Turisteando el mundo

  • Pilar y Paco Viajeros

Apasionantes días en Bangkok (Tailandia)

Despertamos contemplando como la ciudad iba poniéndose en marcha desde nuestra privilegiada situación en la terraza de nuestra habitación del piso 25. Nos dimos cuenta que el tráfico es un auténtico caos, la carencia de semáforos y agentes de autoridad da lugar a situaciones delirantes entre motos, coches y carromatos. Bajamos a desayunar y comprobamos que no estaba nada mal el bufé. Por sacarle alguna pega, el zumo de naranja no era natural. Una vez repasado el itinerario para ese día, nos pusimos en marcha dirigiéndonos nuevamente al embarcadero.

Todo normal, montamos en un barco en dirección al Palacio Real pero nos dimos cuenta que no llevábamos la cámara de fotos.... Perderla otra vez, ¡nooo! Exclamamos. Habíamos cambiado dinero en una oficina de cambio en el embarcadero y no recordábamos si la llevábamos o no. Nos bajamos en la siguiente parada y con los nervios en vez de esperar a un taxi, cogimos un tuk-tuk sin negociar el trayecto para volver al hotel, cuando llegamos nos quería cobrar 100 baths (2,80€) pero le dimos solo 80 (2,20€).

Subimos a toda prisa y.... ¡Estaba allí sobre la mesa! Menos mal. Entre idas y vueltas con la cámara eran las 10 de la mañana.

Decidimos coger un taxi desde el hotel para visitar el Palacio Real y al bajar a la recepción un empleado de seguridad, imaginamos que debido al número de veces que entrábamos y salíamos, nos preguntó si querríamos un conductor para nosotros durante 8 horas. Precio... How much? Preguntamos. Nos dijo que 1200 Baths (33€), es decir a unos 4€ la hora. De sobra sabíamos que ese precio estaba hinchado y que el empleado se llevaría su comisión pero como nos lo podíamos permitir y más después de haber “recuperado” la cámara dijimos... ¡Adelante!

Primera etapa del día: Hacia el Palacio Real. Estaba como a unos 15 minutos del hotel, así que le dijimos al taxista que nos llevara por Chinatown y el Mercado de Flores. Hicimos unas cuantas fotos en una breve parada. Antes de llegar a la entrada del Palacio Real, el taxista aparcó en una calle colindante a unos 100 metros y nos acompañó hasta la misma puerta. Y aquí llega la primera SORPRESA de verdad con mayúsculas de este viaje, el maravilloso Palacio Real de Bangkok.

El complejo que forma el Gran Palacio de Bangkok se divide en 4 zonas:

El Patio exterior, en la actualidad dedicado a edificios públicos

La zona de los Templos y el Buda Esmeralda

El Patio central, donde se encuentra la zona de recepción (Chakri Maha Prasat)

La zona de la corte y jardines privados (no accesible para turistas)

Aunque el templo de What Pho que vimos el día anterior nos impresionó, nada comparado a la belleza del conjunto que entrábamos a visitar. El precio de la entrada 500 baths (14€) es caro pero merece la pena.

Una maravilla construida hace más de 230 años, hasta 1925 fue residencia de la familia real tailandesa . Construido como una ciudad dentro de la ciudad, es un complejo formado por varios edificios. En el interior del Gran Palacio podemos admirar la impresionante arquitectura Tailandesa con sus tejados puntiagudos, tallas y esculturas de incalculable valor, una réplica de los Templos de Angkor y el famoso Buda Esmeralda.

Todo cuanto pasaba por nuestros ojos, era motivo de admiración, íbamos vagando de pabellón en pabellón, de templo en templo, de jardín en jardín, asombrándonos de lo que estábamos viendo. No era solo la ostentación de pasados reinos, si no el buen gusto para coordinarlo todo. Una muralla de cerca de dos kilómetros protege el recinto.

Paseamos por el templo de Wat Phra Kaew donde se encuentra el Buda Esmeralda, escultura hecha en jade que es la más venerada de Tailandia.

Las pagodas doradas, rincones de oración donde se hacían ofrendas, encendían velas y se pegaban láminas de pan de oro en las distintas imágenes, el Museo de Telas. Todo era precioso y magnífico. Incluso el cambio de guardia en la entrada al recinto nos pareció estupendo. Una visita de obligado cumplimiento en Bangkok.

Es prácticamente imposible visitar todo en un solo día, pero nosotros nos dimos por satisfechos con el par de horas que estuvimos no observando, si no admirándolo. Todo cuanto vimos nos pareció majestuoso y bello, como no íbamos a pensar en la película “El Rey y yo” con Yul Brinner y Debora Kerr después de todo lo visto, jajajaja. Con una gran sonrisa salimos de allí.

Como un clavo y después de unas dos horas, se encontraba nuestro taxista con el aire acondicionado encendido. Para el segundo recorrido optamos por una parada en la calle más famosa de Bangkok... Khao San Road. Esta era una calle donde antiguamente se comercializaba con arroz, hoy en día posiblemente es el gueto de mochileros más grande del mundo, teniendo incluso autobús directo con los aeropuertos de Bangkok. No hay joven que visite el Sudeste Asiático y pase por Bangkok que no visite esta calle.

Alojamientos baratos, bares, clubs, pubs, centros de masaje, tiendas de ropa y souvenires, no quedando espacio para más letreros, ni para más puestos. ¿Qué que hacíamos allí dos cincuentones con la lengua fuera por el calor? Pues vivir la experiencia que no tuvimos en nuestra época y abrir bien los ojos con todo lo que veíamos. Le dijimos al taxista que nos esperara una hora, mientras curioseábamos por la calle.

Hasta un par de camisetas compramos y un buen número de fotos nos hicimos. ¡Qué grande es ser joven! Como decía aquel eslogan de unos grandes almacenes, pero oye... ¡Que suerte para nosotros haberlo conocido! ¿No?

Y de allí a un templo singular y además con entrada gratuita Wat Intharawihan es un templo con un Buda gigante de más de 32 metros de altura y un peso 5,5 Toneladas.

Con poca afluencia turística pero muy frecuentado por los locales. Tuvimos ocasión de ver varias ofrendas a difuntos. Construido en el siglo XIX está considerado como una de las 100 estatuas más grandes del mundo.

Después de haber hecho las fotos de rigor y haber paseado por el pequeño recinto de alrededor nos dirigimos a conocer la casa de Jim Thompson, toda una institución en Bangkok.

Esta casa perteneció a este personaje, un arquitecto nacido a principios del siglo XX que ofreció sus servicios al ejército americano durante la Segunda Guerra Mundial. A cambio de ayudar en la operación de la liberación de Tailandia, país del que estaba enamorado.

Teníamos una visita guiada en francés a las 14:30 h. y no desaprovechamos la oportunidad, así que pagamos los 150 baths (3,5 €) de la entrada y... ¡Adelante!

Nos contaron que la casa (realizada toda en madera de teca) en realidad son 6 que fueron traídas pieza a pieza desde otras provincias de Tailandia. Eran casas de más de dos siglos pero que debido a su extraordinaria calidad de madera, fueron validas para cumplir el sueño de construir una mansión junto al río.

Esta casa está en su totalidad elevada del suelo para evitar las inundaciones y tenía una entrada directa desde el embarcadero. Durante su vida Jim Thompson se dedicó al comercio de telas y sedas, aunque no se sabía muy bien cuales eran la totalidad de sus negocios. Era una persona muy peculiar y curiosa, tal es el caso que desapareció en 1967 en la jungla de Malasia buscando orquídeas y plantas autóctonas para su mansión. Unos dicen que lo mató un tigre y otros que su desaparición estaba relacionada con la CIA y que fue un asunto político.

En todo caso logró durante su vida hacer acopio de excepcionales obras de arte y objetos variados de inspiración asiática y ser respetado en la ciudad donde vivía. La visita a la casa es bastante amena, ya que cualquier estancia era digna de admiración hasta su último detalle. Estaba prohibido hacer fotos y videos en el interior, así que solo tenemos del exterior de la casa.

A la salida vimos una preciosa tienda y un bonito restaurante, como era muy tarde preferimos comer antes de nada y debemos reconocer que lo hicimos muy bien y el servicio estuvo fenomenal. El sitio era fantástico para reposar y admirar el entorno. A continuación fuimos a la tienda y ésta si que tiene unos precios inalcanzables para la mayoría, pero eso si los artículos y la ropa tienen una calidad y un estilo excepcional.

Desde allí nos dirigimos al parque Lumpini, pasando por numerosas avenidas que nos encantaron, donde se fundían la modernidad de los rascacielos con las tradicionales viviendas tailandesas con sus cables de luz y teléfono colgados de caótica manera.

Nos habíamos prendado de una foto del parque que aparecía en la guía que nos había enviado Pol de Mundo Nómada y teníamos que encontrar el sitio para hacer otra parecida y hasta allí llegamos con nuestro taxi intentando dar con esa ubicación. Paseando por el precioso parque y por supuesto mirando a todos lados, divisamos por fin el lago desde el cual se podrían hacer las fotos. Ahí os dejamos algunas muestras.

Es el parque más antiguo de la ciudad y seguro que el más visitado. Bangkok es una ciudad frenética llena de coches, motos y por tanto polución. El parque proporciona un pulmón verde a la ciudad, aquí se dan cita todo tipo de transeúntes, hemos visto hacer jogging, pasear niños, ancianos haciendo gimnasia, parejas de enamorados en barca, si, si como en el Retiro de Madrid y turistas que buscan un momento de relax en un rincón verde. Si vais allí no os asustéis si os sale un lagarto o una tortuga a vuestro paso, son inofensivos y están protegidos.

Eran casi las 19:00 h. y como el taxista había estado con nosotros desde las 10:00 h.

Le pedimos que nos llevara de vuelta al hotel, le pagamos y subimos a cambiarnos para disfrutar durante 1 hora de la magnífica piscina del hotel.

Al acabar de remojarnos, vimos unos "Pad Tai" con una pinta buenísima en el restaurante del hotel, así que subimos a vestirnos y una vez acicalados fuimos a dar buena cuenta de ellos. Finalizada la cena fuimos de nuevo al embarcadero a coger un barco (gratuito) que nos llevaría a Asiatique The Riverfront o Riverside como queráis.

Es una zona de ocio moderna con centenares de tiendas y restaurantes. No se trata de un típico mercadillo tailandés pero tampoco un centro comercial "normal". La mayoría de los productos son de calidad o artesanales y el precio suele ir marcado. No es en absoluto bullicioso exceptuando la espera para coger el barco y los paseos se hacen agradables y entretenidos con tanto escaparate. Por cierto allí se encuentra el puente de los enamorados donde las parejas ponen sus candados.

Ya cansados, sobre la medianoche decidimos volver al hotel, al día siguiente había que madrugar porque nos tocaba excursión al día siguiente.

Podéis ver nuestro video del segundo día de Bangkok en nuestro VIDEOBLOG o

en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=foQ9bJQPTvw&feature=youtu.be


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