murallas de la ciudad, y los accesos al mismo fueron usados como puertas de entrada a la propia Tréveris. Las medidas de la arena (75mx50m) también nos dan un referente respecto a la importancia de la ciudad y la magnitud de sus espectáculos.

Como dato curioso y de interés este anfiteatro tenía un foso bestiario en la parte inferior de la arena, que permitía la elevación de los animales durante los espectáculos. La visita se nos hizo muy interesante y el paseo por el perímetro del anfiteatro, así como sus galerías nos encantaron, pero era ya tarde y necesitábamos hacer una parada para comer. Lo hicimos en un restaurante italiano donde comimos un plato de pasta y un postre, no fue una maravilla, pero suficiente para continuar el resto de visitas de la bella ciudad de Trier (Tréveris).

De la misma manera, es decir, andando llegamos a otra de la maravillas de la ciudad, el Puente Romano que cruza el río Mosela. Es el puente romano más... ¡Eso, más antiguo de Alemania! Con unas dimensiones enormes y gran robustez en su estructura, aún hoy se utiliza para el tráfico rodado. Fue construído entre los siglos I y II con diferentes actuaciones y ampliaciones.

La estructura, de 400m. de longitud, se sustenta sobre siete pilares apoyados en el lecho del río y otros dos en las orillas. Fueron utilizadas vigas de madera macizas de los robles que crecen en las orillas de río.

Desde el Puente Romano caminamos por su ribera en un paseo encantador, donde nos encontramos desde excepcionales trabajos de rejería que actuaban como "quitamiedos" a las famosas grúas portuarias, testigos de un antiguo e importante tráfico comercial.

Las grúas tienen un tejado giratorio dispuesto sobre mecanismos de ruedas de gran tamaño que se movían por cables y fuerza muscular y que datan del siglo XV y que funcionaron y se le dieron utilidad hasta el siglo XVIII.

Seguimos andando junto al río Mosela contemplando el bello paisaje que entre las brumas de la tarde se antojaba muy especial. La niebla, los frondosos bosques y el curso del río parecían transportarnos a la época donde los barcos hacían sus atracos en los puertos habilitados y dejaban sus mercancías en la orilla con la ayuda de esos gigantes con brazos de hierro.

Levantando la vista, en el punto más alto de las rocas, conseguimos divisar otro de los monumentos característicos de Trier, la columna de Santa María desde el cual se domina la ciudad y que desafortunadamente no nos dio tiempo de visitar. A 40 metros de altura sobre el suelo se encuentra la estatua de María coronada. Fue inaugurada en el año 1866 gracias a la ayuda de donativos de ciudadanos de Tréveris y desde donde se observan vistas espectaculares de la ciudad.

La luz del día se iba apagando por momentos y nosotros empezábamos a notar el cansancio de tanta caminata, decidimos volver hacia en centro de la ciudad y antes de llegar nos encontramos con esta Iglesia y junto a ella una placa indicativa de que por allí también pasa... El Camino de Santiago.

La Iglesia de San Pablo llamó nuestra atención con su magnífica fachada, pero que estuviera marcada como uno de los pasos del Camino, nos pareció curioso. Y acabamos nuestra visita en Trier, llegamos a Hauptmarkt, nos tomamos un café en la casa de los Reyes Magos y cogimos el tren hacia Luxemburgo, donde esa noche dormimos de un "tirón".

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